«Durante mucho tiempo, Finlandia perteneció a otros. Durante siglos, formó parte del reino de Suecia. Y durante un siglo más, pasó a estar bajo la soberanía de Rusia, tuvo que esperar hasta 1917 para lograr su independencia. En 1939, el país tenía veintidós años. Con veintidós años no se es un hombre, mucho menos una nación. En una tormenta de plomo y de fuego, el Ejército Rojo de Stalin, el más grande del mundo, se desplegó en este país neutro y mal armado en un conflicto que la historia daría en llamar la Guerra de Invierno«.
Es este el comienzo de Los guerreros del invierno (Istoria, Grupo Planeta), novela de Olivier Norek publicada en nuestro país el pasado 10 de septiembre, que ha sido una auténtica sensación en Francia (ha vendido más de 300.000 ejemplares y ha sido seleccionada para el prestigioso Premio Goncourt). Lo dice su propio autor —el cual, antes de convertirse en escritor, fue teniente en el departamento judicial de Sena Saint-Denis—, aunque es una novela, los diálogos provienen de archivos y ningún hecho armado o anécdota han sido inventados. Norek ha decidido relatar, por tanto, una historia de guerra de un país diminuto y otro gigantesco que se enfrentaron en aquella conocida como Guerra de Invierno, cuando las tropas soviéticas encontraron un adversario mucho más sólido de lo que esperaban.
En aquella conocida como Guerra de Invierno, las tropas soviéticas encontraron un adversario mucho más sólido de lo que esperaban
Ahí es donde entra la fascinante figura de Simo Häyhä. Pero, ¿quién fue?
Simo Häyhä, nacido el 17 de diciembre de 1905 en Rautjärvi (pequeño pueblo finlandés cerca de la frontera con Rusia) fue antes de nada un pastor más, como tantos, de esas frías llanuras en las que se crió, y que le sirvieron para desarrollar las habilidades que en el futuro le serían tan útiles. A los 19 años cumplió con el servicio militar obligatorio, donde descubriría la pasión y el talento que le convertirían en una leyenda: el tiro.
Simo Häyhä con un rifle modelo 28. (Finnish Military Services)
Porque el que una vez fue pastor se convirtió más adelante en el más mortífero adversario de los soviéticos. No medía más de metro y medio, pera era temible. Gracias a su destreza para camuflarse en la nieve y a su impresionante puntería, Häyhä sería después conocido como «La muerte Blanca». Un héroe para los finlandeses. Y también el mejor francotirador de la historia. La vida en el campo le había enseñado a esquiar y cazar, dos habilidades que le sirvieron para sobrevivir ante el ejército de Stalin. Según cuentan, su precisión era tal que podía acertar a disparar el mismo objeto desde una distancia de 150 metros y hasta 16 veces por minuto. A veces conseguía eliminar a sus objetivos hasta a 300 metros de distancia.
La resurrección literaria de este mito por parte de su autor responde a su propio interés por una confrontación increíblemente asimétrica y, por tanto, muy impactante. Frente a la maquinaria de guerra soviética, los finlandeses solo pudieron combatir con el ingenio de sus soldados campesinos. Norek ha decidido rescatar un episodio poco conocido de la Segunda Guerra Mundial para luchar contra la visión eurocéntrica de la historia. Además, orquesta la narrativa de manera coral y no con una única voz o un narrador omnisciente tradicional, con la idea de dar un enfoque que ayude a entender la complejidad del conflicto en una guerra fragmentada y compuesta por múltiples microbatallas.
A veces conseguía eliminar a sus objetivos hasta a 300 metros de distancia
En el caso de Häyhä, sirvió como francotirador del Ejército Finlandés en la 6ª Compañía de JR 34 en el Río Kollaa. Utilizaba la mira de hierro en lugar de miras telescópicas con la idea de convertirse en un blanco más pequeño para los enemigos. El resto de tiradores solían usar miras telescópicas y con ellas debían (y deben) levantar la cabeza para obtener mayor estabilidad. Además, estos francotiradores eran frecuentemente delatados por el reflejo del sol en las lentes de esas miras que, además, por las bajas temperaturas se empañaban y rompían con facilidad. La historia cuenta que el antiguo pastor logró matar a más de quinientos soldados soviéticos durante la guerra.
Cubierta de ‘Los guerreros de invierno’. (istoria)
Pero no era indestructible. Un 6 de enero de 1940, una bala explosiva alcanzó el rostro de Häyhä, desfigurándole la cara y dejándole en coma durante una semana. Cuando despertó, la guerra había terminado y finalmente Finlandia había tenido que ceder territorio a la inconmensurable Unión Soviética. Por su parte, el francotirador necesitó 26 cirugías para reconstruir su rostro, que quedó marcado para siempre con cicatrices (no solo físicas). Tras la guerra, volvió a su anterior vida como cazador y criador de perros. Falleció en 2002.
«Algunas historias te encuentran y no te dan otra opción que contarlas», explicó el propio autor. «Yo me crucé con la de Simo Häyha hace una década, y desde ese momento sabía que un día seguiría sus pasos». Norek ha decidido representar al finlandés no como un héroe, sino como un ser humano con claroscuros, que se mantiene en todo momento en una zona de incertidumbre moral.
Además de haberse convertido en uno de los éxitos literarios de 2024 (fue el año pasado cuando se publicó en Francia), ya se sabe que la novela será adaptada al cine por Dimitri Rassam, productor de los recientes El Conde de Montecristo y Los Tres Mosqueteros. La adaptación coincide con varios proyectos relacionados con el universo de Olivier Norek, cuyas novelas suelen ser policiacas y abordan temas políticos y sociales.
«Durante mucho tiempo, Finlandia perteneció a otros. Durante siglos, formó parte del reino de Suecia. Y durante un siglo más, pasó a estar bajo la soberanía de Rusia, tuvo que esperar hasta 1917 para lograr su independencia. En 1939, el país tenía veintidós años. Con veintidós años no se es un hombre, mucho menos una nación. En una tormenta de plomo y de fuego, el Ejército Rojo de Stalin, el más grande del mundo, se desplegó en este país neutro y mal armado en un conflicto que la historia daría en llamar la Guerra de Invierno«.