Madrid

Griselda aplicó por la llamada ‘ley de nietos’, que es como se conoce a la disposición adicional octava de la Ley de Memoria Democrática 20/2022, que permite obtener la nacionalidad a varios descendientes de españoles, entre ellos los descendientes de españoles que sufrieron exilio por motivos políticos, ideológicos o de creencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista.

Para poder nacionalizarse, Griselda presentó numerosos documentos, en un proceso que describe como largo, ya que conseguir esos papeles (como el acta original de nacimiento de su abuelo en Asturias) “cuesta tiempo y dinero”. Añade, además, en una entrevista por teléfono, que hay muchas personas que, aunque quieran nacionalizarse, no supieron hacerlo por la dificultad que supone conocer cómo rastrear a un antepasado o cómo conseguir todas las actas.

Griselda, que siempre sintió una fuerte conexión con sus raíces, aplicó a la ‘Ley de Nietos’ y, más de un año y medio después de enviar los documentos, obtuvo su nacionalidad en 2024.

El 10 de septiembre de este año, el Tribunal Supremo suspendió de forma cautelar la inscripción en el censo de votantes del exterior (el censo CERA) de parte de los ciudadanos que se habían nacionalizado al amparo de esta ley, para comprobar si determinados expedientes cumplían los requisitos. Sin embargo, al convocarse elecciones, el Supremo ha de resolver la medida rápidamente, ya que para las elecciones del 29 de noviembre el censo vigente es el cerrado a 1 de agosto, en el que estos nacionalizados sí están incluidos.

El Tribunal Supremo analiza actualmente los recursos y escritos presentados por la Fiscalía y la Abogacía del Estado contra la medida, y por Vox e Iustitia Europa para mantenerla. La Abogacía del Estado calcula que la medida afecta a 163.020 personas, que no saben si podrán votar en los comicios del 29 de noviembre.

Griselda Díaz recuerda sentir “que había ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda” al enterarse de la medida cautelar del Supremo. Sin embargo, su conexión con la nacionalidad española se mantiene fuerte. «Yo tengo la identidad y tengo sangre española. Y esta ley, lo que vino a hacer es coincidir mi identidad con una cuestión legal», detalla.