Traga saliva Carlos Alcaraz, glups, y coge aire: menudo jueves. Complicado, no cabe duda. A la adaptación —cuatro días antes peloteaba en el O2 de Londres, con siete horas de diferencia— se añade la réplica feroz del pegador Alex Michelsen, quien durante un buen rato lo pone entre la espada y la pared, aunque al final acaba deshinchándose: 7-6(1), 4-6 y 6-1 (en 2h 31m). Es una tarde entre vaivenes, estresante y hostigante, sin respiro alguno para él, quien a pesar de haber regresado al circuito hace ya un mes, en Nueva York, se encuentra todavía en pleno proceso lógico de búsqueda del Alcaraz que competía a velocidad de crucero. Los automatismos, la mente. El jugar sin pensar. Volverán, claro que sí, pero en el estreno en Tokio, mareante, todo va y viene.

Por fortuna para él, cuenta con una herramienta de serie única e inigualable. Inagotable: su talento. Mientras ya han caído varios favoritos con los que podían toparse en uno u otro punto del camino, los Taylor Fritz, Casper Ruud o Tomy Paul, él aprecia el pase y el haber logrado sostenerse entre las oscilaciones. Todo curvas, hasta 11 roturas. Un episodio sin orden ni demasiada explicación, o acaso esa, el tiempo que ha permanecido el español sin competir —cuatro meses y medio, de abril a septiembre— y la necesidad de dar con ese puntillo que no es fácil de encontrar de buenas a primeras. En cualquier caso, victorias de este tipo le conceden crédito, le aportan más rodaje y, a la vez, le otorgan una nueva oportunidad para seguir probándose.

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Se las verá el sábado con el italiano Matteo Arnaldi, 37º del mundo y superior a Rei Sakamoto. “El no haber podido hacer mi juego, jugar a mi estilo, ha sido bastante difícil, pero estoy muy contento de haberlo aceptado y de haber entendido qué tenía que hacer para ganar”, señalaba a pie de pista, consciente de que de haber tenido más filo, el adversario podía haberlo situado en una situación mucho más comprometida.

Constante zozobra para él, que en ningún momento llegó a estar cómodo y compitió a tirones, discontinuo, sin la linealidad ni la finura necesarias para despegarse de la arrolladora presión que ejerce Michelsen. A este (22 años y 34º) le sobran pegada y determinación, pero le falta temple. Paciencia. Demasiado pegar y pegar y pegar. Pero no todo va a ser romper la pelota. De haber sabido reducir una marcha en los momentos oportunos, el estadounidense seguramente planteado un escenario todavía mucho más inclinado; sin embargo, su naturaleza —la de su escuela, en realidad— le invita exclusivamente a buscar el punto por la vía más rápida. En sentido único. Alcaraz supo contenerlo, pero después se enmarañó en un duelo decidido a volantazos.

“Así no se puede jugar…”, se reprochaba el murciano, quien dice buscar ritmo y se encontró con todo lo contrario, un guion desagradable: pedrada tras pedrada. A Michelsen no le interesa enzarzarse en peloteos y la consecuencia fue un sube y baja prácticamente constante. A excepción de la tercera manga, cuando al estadounidense se le agotó el depósito, el murciano se vio forzado a ir apagando constantemente fuegos. Tuvo que levantar un 4-2 adverso en el primer set, que bien pudo haberse anotado después el norteamericano, pero desaprovechó tres bolas; posteriormente, Michelsen tuvo el 3-0 en un pelotazo que se le fue al pasillo, y a continuación Alcaraz se enmendó para volver a enfangarse cuando lo tenía aparentemente de cara.

No obstante, a falta todavía de esa regularidad que ansía, al de El Palmar le sobran conejos en la chistera y aun en situaciones tan enrevesadas como las de este jueves, es capaz de inventarse trucos —ojo a esa dejada de volea, cortándola— y salir airoso de la encerrona. No es poco.

Todo el mundo aguardaba a su estreno, pero antes, Munar firmó la gran campanada del día al imponerse a Fritz: 6-7(7), 6-4, 6-3, en 2h 57m. El estadounidense, de 28 años y duodécimo del mundo, partía como uno de los favoritos al título, pero se encontró con un rival que sabe buscarles las cosquillas a los más fuertes. De hecho, se trata de su tercera victoria del año frente a un top-20, tras las logradas previamente ante Francisco Cerúndolo (Adelaida) y Karen Khachanov (Róterdam). El mallorquín (29 años) comenzó el curso en su mejor momento, después de haber firmado su mejor temporada en 2025, pero una serie de percances físicas —brazo y muela del juicio— le cortaron el ritmo y cayó del puesto 33 al 66. Poco a poco recupera el vuelo.

Munar se impuso en un duelo en el que las fuerzas se invirtieron. El norteamericano, finalista hace un año, ya se vio obligado a salvar seis bolas de set al inicio y poco a poco fue perdiendo fuelle. Compitió el pasado fin de semana en la Laver Cup, en la que protagonizó un intenso pulso con Alcaraz, y este jueves terminó acusando algunas molestias. Ruud, Nakashima y Fery, también presentes en la cita Londres, fueron igualmente eliminados. “Él venía de Europa y no es fácil asimilar el cambio”, precisó el español, que venía de superar la fase previa; “yo he intentado centrarme en lo mío y en estar concentrado en mi juego. Creo que lo he hecho y estoy muy contento”, agregó. En la próxima estación del torneo se medirá con el colombiano Jaime Faria (61º).

Por otra parte, Paula Badosa progresó en Pekín. La española, de 28 años y 59ª del mundo, remontó a Daria Kasatkina en un partido muy duro (4-6, 7-6(7) y 6-4, en 2h 38m) y se enfrentará este viernes a Jelena Ostapenko (32ª). “No he jugado mi mejor tenis”, admitió. Llegó a estar a dos puntos de la derrota, 2-5 abajo en el desempate del segundo parcial y 2-4 en la tercera. “Pero he peleado todo el rato y he conseguido sacarlo adelante”. La catalana cometió nueve dobles faltas y perdió ocho veces el servicio, la misma cifra que su rival, pero finalmente se impuso —ya había derrotado a la australiana en Nueva York— y continúa. Cabe recordar que hace un año abandonó la pista entre lágrimas, al tener que retirarse en la segunda por unos problemas musculares.

EL ADIÓS DE KEI NISHIKORI

Kei Nishikori, el tenista asiático de mayor relevancia en los últimos tiempos, disputó su último partido como profesional al caer ante Frances Tiafoe por un doble 6-4. Machacado por las lesiones, pone fin a su carrera con 36 años y 12 trofeos en el expediente; entre ellos, el Godó de 2014.

Nishikori deja la huella de un competidor talentoso, capaz de inquietar a jugadores de la envergadura de Djokovic, Nadal o Federer: batió dos veces al serbio, otras dos al español y una al suizo. Ascendió hasta el cuarto peldaño del ranking (2015) y jugó la final del US Open 2014, contra el croata Marin Cilic.

Con una técnica depurada y una movilidad sobresaliente, Nishikori sufrió el castigo de las lesiones. Operado del codo (dos veces) y la cadera, entre 2021 y 2023 permaneció veinte meses alejado del circuito. A sus méritos se añade el bronce logrado en los Juegos Olímpicos de 2016, además de cuatro finales de Masters 1000: Montecarlo, Canadá, Miami y Madrid.

En términos de impacto mediático, el nipón llegó a ser al deportista con mayor tirón de su país (2014). Sus ingresos por patrocinios fueron muy elevados, al asociarse con distintas marcas de primer nivel. Por sus méritos en la pista percibió 26 millones de dólares (23 de euros).