Un atlas completo de los principales 18 virus respiratorios que circulan entre la población, elaborado por primera vez en España por investigadores de la Generalitat de Cataluña, revela que el coronavirus que causó la pandemia —el SARS-CoV-2— “no es actualmente un virus invernal, como se esperaba”, sino que “ha tenido en los últimos años los picos de incidencia más importantes en primavera y verano.
Este comportamiento ha provocado un evidente desajuste en el calendario vacunal. “Estamos inmunizando a la población de riesgo [personas mayores, enfermos crónicos…] en otoño, cuando las olas epidémicas del virus ya han pasado, y no antes, como sería deseable. Este trabajo pone sobre la mesa la posibilidad de que sea necesario ajustar la planificación de las campañas vacunales y las recomendaciones”, advierte Jacobo Mendioroz, subdirector general de Vigilancia y Salud Pública de la Generalitat.
Los resultados de la investigación, basada en datos del sistema sanitario catalán entre 2022 y 2025, se han repetido este año en el mundo real. En las últimas semanas, la incidencia del coronavirus se ha vuelto a disparar a finales del verano, cuando las comunidades todavía no han iniciado la campaña de vacunación frente a este patógeno, que se administra junto a la gripe. El último informe del Sistema de Vigilancia de Infección Respiratoria Aguda (SiVIRA), publicado ayer jueves, muestra que debido a ello España ya ha entrado en fase epidémica de infecciones respiratorias.
Para Gregorio Montes Salas, secretario general de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria (SEMPSPGS), el estudio confirma que “el coronavirus no ha seguido el patrón de invierno previsto, al menos hasta ahora”. Esto, coincide, pone sobre la mesa la opción de “plantearse la posibilidad de desestacionalizar la vacunación frente al SARS-CoV-2″.
Mendioroz y Montes Salas están de acuerdo en que antes de tomar decisiones “será necesario esperar a nuevas investigaciones”, dada la complejidad logística de alterar las campañas y el riesgo de perjudicar a las coberturas alcanzadas (un 65% en la gripe entre los mayores de 65 años y un 50% en el coronavirus).
La idea de fondo es que, aunque sea a destiempo, es preferible que la población de riesgo se inmunice aprovechando el impulso de las campañas autonómicas de otoño que dispersar las dosis por el calendario y perder adherencia. “Las campañas facilitan vacunar masivamente. Cambiar las fechas exige un esfuerzo logístico que debe estudiarse muy bien, pero es algo que quizá deba explorarse”, afirma Montes Salas. “Toda la organización, los mensajes e incluso la percepción de la población cambiarían. El riesgo sería que bajaran las coberturas: a ver quién se va a vacunar justo al inicio del verano de un virus que siempre se ha asociado al frío”, añade Mendioroz.
El trabajo ha sido publicado en el último número de Eurosurveillance —la revista científica de la agencia de salud pública europea (ECDC)— y su objetivo principal era obtener una imagen detallada de la circulación de los virus respiratorios. “Siempre se ha vigilado la gripe y, recientemente, la covid y el virus respiratorio sincitial (VRS). Pero, ¿qué ocurre con los demás? La respuesta aporta información clave: ayuda a planificar las medidas de prevención, preparar centros de salud u hospitales ante picos de demanda asistencial e incluso anticiparnos a lo que pueda ocurrir”, afirma Mendioroz.
Una de las razones que lo hace posible es que “los virus respiratorios siguen mayormente un patrón predecible, apareciendo uno tras otro en un orden constante cada año”, sostienen las conclusiones del estudio. “Sabemos, por ejemplo, que la ola de la gripe viene precedida, sucesivamente, de una de rinovirus y otra de parainfluenza”, ilustra el subdirector general de Vigilancia de la Generalitat.
Los investigadores han analizado más de 33.000 muestras obtenidas entre octubre de 2022 y septiembre de 2025 por el Sistema de Información para la Vigilancia de Infecciones en Cataluña (SIVIC), la red centinela que monitoriza en tiempo real los virus respiratorios. Los datos proceden de “33 centros que cubren al 9% de la población catalana de forma representativa en términos de sexo, edad, zona de residencia y nivel socioeconómico”. Esto ha permitido establecer, “por primera vez en un entorno mediterráneo de clima templado el inicio, pico y fin promedio de las ondas de 18 virus respiratorios”. El panel rastrea los siguientes virus y subtipos: tres de la gripe A y uno de la B, dos del VRS, el SARS-CoV-2, dos coronavirus estacionales (NL63 y OC43), cuatro tipos de parainfluenza, y uno de cada uno de los siguientes grupos: rinovirus, enterovirus, adenovirus, metapneumovirus y bocavirus.
La gripe A es el que muestra un “patrón estacional más claro”, según el trabajo. El pico de esta enfermedad suele producirse en España entre finales de diciembre y principios de febrero, aunque lo más habitual es que ocurra en la segunda mitad de enero. “Mientras, la gripe B presenta una estacionalidad menos regular” y alejada del pico, concluyen los investigadores. El VRS también tiene un patrón invernal claro, aunque en este caso precede algunas semanas al de la gripe y habitualmente “alcanza su pico aproximadamente un mes antes que esta”.
Los rinovirus y enterovirus, que causan cuadros catarrales leves, presentan en cambio un patrón en dos oleadas, con dos picos en otoño (septiembre-octubre) y primavera. La circulación de los rinovirus, además, “desciende cuando el SARS-CoV-2 circula con fuerza”, sigue el trabajo.
Otro grupo de patógenos que infectan las vías respiratorias mantiene un perfil muy diferente y presenta una presencia constante “durante todo el año, sin picos epidémicos claramente definidas”. Es el caso de los adenovirus, algunos coronavirus distintos al SARS-CoV-2 (como el tipo NL63) y dos tipos de parainfluenza (el 1 y el 4).
El estudio detalla también la secuencia del resto de patógenos: el virus parainfluenza 2 se adelanta ligeramente a la gripe, mientras que el metapneumovirus —un patógeno muy frecuente en la infancia— y el parainfluenza 3 irrumpen justamente cuando la gripe empieza a caer. En paralelo, el bocavirus y el coronavirus estacional OC43 inician su actividad a mitad de otoño, pero su incidencia aumenta lentamente hasta alcanzar sus picos entre febrero y abril.
Por último, el trabajo destaca el comportamiento del SARS-CoV-2, más errático tras la pandemia pero que ahora muestra principalmente “un patrón epidémico estival claro”. Montes Salas destaca que los investigadores han logrado obtener una “imagen muy interesante, que logra plasmar o dibujar con precisión la forma en la que los distintos virus circulan y los patrones que siguen durante todo el año”.
Juan Carlos Galán, jefe de Virología del Hospital Ramón y Cajal (Madrid), considera que el artículo marca una línea de investigación muy relevante pero que aún es pronto para catalogar el coronavirus como un virus exclusivamente estival: “Hay datos recientes de otros países europeos, y alguna zona de España, que apuntan más a una incidencia bianual, en verano e invierno. Lo observado en Cataluña en estas tres temporadas indica una tendencia del comportamiento de SARS-CoV-2 pero no sabemos si otros factores virales o ambientales podrían haber impactado en ese hallazgo y habrá que esperar a las próximas temporadas para confirmarlo”.
Este experto destaca la aportación del estudio en un “campo fascinante” que denomina la “ecología viral”. “Vemos que existen interferencias y, en algunos momentos, parece que también una competencia entre los distintos virus. Un buen ejemplo fue el primer año de la pandemia, cuando la gripe desapareció completamente arrollada por la covid. Este aparente antagonismo entre gripe y SARS-CoV-2 se observa en los sucesivos años. Cada virus se despliega en el calendario de forma ordenada, como si ocupara distintos nichos. Hay muchos factores que intervienen en este proceso, aunque no sean del todo conocidos”, concluye.