La arquitecta Christina Seilern, fundadora de Studio Seilern Architects, firma junto a Drago la transformación de Castellana 198, un antiguo edificio concebido como hotel que se convertirá en un residencial de lujo. El proyecto contará con 62 viviendas y una amplia propuesta de espacios comunes. Seilern y Mayte Medina, directora de operaciones de Drago, explican en una entrevista con THE OBJECTIVE cómo se transforma una estructura existente, qué significa hoy el lujo residencial y cómo puede cambiar Madrid en los próximos años.

PREGUNTA- Castellana 198 parte de una estructura que ya existía y que originalmente estaba concebida para un hotel. ¿Qué supone para un arquitecto trabajar sobre algo que ya está construido?

RESPUESTA (Seilern)- Para mí fue un poco reparar un problema urbanístico. Pensaba que en este rincón de la ciudad no puedes poner una forma muy cerrada, que es un objeto, pero que no habla con la ciudad. Yo quería hacer algo que pareciese que existiese desde siempre, que fuese armónico con el resto de la ciudad. Y eso también implica conservar lo que ya existe. Mantenemos la estructura, todo lo que se había construido. No se ha tirado nada; simplemente se añadió.

P.- ¿Hasta qué punto es complejo transformar una estructura diseñada para un hotel en un residencial?

R.- Es un reto porque el módulo del edificio es diferente. Para un hotel funciona de una manera y para un residencial de otra. Pero no significa que no se pueda hacer. No vale la pena destruir algo y reconstruirlo simplemente para conseguir un módulo de eficiencia que los arquitectos hayan inventado. En los hoteles todo es muy sistemático. Tienes los muros, las instalaciones, los baños uno detrás de otro… Es un desafío, pero no es imposible.

P.- ¿Y qué ha sido lo más difícil de este proyecto?

R. (Seilern)– Con cada proyecto tienes que descubrir qué quiere ser. Ese es el reto: descubrir qué quiere ser el edificio y cómo llegar hasta ahí. También había algunas regulaciones bastante rígidas.

P.- ¿La burocracia ha sido especialmente complicada?

R. (Seilern)- Creo que en España la administración es muy lenta.

R. (Medina)- Esto ocurre en todas partes, en mayor o menor medida. Podemos quejarnos, pero forma parte del oficio y hay que saber trabajar con ello. Gracias a nuestra experiencia después de tantos proyectos, entiendes que cada lugar tiene sus normativas y sus propios obstáculos, y aprendes a superarlos. Habiendo trabajado en países de Europa, Centroamérica y en EEUU, he aprendido que no se trata de saberse el último código o la última normativa local, sino de tener sentido común, saber por dónde atacar cada problema y rodearse de buenos equipos locales. Tanto Drago como Studio Seilern hemos trabajado en edificios emblemáticos, protegidos y monumentales por todo el mundo, así que conocemos bien los retos de un proceso de licencias, y tengo que decir que lo hacemos muy bien. Entender la arquitectura y la burocracia, sin miedo a ninguna de las dos, nos permite transformar edificios respetando las particularidades de cada lugar. Muchas veces son precisamente esas particularidades las que dan al proyecto su carácter único.

P.- Mayte, precisamente Drago ha apostado en los últimos años por la reconversión de edificios y por aprovechar lo que ya existe en las ciudades. ¿Qué hay detrás de este modelo?

R. (Medina)- Son edificios que tienen alma. Por eso también he vuelto a Drago. Me gusta la visión que tienen del edificio y de la ciudad. Crean ciudad. Evidentemente, siempre hay un beneficio para nuestros socios; hay que hacer negocio, pero hay alma, autenticidad y se crea ciudad, se enriquece el barrio y podemos enorgullecernos de nuestros proyectos.

R. (Seilern)- Pero sin alma no hay negocio.

P.- En el caso de Castellana 198, ¿el proyecto habría sido posible en otro lugar de Madrid?

R. (Seilern)- No. Castellana 198 no se entiende fuera de Madrid. Es otra cosa. Tienes todos los restaurantes alrededor, tienes la ciudad, la ubicación, la vida que hay aquí. El inversor y el comprador buscan algo que no puedes darle, por ejemplo, en una zona nueva y alejada.

P.- El proyecto apuesta también por unas zonas comunes muy ambiciosas. ¿Es ya una nueva forma de vender vivienda de lujo?

R. (Seilern)- Creo que sí. Cada vez más, si vas a vivir en un apartamento, en un edificio, necesitas esas cosas y forman parte de la calidad de la vivienda. Los spas, los clubs sociales, la cocina comunal… Son elementos que pueden beneficiar al edificio en su conjunto. Pero creo que también hay que pensar en lo que ocurre una vez que el edificio está entregado y la comunidad de propietarios está funcionando. Hay elementos que evidentemente no se pueden cambiar, como un spa, una piscina o determinados elementos estructurales, pero hay otros que pueden evolucionar.

Por ejemplo, tenemos un simulador de golf. A lo mejor mañana la comunidad decide que quiere otra cosa. También tenemos un espacio para lavar a los perros, que es muy cómodo porque no manchas tu baño, y zonas para las bicicletas.

R. (Medina)- Y cómo se opera es otro nivel. Una cosa es el diseño y pensar en las operaciones, y otra cómo se opera después. La experiencia hotelera en Drago nos da esa visión, y es algo que, una vez entregado a los propietarios, la propia comunidad puede cambiar o desarrollar, decidir gestionarlo de una manera u otra, aunque sentemos las bases y diseñemos para que se opere de una manera u otra.

P.- Christina, usted estudió y vivió en Madrid hace años. Desde entonces la ciudad ha cambiado muchísimo. ¿El actual boom de la vivienda de lujo puede modificar la estructura de Madrid?

R. (Seilern)- Las ciudades para vivir necesitan cambiar. No pueden quedarse como eran porque, si no, se convierten en un museo y dejan de ser ciudades para las personas que viven en ellas. Si miras ciudades que son museos, como Venecia, son increíbles, pero también puedes ver lo que ocurre cuando dejan de cambiar. Una ciudad, si quiere seguir viva, necesita cambiar siempre.

P.- ¿Eso significa que el cambio es inevitable, aunque a veces no sea para mejor?

R. (Seilern)- Exactamente. A veces a peor y a veces a mejor, pero toda ciudad cambia. Está viva.

P.- Madrid está inmersa en una gran transformación del norte, con Castellana 198, Madrid Nuevo Norte y otros proyectos. ¿Cómo ve esa zona dentro de diez años?

R (Seilern).- En una ciudad hay dos cosas. Hay que preservar la historia y la cultura y asegurarse de que una parte de ellas realmente se conserva. Pero también hay otro lado: crear una nueva historia. Para las personas que vivan dentro de 200 años, nosotros estamos creando una historia para el futuro. Eso es renovación, es cambio y es muy saludable.

P.- Mayte, desde el punto de vista de Drago, ¿cómo cree que va a cambiar el norte de Madrid?

R (Medina).- Estoy completamente de acuerdo con Christina. Hoy viajas a cualquier sitio y parece que estás en cualquier parte del mundo. Por eso existe una añoranza de la propia identidad: queremos nuestra cultura, nuestro país, nuestro barrio, y a veces eso nos lleva a querer que nada cambie. Pero las ciudades están vivas, evolucionan, y no se pueden congelar en el tiempo. La identidad tampoco es algo estático; también tiene que evolucionar. La pregunta es cómo seguir creciendo y enriqueciendo la ciudad sin perder esa magia, esa singularidad que nos define. Creo que eso es lo que veremos en el norte de Madrid: una zona que se transforma sin dejar de ser Madrid.

P.- En Castellana 198 precisamente habéis apostado por la cerámica en la fachada. ¿Es una manera de conectar el proyecto con Madrid y con España?

R (Seilern).- Sí. La fachada tiene que hablar con el lugar. La cerámica forma parte de la tradición española y tiene sentido en relación con la luz, el calor y el clima de Madrid. No tenemos un estilo fijo que traslademos de un proyecto a otro. Intentamos comprender cada lugar, su historia, su cultura, su paisaje, su clima y la manera en que las personas lo experimentan.

P.- ¿Está Madrid ya al nivel de otras grandes capitales europeas en lo que se refiere a vivienda residencial?

R. (Seilern)- Ahora sí. Ha cambiado mucho. Cuando vine aquí en 1992, Madrid era mucho más de los años sesenta y setenta. Ahora es mucho más confortable. También ha pasado en París, en Londres… Las ciudades han cambiado. Creo que al principio existía una enorme presión por construir después de la guerra. Se construían edificios técnicos y funcionales porque había que reconstruir. Después llegó el deseo de tener algo más cómodo y humano.

P.-Castellana 198 quiere convertirse en un edificio icónico de Madrid. ¿Qué tiene que tener un edificio para convertirse realmente en un icono?

R. (Seilern)- Para mí tiene que ser elegante, tener presencia, pero no estar gritando. Tiene que hablar con un lenguaje poético. Es más eso.

P.-Mayte, ¿qué cree que aporta Castellana 198 a la estrategia de Drago?

R. (Medina)- Castellana 198 es Drago en estado puro: un edificio con alma, una estructura que ya existía y a la que damos una nueva vida, y un proyecto que no se queda dentro de sus muros, sino que transforma su entorno y crea ciudad. Eso es, para nosotros, crear valor a largo plazo.

P.- Christina, ¿qué espera que quede de Castellana 198 dentro de varias décadas?

R. (Seilern)- Espero que sea un nuevo capítulo para Madrid. Es la transformación de una estructura inacabada en un hogar que pueda pertenecer al futuro. Para mí, la arquitectura tiene que envejecer bien. No se trata de hacer algo que funcione solamente hoy, sino algo que tenga sentido dentro de muchos años.