La sarcopenia diabética puede pasar inadvertida mientras el músculo pierde masa y capacidad para realizar sus funciones. No se trata únicamente de una consecuencia del envejecimiento. La diabetes puede acelerar ese deterioro y, al mismo tiempo, la pérdida muscular dificulta el control de la glucosa. Laurence Genton, profesora asociada de la Universidad de Ginebra y …
La sarcopenia diabética puede pasar inadvertida
mientras el músculo pierde masa y capacidad para realizar sus funciones. No se
trata únicamente de una consecuencia del envejecimiento. La diabetes puede
acelerar ese deterioro y, al mismo tiempo, la pérdida muscular dificulta el control
de la glucosa. Laurence Genton, profesora asociada de la Universidad
de Ginebra y responsable de la Unidad de Nutrición de los Hospitales
Universitarios de Ginebra (Suiza), expuso las dimensiones de este problema
durante la conferencia de clausura del 67.º Congreso de la Sociedad Española
de Endocrinología y Nutrición (SEEN), que tuvo lugar este viernes en
Santiago de Compostela.
Las cifras dan una idea de su alcance. Una revisión
sistemática con más de 50.000 participantes encontró sarcopenia en el 28
% de las personas con diabetes, frente al 19 % de quienes no tenían la
enfermedad. Genton precisó que la mayoría de los participantes procedían de
Asia, un dato que debía tenerse presente al interpretar los resultados.
Otra revisión, centrada en mayores de 60 años con diabetes
tipo 2, observó que el riesgo de sarcopenia era aproximadamente el doble que
entre las personas sin diabetes. En este caso, los investigadores utilizaron la
reducción de masa muscular como criterio diagnóstico.
La situación se complicaba cuando coincidían obesidad y
deterioro muscular. Según una tercera revisión, alrededor del 27 % de los
adultos con diabetes presentaba obesidad sarcopénica. Genton calificó estos
porcentajes de «cifras realmente impresionantes» y pasó a examinar qué
ocurre cuando la pérdida muscular precede a la aparición de diabetes.
Un estudio reciente del UK Biobank, con casi 500.000
participantes y una mediana de seguimiento de 14 años, encontró que las
personas con sarcopenia tenían aproximadamente el doble de riesgo de
desarrollar diabetes tipo 2. En quienes presentaban obesidad sarcopénica, el
riesgo era 3,5 veces mayor.
Los investigadores estudiaron asimismo los cambios en la
composición corporal. Quienes desarrollaron obesidad sarcopénica durante el
seguimiento, o mantuvieron esta condición, presentaron un riesgo de diabetes
tipo 2 aproximadamente tres veces superior. Para Genton, estos resultados
respaldaban una idea, «la sarcopenia, tanto en una fase avanzada como en una
fase no avanzada, es un factor de riesgo para desarrollar diabetes».
¿Por qué se produce esta relación? La resistencia a la
insulina altera los mecanismos de síntesis de proteínas y crecimiento
muscular. La diabetes tipo 2 favorece, asimismo, la formación de productos
finales de glicación avanzada, la inflamación y el estrés oxidativo. Todo ello
contribuye al deterioro del músculo.
Repasó la intervención de las citocinas inflamatorias, las
especies reactivas de oxígeno, la miostatina y la acumulación de grasa
intramuscular. Son mecanismos diferentes que terminan afectando a la capacidad
del músculo para mantenerse y regenerarse.
Pero el proceso funciona en ambas direcciones. Genton afirmó
que «esta relación es bidireccional». Cuando disminuye la masa muscular
y aumenta la infiltración grasa, el músculo pierde capacidad para captar
glucosa. La glucemia puede elevarse y empeorar el metabolismo, lo que favorece
un nuevo deterioro muscular.
La inactividad física, la malnutrición asociada a la
enfermedad, la edad, la obesidad y las complicaciones crónicas contribuyen a
alimentar este proceso. La diabetes y la sarcopenia pueden terminar agravándose
mutuamente, con consecuencias que no se limitan a la pérdida de fuerza.
Genton admitió que «no hay demasiada literatura»
específica sobre las consecuencias de la sarcopenia en pacientes con en lo que
a mortalidad se refiere. Sin embargo, presentó una revisión sistemática
que relacionaba la baja masa muscular con una mayor mortalidad por todas las
causas.
Los resultados plantean una dificultad para la práctica
clínica. Dos pacientes con diabetes pueden presentar cifras similares de peso y
glucemia, pero tener una situación muscular muy diferente. La masa muscular, su
calidad y la infiltración de grasa aportan información que no siempre queda
reflejada en los indicadores habituales.
La evidencia presentada por Genton mostró que el deterioro
muscular merece atención tanto en las personas que ya tienen diabetes como en
aquellas que presentan factores de riesgo para desarrollarla. La obesidad
sarcopénica apareció como una condición especialmente desfavorable, con una
asociación más intensa con la aparición de diabetes tipo 2.
La especialista transmitió la gravedad de una complicación
que todavía recibe una atención limitada. «Quería que fueran conscientes de
la importancia de este problema», expresó. La pérdida muscular no es
únicamente una consecuencia de la enfermedad, sino un factor que puede
contribuir a su aparición y empeorar su evolución.