Estrenos online: crítica de ‘Aniversario’ (‘Anniversary’), de Jan Komasa (Prime Video)

En este thriller dramático, una familia muy unida se ve envuelta en el conflicto de un polémico movimiento en ascenso conocido como «El Cambio». Con Diane Lane, Kyle Chandler y Dylan O’Brien. En Prime Video.

Una película con posibilidades de ser desafiante en un panorama cinematográfico que, por motivos ligados a la temática del film, ha dejado de profundizar en temas políticos, Aniversario puede ser vista como una advertencia respecto a un futuro totalitario que, en estas épocas, suena más realista que en otras. La película estadounidense del realizador polaco Jan Komasa cuenta con varios elementos provocadores que permiten conectar lo que aquí se narra con la realidad que se palpa en muchas ciudades y países, pero su falta de definiciones y de una evolución dramática consistente hacen que el impacto sea más difuso del que podría haber sido. En un punto es como si la propia película no se animara del todo a ofender a los poderes de turno y a perder espectadores como consecuencia de eso.

Aniversario podría convivir con el universo de El cuento de la criada ya que narra algo parecido a lo que sucede en aquella novela vuelta serie. En ambos casos se cuenta el paso de la democracia en Estados Unidos a un gobierno totalitario. La diferencia es que en la novela de Margaret Atwood ese cambio político era claramente de tinte conservador, de extrema derecha y eso quedaba claro desde el primer minuto. En Anniversary eso se vuelve difuso ya que el cambio ideológico hacia una dictadura se maneja en términos más genéricos. A partir de su acceso al poder, lo que se instala es un regimen de partido único en el que se controlan las libertades individuales en pos de un control totalitario. Y no se explica mucho más. Podría ser un derivado del fascismo o del comunismo o de lo que el espectador interprete. Komasa no da demasiadas claves.

Y eso, que podría haber sido interesante de analizar en épocas de la Guerra Fría (Komasa es polaco y ha nacido bajo otro tipo de regimen), hoy parece de una sorprendente timidez, ya que solo la extrema derecha cuenta con los poderes fácticos y la capacidad de transformar a los Estados Unidos en algo así. No hay otro espacio político que pueda disputarle el dudoso mérito de poner a ese país en una situación como la que aquí se narra. Y la timidez de la película es un problema central que irradia hacia todo lo demás. No la anula por completo —hay temas en ella que funcionan de igual modo—, pero le hace perder fuerza y relevancia.

En lo específico, Anniversary narra la conversión de los Estados Unidos en una dictadura desde el seno de una familia que se reúne para festejar, a lo largo de cinco cambiantes años, el aniversario de los padres. Ellos son la profesora universitaria Ellen Taylor (Diane Lane) y su marido, Paul (Kyle Chandler), dueño de un restaurante. Tienen dinero, son aparentemente progresistas y la vida les sonríe cuando los conocemos en su festejo de 25 años de casados. Su hija mayor Anna (Madeline Brewer) es una comediante de stand up, la menor, Birdie (McKenna Grace) va aún a la escuela secundaria, y los del medio, Cynthia (Zoey Deutch) y Josh (Dylan O’Brien), han traído al evento a sus respectivas parejas: Rob (Daryl McCormack) y Liz (Phoebe Dynevor).

La que introducirá a la familia en el futuro conflicto que la irá devastando es Liz, una ex alumna de Ellen con la que tuvo una mala relación ya que la chica envió un trabajo teórico en el que abogaba por algo llamado «El Cambio», una teoría política fascistoide que la marginó de los círculos intelectuales. La reaparición de la chica en su vida shockea a Ellen, pero la cosa se complica más cuando, una vez publicado el libro «The Change» —edición que es financiada por una corporación, quizás el signo ideológico más claro de toda la película—, Ellen se convierte en una líder política con ambiciones totalitarias y los demás ven con horror como buena parte del país se suma a su prédica, incluyendo a su hijo Josh.

El film del director de Corpus Christi irá reuniendo a esa familia casi todos los años en la casa de los progenitores y de a poco iremos viendo cómo su cómoda situación y su amable relación se va fracturando de a poco hasta volverse irreconocible. Persecuciones, fugas, peleas, conversiones políticas, amenazas y violencia de todo tipo (verbal primero, física después) aparecen en esta clara metáfora nacional (o universal) acerca de cómo este tipo de ideas totalitarias «infectan» cualquier tipo de convivencia, una grieta de proporciones épicas que transforma a una familia en un campo de batalla con consecuencias inimaginables.

La película no es nada sutil a la hora de presentar a la familia como una suma de tipologías que conviven en armonía pero que se quiebran ante la llegada de esta amenaza externa. El guión escrito por Lori Rosene-Gambino no imagina cómo afecta un gobierno totalitario a una familia común sino a una que incluye a la líder del movimiento «revolucionario», a una de sus principales enemigas ideológicas (que conviven de una forma más que forzada) y a otros que con el tiempo podrían llegar a convertirse hasta en enemigos públicos. Más que grietas, lo que aquí se produce es un terremoto y al enfrentar a las partes de manera tan contundente la película pierde la posibilidad de crear una discusión más realista y orgánica.

Aniversario, pese a sus defectos, hace bien en meterse en temas sensibles y potencialmente irritantes que merecen ser debatidos. En una industria como la hollywoodense que raramente mete la nariz en estos asuntos, el de Komasa es un film valioso y uno que no es tan conocido como podría haberlo sido. Uno puede entender las fallas dramáticas, narrativas y la endeble construcción de personajes que llevaron a que el film pase desapercibido, pero también resultan creíbles las acusaciones de que la película fue «escondida» por el estudio Lionsgate debido a presiones políticas. Sea como fuese, aún sin ser una gran película, Anniversary debería ser vista y analizada como reflejo de los tiempos que corren. Y para entender la necesidad y, a la vez, la dificultad que tiene el cine contemporáneo para lidiar con la realidad.