La Liga Femenina que empieza mañana no es ajena a las amenazas que llegan del otro lado del Atlántico, no solo de la WNBA. El anuncio de la marcha de Mariona Ortiz a Project B, una idea de alcance global, pero surgida en Estados Unidos, ha agitado la semana previa al arranque de la temporada por lo que supone para el Casademont Zaragoza que perderá a su capitana y jugadora más mediática. El aragonés es uno de los dos equipos que competirá en la Euroliga y lo hará con menos potencial que el año pasado porque se han marchado otras jugadoras importantes.
También le ha ocurrido al Girona o al Meins Avenida, dos de los dominadores habituales de la competición. Y es que da la impresión de que ya no va a haber las grandes diferencias de antaño entre los cuatro primeros y los demás ya que solo el Valencia Basket, que se llevó el doblete la pasada temporada y ha empezado esta con la Supercopa, ha mejorado a priori, sobre todo en cuanto Alicia Flórez y Raquel Carrera regresen de la WNBA. También el Jairis, consolidado en las plazas de play-off, ha podido mantener un bloque muy competitivo.
En el año posterior al bronce mundialista, ha habido muchos cambios y algunos fichajes llamativos. En este sentido, el Azulmarino Palma aparece como candidato a quitar el sitio a alguno de los gallos ya que ha podido fichar a jugadoras como Sika Koné, Klara Holm, Kayla Alexander o Alima Dembelé que, normalmente, no deberían estar en un recién ascendido. Pero el dinero manda y quien tiene menos debe afinar en el mercado en busca de perlas ocultas que eleven su nivel competitivo. El Estepona también ha armado una plantilla interesante, con cuatro exjugadoras del Gernika, pero habrá que ver cómo encaja haberse quedado fuera de la Eurocup.
Las malagueñas y el Leganés fueron las sorpresas del curso pasado, ese séptimo y octavo puestos que son el paraíso que todos quieren alcanzar porque supone ver las cosas con relativa tranquilidad. La línea de la salvación está cada vez más arriba, once victorias en el último ejercicio, y cualquier partido puede marcar la diferencia. Los tres equipos vascos ya saben lo que es pasar apuros, pero eso no quiere decir que no pueda volver a ocurrir, aunque lo mismo vale para otros diez rivales. Mezclar experiencia en la Liga Femenina con apuestas llegadas de la NCAA o de ligas menos poderosas es la receta para sobrevivir en una competición a la que algunas jugadoras se van a incorporar tarde y otras se marcharán antes.
El calendario del baloncesto femenino resulta a veces incomprensible y más que lo será ahora que la WNBA lo ha fagocitado con el permiso de la FIBA. Por eso se alzan voces que reclaman olvidarse de ella y mantener la identidad propia de forma paralela, ahora que se han abierto varias ventanas televisivas. Son cuestiones que se resolverán con el tiempo, aunque el riesgo de perder caras reconocibles está más presente que nunca.