Pocos temas han captado tanto la atención de la ciudadanía en México últimamente como el asesinato múltiple de Atizapán, cerca de la capital, a principios de septiembre. La Fiscalía del Estado de México acusa a Diego Sebastián N del asesinato del músico Jonathan Honas Meléndez, del de su esposa embarazada, del de su hija pequeña, de tres años, y de la joven que cuidaba de esta última. La tesis de los investigadores es que el acusado fue a robar dinero a la casa de Meléndez. Pero ese supuesto robo acabó en una masacre terrible. De momento hay dos detenidos por el caso, Diego Sebastián y Gerardo N, que habría ayudado al primero en la preparación del ataque y los traslados. La jueza decide si los procesa este miércoles.

Diego Sebastián compareció ante una juez del Estado de México por primera vez el sábado, tras su detención días antes. Enfrenta acusaciones de homicidio doloso, feminicidio, aborto —por el bebé en gestación— y de maltrato animal, por la mascota familiar, que supuestamente también mató. Su abogado, Rodrigo Pastrana, del despacho Sabag Becker & Gerrit Cohen, con sede en la capital, asume que es “casi seguro” que la juez lo procese. Esto es, que permita a la Fiscalía continuar con la investigación, para llegar finalmente a un juicio. “Nosotros queremos dejar en claro que no estamos defendiendo un homicidio, sino a una persona acusada por homicidio”, señala.

El matiz no es superfluo. Desde que tomaron la defensa del acusado, la gran ola virtual de indignación por el caso les alcanzó también, como si Pastrana y su equipo fueran igual de culpables que su defendido. “He recibido amenazas, en mi contra y en contra de mi familia. Es un poco ilógico… La gente se siente indignada de que defendamos a una persona acusada de un multihomicidio, pero al mismo tiempo nos dicen ‘te voy a matar a ti y a tus hijos’… Deja al descubierto lo que somos, una sociedad hipócrita”, critica. Pastrana ha accedido a hablar con EL PAÍS horas antes de la vista del miércoles, en que se decidirá el futuro de los acusados.

El abogado reconoce que es “casi un hecho” que al término de la audiencia dejarán el caso. Llegaron a él porque un colega de profesión los puso en contacto con la familia del acusado. Pasados los días, parece que sus caminos están por separarse. Pastrana da algunos motivos de la previsible ruptura, ninguno relacionado con el miedo a las amenazas. “La continuidad de nuestra representación depende del entendimiento que tengan nuestros clientes del asunto, de lo poco o mucho que sigan nuestras recomendaciones…”. En esos aspectos ha habido problemas.

“Sebastián perdió la cabeza. Nos hemos entrevistado después de la audiencia del sábado y es una persona fuera de sí”, explica el penalista. “Está sufriendo diversas alucinaciones, con una idea errada de la realidad. Lamentablemente, cuando una persona está fuera de sí, por el motivo que sea… Este cuate ha sido golpeado, torturado, desde hace más de seis días, y posiblemente esos golpes también lo están dejando loco. Y realmente, cuando una persona está así, es muy difícil poder explicarle nada”, añade. “No está al 100% para entender y tomar decisiones. Y a partir de ahí, es como si quisieras defender a un mueble”, zanja.

Luego está el asunto de la estrategia legal. “No coincidimos en algunos principios, valores y entendimiento de las cosas con Sebastián y su familia. Hay cosas que nosotros, como garantes del proceso, estamos dispuestos a hacer, y hay otras que no”, explica Pastrana. “Hay ciertas líneas de defensa que Sebastián y su familia quieren que explotemos, que nosotros, por una cuestión de ética profesional, no estamos dispuestos a hacer. Porque no es lo correcto”, añade. “Porque nosotros estamos peleando con base en una verdad. Todos los elementos que manejamos en la primera audiencia son elementos bastante técnicos, de deficiencias reales de la Fiscalía, sin inventar nada, sin argumentar payasadas, o cosas inexistentes”, argumenta sin ahondar en qué vías son las que quiere explotar la familia.

Sobre lo que sí da detalles es de esas presuntas deficiencias de la Fiscalía. “Hicieron mal al momento de descubrir cuerpos, al momento de entrar [al departamento], contaminaron la escena, porque entraron personas que no tenían que haber entrado”, explica. “Y además, entraron sin orden de cateo, partiendo de una premisa, de que algo le había pasado a la familia”, explica. “Pero, ¿por qué nace este sentimiento de preocupación? Y ahí hay un elemento que a nosotros nos llama la atención”, explica.

Se trata de un testigo, un amigo de Jonathan Honas Meléndez, con el que este volvió la tarde de la matanza. Al parecer, los dos amigos habían ido a jugar al pádel. La tesis de la Fiscalía es que, cuando llegaron, Diego Sebastián ya hacía rato que estaba en el departamento familiar y ya había matado a todos los que estaban allí, con excepción del hijo mayor de la pareja, de seis años, escondido en algún lugar de la casa. Fue el único que se salvó. Según el relato del amigo, replicado por Pastrana, Meléndez y este llegaron al fraccionamiento donde estaba el departamento y Meléndez le dijo que se quedara abajo, que él iba a subir a ver qué pasaba. Algo debía intuir, cuya gravedad se ignora. Según Pastrana, él le dijo: “Si en media hora no doy respuesta o señales de vida, avisa a la policía porque estoy en riesgo”.

A Pastrana se le hace raro que el amigo no subiera con Honas a su casa. Si este último se sentía en peligro, ¿por qué no subió con él? Y un elemento más. El amigo llama a la madre de la víctima para preguntarle si estaba con él. Según Pastrana, eso no tiene sentido, pues la mamá no vivía allí. Este va a ser uno de los argumentos de la defensa este miércoles en la audiencia, con la intención de que la jueza vea ahí un motivo de tumbar el caso de la fiscalía, algo bastante improbable. “La línea que no se ha agotado es si el amigo estuvo o no en el lugar de los hechos y cuál fue la participación en toda esta película. No decimos que él sea el responsable de los hechos, no queremos aventar culpas, no tenemos elementos para hacerlo. Pero causa mucha suspicacia cómo se armó el caso a partir de sus declaraciones”, termina.