Por desgracia hay partidos que parecen proclives a saltar de las páginas de deportes a las de sucesos. Con el fin de evitarlo en el Real Valladolid-Cultural, la Subdelegación de Gobierno ha diseñado un despliegue de seguridad acorde con un encuentro declarado de alto riesgo.

El gran peligro del encuentro son los aproximadamente cien aficionados más radicales que llegarán desde León, junto a los otros casi 500 que completan las entradas facilitadas por el Real Valladolid y que arribarán muchos de ellos en autocar. Lo ultras lo harán en vehículos particulares y habrá controles a los mismos ya en la entrada de la ciudad.

Estos serán embolsados en la plaza de Marcos Fernández para darles escolta hasta el estadio. Una vez allí, y antes de entrar, serán todos ellos cacheados para cerciorarse de que no portan armas ni objetos contundentes, ni otros prohibidos por la ley del Deporte. Después el encuentro, como es habitual, esperarán más tiempo en la grada para salir de nuevo escoltados cuando ya no haya público en las inmediaciones de Zorrilla.

Las fuerzas de seguridad se aumentarán en número notablemente, aunque desde la Subdelegación no facilitan la cifra. Habrá miembros de UIP (Unidades de Intervención Policial, conocidos como Antidisturbiod), UPR (Unidad de Prevención y Reacción de la Policía Nacional), específicos para Seguridad Ciudadana, Brigada Provincial de Información y Policía Municipal.

El número de vigilantes de seguridad privados, contratado por el club, asciende de los 40 habituales a 66, más de un tercio.

Los seguidores más radicales del Real Valladolid también serán embolsados desde el local que es su punto de reunión habitual antes de los partidos hasta el estadio Zorrilla, de forma que nunca se encuentren con los rivales.

Los seguidores culturalistas que estén fuera de la zona acotada a la afición visitante por haber recibido entradas de abonados blanquivioleta, no podrán portar simbología del conjunto culturalista.