Fernando Pedrosa Pérez inició su trayectoria profesional en la década de los sesenta, formándose como contable junto a Jaime Andrés Ureta en DKV Ureta. Sin embargo, pronto descubrió que su verdadera vocación no estaba en la parte administrativa, sino en el lado comercial y empresarial, y tomó la decisión de emanciparse y emprender su propio camino en el sector.
Su primer proyecto fue un lavadero de coches, al que siguió un negocio de compra-venta. Con el tiempo, se hizo con la representación de marcas de gran prestigio como Opel y Peugeot, llegando a adquirir una nave importante donde estableció los concesionarios. Durante décadas, se mantuvo como un referente en el sector, defendiendo siempre su independencia y la libertad de tomar sus propias decisiones.
Aunque las exigencias del mercado y de las propias marcas le llevaron a ceder en su día los negocios, Pedrosa nunca se alejó de su gran pasión:los automóviles. Optó por continuar con un taller de reparación de vehículos, que mantuvo con éxito y dedicación hasta el final de su vida.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre emprendedor y vocacional, incansable trabajador, metódico y de firmes costumbres.«Fue un luchador, un empresario vocacional que defendió a sus empresas, con una enorme dedicación y pasión por el sector del automóvil», destacan sus allegados.Con su fallecimiento, este mundo pierde a una figura que encarnó el espíritu del emprendimiento y la constancia, pero deja también el ejemplo de una vida guiada por la pasión y el esfuerzo.