Vanesa Lorenzo, diseñadora, escritora y mujer de Carles Puyol, afronta la maternidad desde la firmeza, pero también desde la reflexión y la sensibilidad. Uno de los asuntos que más le preocupa es el papel de las pantallas en la vida de sus hijas, un tema que, como ella misma explica, tienen «muy encima de la mesa».

La modelo reconoce que su hija mayor, de 12 años, es de las pocas niñas de su clase que todavía no tiene móvil. Una decisión que no siempre es sencilla de mantener, especialmente cuando el entorno ejerce presión, pero que Lorenzo defiende porque considera importante proteger el desarrollo de sus hijas.

En sus palabras: «Intento explicarles que pueden perder el foco, perjudicarse en otras tareas e incluso perder capacidad creativa y que yo las tengo que proteger». La comparación con el alcohol, que también aparece en la conversación , resume su postura: si nadie daría una copa de vino a un niño, ¿por qué normalizar un dispositivo que también puede generar adicción?

Las niñas saben que, cuando necesiten comunicarse, tendrán un dumb phone, y que el salto al smartphone llegará más adelante, quizá a los 16, 17 o 18 años. La modelo admite que es duro ir contra la corriente, pero reivindica la importancia de sostener decisiones educativas coherentes.

Valores compartidos: la importancia de educar en equipo

La pareja formada por Vanesa Lorenzo y Carles Puyol comparte una base de valores que consideran esencial para criar a sus hijas. La diseñadora subraya que estar alineados en los pilares fundamentales es clave para evitar contradicciones y ofrecer un entorno estable.

En casa, las niñas participan en conversaciones donde se exponen diferencias de opinión entre los padres. «Me parece muy enriquecedor que entiendan que la diversidad de opinión no tiene que generar conflicto», explica. Cuando se trata de decisiones importantes, las toman juntos, pero siempre fomentando una mentalidad flexible y abierta al mundo.

Fama, exposición y redes: enseñar a convivir con la mirada ajena

La familia vive una realidad marcada por la notoriedad pública de ambos padres. Las niñas han aprendido que la atención que recibe Puyol en cualquier parte del mundo forma parte del trabajo, no de la persona. Esa normalización también se extiende a las redes sociales, un espacio donde Lorenzo intenta transmitirles una idea clara: no pueden controlar lo que hacen los demás, solo lo que hacen ellas.

La diseñadora reconoce que la exposición digital puede ser dura y que ella misma lo vivió así al inicio. Por eso insiste en comunicar con respeto y en enseñar a sus hijas a amortiguar los juicios externos.

Deporte femenino y referentes: inspiración para crecer

Aunque las niñas no son especialmente futboleras, sí han conectado con el deporte femenino. La familia viajó junta a Oslo para ver la final de la Champions, una experiencia que las pequeñas vivieron con entusiasmo. Lorenzo confiesa que a ella el deporte femenino le emociona especialmente: «Con las mujeres hay una conexión que me da un ‘yo también puedo'».

En cuanto a sus propios referentes, la diseñadora destaca a sus padres, quienes confiaron en ella desde muy joven y le enseñaron un amor incondicional que ahora intenta reproducir con sus hijas.

Una maternidad consciente, firme y abierta al diálogo

La visión de Vanesa Lorenzo sobre la crianza combina límites claros, respeto profundo y una apuesta por el criterio propio.

En un contexto donde la presión social y digital es constante, la diseñadora defiende una educación que proteja, acompañe y permita a las niñas crecer con autonomía y pensamiento crítico.