En los últimos días se han disparado las dudas sobre la viabilidad y los riesgos de seguir desarrollando la inteligencia artificial al ritmo que el sector lo está llevando a cabo. Estas dudas, expuestas por algunos de los propios desarrolladores ya se están reflejando en el parqué, donde los inversores también han mostrado sus reservas sobre el futuro a corto plazo de esta macrotendencia.

La inversión que las compañías están haciendo por liderar esta carrera no tiene antecedentes e incluso está teniendo repercusión en el mercado de deuda ya que para financiarla están acudiendo al mercado como nunca antes. De hecho, muchas de estas compañías han reducido, retrasado o modificado sus asignaciones de capital con el objetivo de ampliar el potencial inversor en este contexto tan competente.

Los grandes beneficiados, a corto plazo, son los que están recibiendo estas enormes inversiones en capex (gastos de capital), como los fabricantes de semiconductores, los centros de datos, compañías eléctricas, industriales e infraestructuras que están dando el soporte físico para que los hiperescaladores puedan desarrollar todo lo que rodea a la inteligencia artificial y sus usos finales. De hecho, por ejemplo, el 40% de los ingresos de Nvidia proceden directamente de estas compañías.

En su conjunto, en los últimos meses las previsiones de gastos de capital en las compañías americanas se han disparado y ya se espera que solo las big techs destinen más de un billón de dólares a estas inversiones durante 2026. De cara al año que viene la estimación crece casi un 50% hasta los 1,5 billones de dólares. En total, en dos años se prevé que el gasto de capital de las grandes tecnológicas ascienda a más de 2,56 billones de dólares. De hecho, algunos de estos grandes hiperescaladores, van a caer en flujo de caja negativo este año, según el consenso de analistas que recoge FactSet. «El mercado está penalizando la ralentización del flujo de caja libre de las grandes tecnológicas y premiando a sus proveedores, pero, más que esto, los inversores juzgarán si esta inversión se traduce en retornos de capital sostenibles a medio plazo», advierte Giorgio Semenzato, CEO de Finizens.

Pero todo este río de inversiones no desaparecen por el camino y van a desembocar a los que suministran los productos y servicios. Y, aunque también tienen que realizar sus propias inversiones para no quedarse atrás, se están llenado los bolsillos con esta coyuntura. Y así, también sus accionistas, que están viendo cómo estas compañías les están remunerando por su confianza tanto con dividendos como, sobre todo, con recompras de acciones, algo más habitual culturalmente en Wall Street.

De hecho, las recompras de acciones de las empresas del S&P 500 están en máximos históricos. Tras un retroceso entre 2022 y 2023, el año pasado esta cifra ya alcanzó nuevos máximos históricos por encima de los 913.000 millones de dólares, según los datos agregados de FactSet. De cara a este año el consenso espera que marque un nuevo récord al elevarse en más de un 7% la cuantía total dedicada a recomprar acciones, hasta situarse ya cerca del billón de dólares. «Las recompras siguen siendo un pilar fundamental y su recurrencia actúa como un comprador disciplinado que amortigua la volatilidad y respalda las valoraciones de las grandes corporaciones», agrega Semanzato.

Según explican desde Neuberger, precisamente estas recompras se están reduciendo entre las compañías que más invierten en capex para IA mientras están aumentando entre las que reciben esas inversiones, además de aquellas del sector financiero. «Dentro del sector de la IA, se observa una divergencia notable en el comportamiento de las empresas que invierten en capital y las que reciben esas inversiones. Las primeras redujeron sus recompras un 32% hasta los 85.000 millones mientras que las segundas las elevaron un 12% hasta los 100.000 millones», exponen.

Y es que si se cruzan las compañías que más gastan en capex (Amazon, Microsoft y Alphabet, entre otras) con las que más dedican a recomprar acciones (Apple, Nvidia, JP Morgan…) tansolo hay una que coincide entre las mayores, que es Exxon Mobil. El caso de Amazon es paradigmático, siendo el que más invierte en capital y el único de los grandes que no hace buybacks.

«La consecuencia de esto es que se reduce el soporte mecánico para el beneficio por acción a nivel de índice pero favorece una menor concentración por capitalización, ya que este apoyo desciende hasta compañías más pequeñas», arguyen desde Neuberger. «Para nosotros, lo importante no es cuánto se recompra sino qué dice esa decisión sobre el retorno del capital ya que una recompra es una declaración de que no hay mejor destino para ese dinero», aporta Jaime Muñoz, Portfolio Manager de Miralta AM. «El matiz que creemos que no está en precio es que no es independiente una de otra ya que el dinero que el hiperescalador deja de dedicar a sus recompras lo gasta en infraestructura y ese gasto es el ingreso del proveedor que financia las suyas», agrega. «Esto no sirve para elegir entre unas y otras pero sí dice dónde está el riesgo ya que quien recompra lo hace en el pico de un ciclo que paga un tercero. No es lo mismo invertir con caja propia que devolver caja ajena», concluye.

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