Un punto crítico de las tensiones surgió en Bakú, donde la estrategia dividida de Ferrari (medios para Leclerc, duros para Hamilton) hizo poco por mejorar la moral. Durante la carrera, Leclerc, afectado tras una parada temprana, recibió instrucciones de dejar pasar a Hamilton en busca de puntos. El plan de revertir la posición en la última vuelta se vino abajo cuando Hamilton retrasó la maniobra, generando frustración interna y un escrutinio posterior a la carrera.