Dalí recurrió hasta en cuatro ocasiones a Stefan Zweig, amigo de ambos, para que mediara y propiciara un encuentro con Freud. El encuentro tuvo lugar finalmente en Londres, el 19 de julio de 1938. Freud se había exiliado a la capital británica tras huir de Viena en 1938, tras la anexión de Austria por la Alemania nazi.

Dalí quería enseñarle su método paranoico-crítico. Se trata de un sistema inventado por él, inspirado por el psicoanálisis y el concepto de la paranoia de Jacques Lacan, que consistía en interpretar de manera irracional la realidad y establecer asociaciones entre elementos aparentemente inconexos, para descubrir imágenes y significados ocultos, y transformarlos en arte tras recuperar la consciencia. Para ilustrar su método, Dalí llevó a Freud varias obras, entre ellas La metamorfosis de Narciso (1937), que consideraba su primera pintura realizada mediante el método paranoico-crítico. También le presentó un poema homónimo, escrito en París, que debía leerse mientras se contemplaba el cuadro. “Cuando esa cabeza se raje / cuando esa cabeza estalle / será la flor, / el nuevo Narciso, / Gala, / mi narciso”, escribía el artista.

También quería compartirle su técnica para encontrar la inspiración durante el estado hipnagógico, ese momento de transición entre la vigilia y el sueño. Para ello, se sentaba en un sofá y sostenía una cuchara entre los dedos, colocándola sobre un plato. Cuando se quedaba dormido, la cuchara caía y el ruido lo despertaba, permitiéndole recordar las imágenes, ideas y sensaciones que había experimentado justo antes de dormirse.

Aunque el catalán había imaginado durante toda su vida este encuentro, no transcurrió como había esperado. A Freud no le interesó demasiado su método, pero sí que se paró a observar sus pinturas, y sobre todo a “semejante personaje” que había irrumpido en su despacho. Su mirada intensa, sus aspavientos, su costumbre de llevar un bastón pese a no necesitarlo, su forma de reclamar –con puñetazos en la mesa– que Freud leyera su ensayo. Al día siguiente, el médico le escribió a Zweig para compartirle sus impresiones. “Nunca he visto un prototipo de español más claramente. Es un fanático». Dalí se dio por satisfecho por haber sido escuchado.