“Los primeros peldaños son siempre los más difíciles”. El arquitecto Gonzalo Pardo cita las Instrucciones para subir una escalera, de Julio Cortázar, para explicar su intervención en esta vivienda madrileña. Tiene dos razones. La escalera era lo más molesto del piso oscuro que se encontró. Hoy es la protagonista de su reforma: la que amplía visualmente la planta baja del dúplex, al no estar cerrada, la que actúa como pozo de luz —al tener doble altura—, la que convierte en almacén y banco su base y la que sirve para acceder a la estantería que recorre la pared.
Los primeros peldaños del proyecto tienen que ver con la convivencia. La casa reformada está pegada al piso donde vive este arquitecto. Por eso cuando un nuevo inquilino, el gestor de inversiones Philippe Muñoz, montó una fiesta de inauguración, Gonzalo Pardo terminó llamando a su puerta de madrugada. Al día siguiente se encontró una nota y una botella de champán en su felpudo. Llamó de nuevo al vecino y le propuso que se la tomaran juntos. Se hicieron amigos. Muñoz entró en casa de Pardo, comprobó la capacidad para multiplicar el espacio que posee la mejor arquitectura y… la quiso.
Philippe Muñoz, propietario de la casa.Federico Reparaz
El dueño de la vivienda propuso reinventar el espacio a su imagen: “Soy una persona social e introspectiva a la vez”, apunta. El arquitecto pensó en reconectar las estancias, sobre todo con la terraza, en aumentar el espacio para libros, en deshacer la compartimentación excesiva y en hacer algo con la rigidez monolítica y la presencia excesiva de la escalera existente. La escalera.
Ventanal del dormitorio. Butaca Chisel de Hay y Componibili metálico de Kartell. Federico Reparaz
La original era una barrera para la luz. Pardo la desplazó al lado opuesto abriendo un hueco en el forjado superior del dúplex. En los pilares metálicos de la estructura original insertó peldaños volados. Hoy, con doble altura, la nueva escalera parece flotar. Lejos de ser una barrera física, proporciona luz, acceso a la estantería y cede su pared a los libros que Philippe Muñoz no sabía dónde encajar. Así, convertida en mueble, tragaluz, banco, almacén y repisa, en su parte baja, es la pieza central de la casa. Protagoniza la reforma no imponiendo su presencia, disolviéndose en el espacio.
Por eso el nuevo piso ahora representa a su propietario. Tiene estancias para el encuentro, en la planta baja, donde la terraza amplía las zonas comunes y hay un pequeño aseo, y lugar de intromisión, en la planta superior, donde dos dormitorios y un baño reciben luz natural y ventilación cruzada.
El arquitecto Gonzalo Pardo, autor del proyecto y director del estudio gon architects.Federico Reparaz
El pavimento es cerámico tomette reinterpretado en versión de gran formato. Conserva el calor en invierno y refresca en verano. Y evoca la terracota habitual en las casas del sur de Francia, el país de Muñoz. La zona de circulación —escalera y terraza— lo emplea en color rojizo. En los baños o la cocina, un tono azulado diferencia el uso. El suelo marca una separación en un hogar en el que todo está conectado. Todo eso puede hacer una escalera: iluminar y conectar u oscurecer y desconectar una vivienda.
La terraza comparte pavimento con el piso para reforzar la unión. La mesa y las sillas las diseñaron Ronan y Erwan Bouroullec para la marca danesa Hay. Federico Reparaz
En la ducha, un banco de obra forma una cuña. Federico Reparaz
Los lucernarios sobre la doble altura de la escalera la convierten en un pozo de luz. Las lámparas verdiblancas son el modelo Dipping, de Jordi Canudas, para Marset. Federico Reparaz
La cama está envuelta en paramentos de roble para reforzar la sensación de refugio. Federico Reparaz