El plan de convertirse en locomotora de España y de Europa no termina de encontrar la vía de salida en el Gobierno de Cataluña. Los planes del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, pasaban por situar a la industria de la región como … punta de lanza de la economía y quitarle protagonismo al sector servicios, menos lucido y efectista para los vendajes de liderazgo que necesita un PSC en horas bajas. Incluso se anunció una inversión de 4.500 millones de euros hasta 2030 para allanar el camino. Y dos huevos duros.

Pacto Nacional por la Industria (PNI) se llamó el invento, una iniciativa diseñada con el simpar Josep Sánchez Llibre, presidente de Fomento del Trabajo, tan dado a los consejos lúdico-festivos de sus amistades brasileñas, y acordada con los agentes sociales, que soñar es gratis.

Pero esta vez la piedra en el camino no son ni Junts ni ERC, siempre dispuestos a coger la mandanga que venga de España. El problema es el final de legislatura. El tiempo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se acaba y la técnica parasitaria puede tocar a su fin.


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    Tomar «la decisión estratégica correcta»

    Jaime Santirso

Como obras son amores y no buenas razones, Illa necesita con urgencia un gran titular que echarse a la boca para decirle a los suyos que el apoyo a Moncloa no ha salido gratis para Madrid. La marcha a Barcelona de grandes compañías conquistadas por hombres del PSC -Partido de los Socialistas de Cataluña-, todas ellas ahora con sede en Madrid, es el sueño húmedo del catalanismo extractor.

En esa constelación corporativa que gira alrededor de la Plaza de Sant Jaume hay dos astros que se miran con especial atención: Indra y Telefónica, comandadas hoy por Ángel Simón y Marc Murtra, respectivamente. No en vano, los objetivos fijados y declarados por Illa pasan por la defensa, la inteligencia artificial, los semiconductores, el automóvil y la construcción. Y una y otra compañía serían un trofeo de caza mayor para presentarlo en el salón de trofeos de los pactos de legislatura.

En Indra, al parecer dicen por ahí, ya circulan documentos de trabajo sobre los escenarios de un eventual traslado de sede, lo que en román paladino significa que se ha puesto a trabajar a varias consultoras para que aporten un decálogo de las innumerables ventajas competitivas y parabienes para los accionistas que supondría hacer las maletas, si bien fuentes oficiales lo han desmentido estos días.

En la operadora, las uvas están más verdes, pero la acelerada venta de la histórica sede de Gran Vía se está interpretando -también por ahí- como un gran paso para ‘levar anclas’ y romper vínculos con la tierra que ha acogido los ‘headquarters’ durante más de un siglo.

La salida de ambas empresas, junto a la de algún que otro nombre de los que huyeron en 2017 por el referéndum ilegal, confirmarían un menú digno de Ramón Freixa.

La hoja de ruta no termina ahí, que es sabido que ‘per diners balla el gos’ (o en castellano, «por dinero baila el perro»). El ministro de Industria, Jordi Hereu, otro peón de Illa de esos de los que no se conoce ni una mala palabra ni una buena acción, se esfuerza en mantener los intereses de China en ese entramado industrial catalán, con especial atención en las empresas estratégicas de alcance europeo.

La aplicación de la Ley de Aceleración Industrial, lanzada por la Comisión Europea para reindustrializar la UE mediante restricciones a terceros países competidores, es el objetivo para colar por la puerta de atrás al gigante asiático y mantener los vínculos comerciales e industriales en los que han participado activamente Sánchez, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero e Illa. La postura en Europa es clara al respecto: primar la preferencia europea y prescindir de los socios no confiables, entre los que ocupa un lugar protagonista China.

Mientras, Hereu no escatima esfuerzos estos días para consolidar una tercera vía que dé oxígeno a grandes corporaciones vinculadas al Gobierno asiático, como Huawei, con innumerables lazos con el negocio de Telefónica, por ejemplo. Su argumento es que hay que mantener las relaciones contractuales con aquellos países con materias primas o componentes críticos escasos en la UE, como las tierras raras o los paneles de energía fotovoltaica. Por ahí podría meter China un pie en la puerta europea y saltarse las limitaciones que con tanta dedicación parece haber diseñado la presidenta europea, Ursula Von der Leyen, para que Europa sea algo más competitiva en la era de los aranceles y los negocios con finalidad estrictamente geopolítica.

Illa necesita cantar el alirón, porque no se puede agarrar al clavo ardiendo del desahucio de Maricarmen en Madrid –Cataluña multiplica varias veces el número de alzamientos– y prepara la zambomba para gritar a los cuatro vientos que los hijos pródigos vuelven a casa por Navidad y que Cataluña es un país de acogida, que genera prosperidad y la comparte. Todo ello, faltaría más, bien abrazado a un regresado y homenajeado Carles Puigdemont. Por soñar que no quede.