Las personas que tienen TOC, es decir, un Trastorno Obsesivo-Compulsivo, suelen pretender que todo esté bajo un estricto orden. Por eso, para ellos es importante cada detalle visual en una estantería.
La disposición inconsistente del lomo de los libros —algunos con títulos que se leen de abajo hacia arriba y otros de arriba hacia abajo— puede convertirse en una verdadera pesadilla.
Esta peculiar discrepancia no es fruto del azar ni de errores editoriales, sino de convenciones culturales y prácticas editoriales diversas. Sin embargo, para aquellas personas que sufren de TOCs, esa mezcla desordenada puede interferir con su tranquilidad cada vez que busca un libro y no lo encuentra instantáneamente.
La orientación de los títulos en los libros obedece a distintas tradiciones editoriales:
La ausencia de una norma internacional al respecto genera un caos visual que para las personas que sufren de TOCs es difícil de tolerar.
En las librerías y en las estanterías domésticas, esta mezcla de orientaciones aparece de manera caótica porque todo queda a merced de cada persona.
La decisión de orientar un lomo hacia arriba o hacia abajo no siempre tiene que ver con estética o editorial: puede depender del país de origen, del tipo de edición o del propósito (lectura activa versus exposición decorativa).
Ese desorden puede incomodar especialmente a quienes tienen TOC, activando pensamientos intrusivos y preguntas como “¿qué sentido tiene que estén ordenados de esa manera?”, o “¿están mal puestos?”.
La ansiedad puede escalar si sienten que el orden visual de los libros se ha alterado, interfiriendo con su sensación de control y calma.
Para muchos, los libros no solo son objetos para leer, sino también para exhibir. Esa dualidad explora el choque entre orden mental y diseño visual:
Para alguien con TOC, imponer una sola lógica —ya sea estética o funcional— es parte de mantener su bienestar emocional, aunque eso signifique reordenar bibliotecas enteras.