Analizar las reacciones humanas y transformarlas en datos mediante un algoritmo nos hace pensar que nada, incluso las emociones, queda fuera de control. Una premisa cierta, sobre todo, si podemos responder a cuestiones como cuál es el momento de mayor o menor interés de una audiencia o qué despierta ese interés. Estas también fueron algunas de las preguntas que se hizo Edgar Sanjuán, fundador de Emogg Analytics, después de pasar por una empresa de Visual Thinking, en la que resumía gráficamente conceptos extraídos de reuniones estratégicas. Era 2017. En este año empezó a trabajar con Richi Serrés, especialista en psicología deportiva y gestión emocional, que asesoraba a deportistas de élite, a quien confesó su inquietud. “No terminó de verlo claro. Pero en 2020 conocí a Mario Enjuanes, consultor y especialista en IA, que me dijo que todo era posible”, afirma Sanjuán.
Con una inversión inicial de 337.00 euros y el apoyo de Serrés, del golfista Alejandro Larrazábal y de la empresa Labraxnemo pusieron en marcha Emogg Analytics, un software que daba respuesta a su interés y que, a caballo entre la IA y la neurociencia, analiza el impacto emocional para luego generar un informe que ofrece propuestas para mejorar los resultados empresariales. Sanjuán subraya que esta tecnología está sometida a controles jurídicos por su sensibilidad. “No se guardan imágenes, ni hacemos biometría, no vulneramos la privacidad de las personas”. El principio de esta nueva aventura coincidió con la pandemia, un momento en que el sector del videojuego ganaba terreno. Decidieron crear una técnica que midiera las sensaciones de los gamers para mejorar su rendimiento. Empezaron con pulsómetros tras valorar un estudio que relacionaba los estados mentales y emocionales con el pulso cardiaco. Un intento fallido por lo farragoso de la distribución de los aparatos, cita Sanjuán, aunque, concreta, hicieron algunos proyectos exitosos con el videojuego de LaLiga.
Aplicación de Emogg Analytics, en una fotografía facilitada por la empresa.
En paralelo, algunos amigos del fundador muy relacionados con el sector de la organización de eventos le animaron a que probara aquí su solución. “En 2024 decidimos cambiar y desarrollamos una herramienta dirigida a este sector, que ahora se ha convertido en nuestro principal foco de negocio”, añade. Su plataforma de lanzamiento, expone el directivo, fue su participación en el stand de Telefónica en el Mobile World Congress (MWC), en el que midieron el flujo de personas, los tiempos de permanencia, los momentos de mayor afluencia, además de indicadores cognitivos emocionales.
De momento, el software cuenta con nueve indicadores, “aunque tenemos hasta 15 en laboratorio”, que evalúan, entre otros aspectos, la predisposición de la atención, la seriedad, la aversión o el impacto emocional. Una medición que puede hacerse a través del teléfono móvil, cuando en la sala hay menos de 50 personas, o, si la audiencia es mayor, mediante un software que se descarga en el terminal o a través de un soporte técnico. Ahora su objetivo es captar clientes a través de un modelo de licencia anual. Con siete empleados, el pasado año realizaron 28 pruebas comerciales que les han valido una facturación de 103.000 euros con actuaciones internacionales puntuales en Guatemala, Hungría o el Reino Unido. Sus previsiones apuntan a contar con 60 clientes con licencia anual y a obtener una caja de casi 500.000 euros en este año.