¿Se pueden expresar las tormentas de las emociones con fotografías? Ese es el motivo central de la obra del estadounidense Minor White (Minneapolis, 1908-Boston, 1976). La fotografía para dar rienda suelta a lo que bullía en su alma, en especial la tensión y frustración que le generaba su homosexualidad en una época en la que salir del armario le habría acarreado, por ejemplo, “consecuencias en su trabajo como profesor”, explica Carlos Gollonet, comisario de la retrospectiva que la Fundación Mapfre en Madrid dedica a esta figura, aún hoy poco conocida y reconocida, de la fotografía de la segunda mitad del siglo XX en Estados Unidos.
El amargor de las rupturas amorosas o el de no poder manifestar con libertad su orientación sexual están implícitos en sus fotografías de paisajes vistos desde arriba, con orillas del mar en encuadres sorprendentes, en la rugosidad de las rocas o en formas de la naturaleza o de objetos en las que no hay que cavilar mucho para ver penes. Los hombres retratados, en sus gestos y miradas, abstraídos, son un trasunto del fotógrafo. En total son unas 250 copias de época, en orden cronológico, desde 1938 a 1973, que podrán verse desde el jueves, 24 de septiembre, al 10 de enero de 2027 en la cita que abre la temporada en este espacio. “Es la primera gran exposición sobre Minor White en Europa”, subraya Gollonet en un recorrido por la muestra, y en el año en que se cumple medio siglo de su fallecimiento.
‘Calle North Union, 72, Rochester’, marzo de 1960.Princeton University Art Museum, legado de Minor White / Allen Chen
Con un abuelo fotógrafo aficionado, que le inició en los rudimentos de este arte, sin embargo, White estudió Botánica y luego hizo el grado de Artes, con especial atención por la fotografía. Se marchó pronto de casa de sus padres, cuando estos descubrieron su homosexualidad leyendo el diario de su único hijo. Es el momento en que, “como deja escrito, se da cuenta de que tiene que vivir toda su vida con esa carga”, apunta Gollonet. Una existencia que le forjará un carácter un tanto huraño, solitario y que, en el caso de la fotografía, le lleva a discutir con vehemencia con quien no entienda su poética manera de crear, que plasmó en una frase: “Hay que fotografiar las cosas no por lo que son, porque eso puede ser solo transitorio, sino por aquello otro que son, porque eso es eterno”.
Asentado en Portland, obtiene un encargo de la Administración para fotografiar edificios decimonónicos que iban a ser demolidos en una reforma de la ciudad. White opta por tomas nocturnas, por las sombras que proyectan las esquinas de los inmuebles, por los cruces y puentes… También fotografía granjas y paisajes de Oregón que forman parte de su primera exposición individual, en 1942. White amplía el foco con bodegones, ventanas rotas y troncos retorcidos, que reflejan su estado interior.
‘Parque nacional de Grand Teton, Wyoming’, 13 de septiembre de 1959.Princeton University Art Museum, legado de Minor White / Allen Chen
En 1946 se trasladó a San Francisco, época de sus primeros desnudos masculinos, donde obtiene un trabajo como profesor en la California School of Fine Arts. Es el momento en que empieza a poner en práctica un formato que se convertirá en habitual en su trayectoria: las series de fotografías o, como él las llamaba, “cine de imágenes fijas”. Antes había probado en la poesía sin mostrar mucho talento, pero en sus series fotográficas aplicó el concepto de un libro de poemas, que tiene textos individuales que configuran un todo, que cuentan una historia.
Influenciado por el formalismo de autores como Alfred Stieglitz y Edward Weston, trasciende esa corriente estética que prioriza la composición “para llevar su fotografía a la metáfora, al símbolo”, apunta Gollonet. White opta por imágenes que, en una persona atormentada como él, “le acaban sanando, tienen un poder curativo para él”.
‘Tom Murphy, San Francisco’, 7 de septiembre de 1948.Princeton University Art Museum, legado de Minor White / Allen Chen
Gollonet, conservador jefe de fotografía de Fundación Mapfre, destaca, en el paseo por esta exposición, que se titula sucintamente Minor White, una de las series, Las tentaciones de San Antonio son los espejos (1948). Son 32 fotografías de gran potencia, de desnudos completos o detalles, de un alumno suyo, modelo, con elementos de la simbología cristiana. “Si hubiese publicado esto cuando lo realizó, habría sido un gran escándalo”, apunta el comisario, quien añade que es la segunda vez que puede verse este trabajo. La anterior fue en Los Ángeles y White ya había fallecido.
Esta exposición, que estuvo en el KBr de Barcelona este verano, se nutre, sobre todo, del archivo de la Universidad de Princeton (Nueva Jersey), donde está el legado del fotógrafo, compuesto principalmente por 20.000 fotografías y 19.000 negativos. Además de las imágenes que pueden verse en la Mapfre, acompañadas de un estupendo catálogo, hay vitrinas con una selección de hojas de contacto y libros y revistas con fotografías del autor.
‘Parque estatal de Point Lobos, California’, de ‘Cuarta Secuencia’, marzo de 1950.Princeton University Art Museum, legado de Minor White / Allen Chen
Volviendo a las series (hay 11 en la exposición), vemos una singular, titulada Presagios de desastre, que denota la calidad de White como fotógrafo de calle, aunque apenas tocara ese género. Es una secuencia de 19 fotos unidas, una tras otra, de personas en las calles de San Francisco, con diversos recortes y formatos, que ofrecen una visión dura de la gran ciudad y de la soledad de sus habitantes. Lo que se expone es la selección que él mismo hizo de los miles de fotos que había tomado.
En otra serie se ve su gran sensibilidad y su búsqueda continua de formas abstractas en la naturaleza con las que expresarse. Es lo que hizo con el conjunto de imágenes de escarcha en las ventanas de su apartamento en Rochester (Estado de Nueva York). Una estética que lograba gracias a su maestría en el revelado, con una gran riqueza de tonos. Enfrente está Secuencia 16 / Afilada punta del infinito. Son ocho fotos, en el parque natural de Stony Brook, que simbolizan su tormentosa relación amorosa con un alumno que acabó en crisis. Hay hielo, agua y densos tonos negros.
‘Cala de Matchstick (condado de San Mateo, California)’, de la secuencia ‘Canción sin palabras’, 12 de octubre de 1947.Princeton University Art Museum, legado de Minor White / Allen Chen
En paralelo a su obra, White, para ganarse la vida, se dedicó a la docencia, a la actividad editorial y la curatorial, esta en sus últimos años de vida. Él decía que la fotografía no dominaba su vida: “Simplemente hay que hacerlo con otro montón de cosas”. Es significativo que un comisario como él apenas montara exposiciones con sus fotos, quizás porque no despertaban el interés que hoy tienen. Su gran exhibición fue en el Philadelphia Museum of Art, basada en el único libro de fotos que publicó en vida, Mirrors Messages Manifestations, de 1969.
White fue asimismo uno de los fundadores en 1952 de la célebre revista Aperture, el vademécum de la fotografía internacional tras la II Guerra Mundial, que acogía diversas corrientes y que dirigió durante casi dos décadas. También fue profesor de fotografía en algunos de los centros de enseñanza más relevantes de EE UU. Junto a la mencionada California School of Fine Arts, trabajó en el Rochester Institute of Technology y en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). “Aparte, pasaba mucho tiempo impartiendo talleres por todo Estados Unidos, algo en lo que fue pionero”, añade Gollonet de un autor para quien, como puede comprobarse a lo largo de su obra, “todas las fotografías son autorretratos”.
‘Mercado de abastos, San Francisco’, 26 de agosto de 1949.Princeton University Art Museum, legado de Minor White / Allen Chen