Cuando una familia crece, la casa que antes parecía suficiente puede empezar a quedarse pequeña. Es lo que ocurrió en una vivienda de Leioa (Vizcaya), donde una pareja con tres hijos pequeños y un cuarto bebé en camino necesitaba encontrar sitio para todos sin renunciar al orden ni a los espacios de convivencia. Con 88 metros cuadrados y dos adultos teletrabajando a diario, cambiar la distribución de los muebles se convirtió en la solución para adaptar el piso a esta nueva etapa.
La interiorista Sandra Fernández, al frente de SandraFer Interiorismo, reorganizó las distintas estancias sin tirar tabiques ni modificar la distribución de la vivienda. El proyecto se centró en aprovechar mejor el espacio disponible, integrar dos puestos de trabajo y encontrar soluciones de almacenaje que permitieran a los niños jugar, dormir y guardar sus cosas. La casa cuenta, además, con una terraza de 65 metros cuadrados y un jardín privado de unos 37.
Dos puestos de teletrabajo sin convertir la casa en una oficina
Uno de los principales retos era que los dos adultos pudieran trabajar desde casa al mismo tiempo, hacer videollamadas y concentrarse sin interferir en la vida familiar. Para conseguirlo, Fernández habilitó un escritorio en el dormitorio principal y otro en la zona del comedor.
La idea era que ambos espacios pudieran integrarse en la vivienda sin dar la sensación de estar permanentemente en horario laboral. “Los escritorios se plantearon de manera discreta, para ocultar pantallas, documentación y cables al terminar la jornada y recuperar así la calma visual de la vivienda”, explica la interiorista.
Proyecto de la interiorista Sandra FernándezPatricia Valdés Ruiz de Villa
En el dormitorio principal, el escritorio de madera se incorporó junto al resto del mobiliario, en una estancia dominada por los tonos claros y los textiles naturales. De este modo, el espacio puede seguir dedicado al descanso cuando termina el trabajo.
Una mesa redonda para ganar espacio de paso
El salón-comedor debía servir para comer, descansar, jugar con los niños y trabajar. En lugar de sustituir todos los muebles, la interiorista aprovechó el sofá rinconero que ya tenía la familia y añadió dos butacas de madera y rejilla, más ligeras visualmente y sin bloquear la entrada de luz desde la terraza.
Uno de los cambios más significativos fue sustituir la antigua mesa rectangular por una redonda y extensible de roble natural. “Libera los recorridos, evita esquinas y facilita el movimiento de los niños; además, favorece la conversación y puede ampliarse cuando la familia lo necesita”, señala Fernández.
Proyecto de la interiorista Sandra FernándezPatricia Valdés Ruiz de Villa
El almacenaje también tuvo un papel importante. Un aparador y otros muebles cerrados permiten guardar los objetos de uso cotidiano sin dejar juguetes y accesorios a la vista. La intención era que el salón pudiera recuperar su aspecto de zona de estar al terminar el día, aunque durante unas horas también funcionara como espacio de juego o trabajo.
Literas y almacenaje accesible para los dormitorios infantiles
Las habitaciones de los niños planteaban otro desafío: reunir camas, zonas de juego, espacios para guardar juguetes y, cuando fuera necesario, superficies para estudiar, sin ocupar todo el espacio disponible.
En uno de los dormitorios se instaló una litera con una cama inferior extraíble, una solución que permite disponer de más plazas para dormir sin mantener todas las camas desplegadas durante el día. La estancia se completa con un escritorio compartido, estanterías abiertas y cestos para guardar los juguetes.
Proyecto de la interiorista Sandra FernándezPatricia Valdés Ruiz de Villa
“Necesitábamos aprovechar cada metro para que los niños pudieran dormir, estudiar, jugar y guardar sus cosas en el mismo espacio”, explica la interiorista. También se reorganizó el interior de los armarios para mejorar su capacidad y facilitar que los pequeños pudieran acceder a sus pertenencias.
En la segunda habitación, la cama se colocó junto a la pared y cuenta con almacenaje inferior. Durante el día puede utilizarse como diván, dejando más superficie libre en el centro para jugar. A su lado, un pequeño rincón de lectura reúne un expositor frontal para cuentos, una mesa y sillas adaptadas a la altura de los niños.
La organización no depende únicamente de los muebles. Las estanterías y los cestos se colocaron a una altura accesible para que los pequeños puedan recoger sus juguetes sin necesitar constantemente la ayuda de un adulto. “Buscaba soluciones que fomentaran la autonomía de los niños, para que pudieran recoger sus propias cosas sin ayuda”, apunta Fernández.
Un recibidor con almacenaje y una base de tonos claros
La reorganización empieza nada más entrar en casa. En el recibidor se incorporó un banco zapatero con espacio de almacenaje oculto, que permite sentarse para calzarse y guardar los zapatos sin dejarlos a la vista. También se revisó el interior del armario de la entrada para aprovechar mejor su capacidad.
En cuanto a los materiales, la vivienda combina madera de roble natural, fibras vegetales y textiles de lino y algodón. El blanco roto, los tonos arena y el beige sirven de base, mientras que el verde agua, el verde oliva, el azul grisáceo y algunos detalles en mostaza aportan color a las habitaciones.
Proyecto de la interiorista Sandra FernándezPatricia Valdés Ruiz de Villa
“Buscaba una estética atemporal, que no estuviera condicionada por tendencias pasajeras y pudiera crecer con la familia”, explica Fernández. El proyecto demuestra que adaptar una vivienda a una nueva etapa familiar no siempre exige ampliar los metros cuadrados ni emprender una reforma. En este caso, la intervención se ha centrado en cambiar la disposición del mobiliario, mejorar el almacenaje y dar una función concreta a cada rincón para que la casa responda mejor al día a día de quienes la habitan.