En los años 80, Fernando Vijande logró la mayor proeza artística de su tiempo: traer a España al rey del Pop Art con obras creadas exprofeso sobre la imagen que tenía de nuestro país. Llega a los cines un documental que recupera esta historia
La Movida madrileña no fue solo música y política, también fue arte. Y el documental Warhol-Vijande: más que Pistolas, Cuchillos y Cruces que llega a los cines el 31 de octubre, así lo demuestra. Cuenta la increíble historia de un galerista español, Fernando Vijande, que tendió un puente artístico entre Madrid y Nueva York, en los años ochenta, por el que cruzó Andy Warhol con una exposición pintada exprofeso para su galería madrileña.
“La visita de Andy Warhol fue un hito importante y supuso la consagración para mi padre. No trajo a cualquiera, es que trajo a Andy Warhol, convirtiendo aquella exposición en parte del cambio del país hacia la modernidad”, cuenta Rodrigo Navia-Osorio Vijande, hijo de Fernando Vijande.
Tras la muerte de Franco en 1975, la Movida madrileña, una explosión creativa de música, cine y arte, aparecía en Madrid después de 40 años de represión. Derribado el muro, el movimiento cultural explosionó y Fernando Vijande fue uno de sus agentes principales. Tanto que, en enero de 1983, Andy Warhol aterrizaba en su galería, “La Vijande”, con la exposición Pistolas, Cuchillos, Cruces.
El evento reventó todos los récords: más de 12.000 visitantes acudieron a la galería,instalada en un garaje underground en el número 65 de la calle Núñez de Balboa, en pleno barrio de Salamanca. Solo se vendió un cuadro, ya que las obras costaban siete millones de pesetas.
Esta no fue, ni mucho menos, la única hazaña de Fernando Vijande. Apenas un par de años antes, había conseguido algo impensable: que el Museo Guggenheim de Nueva York organizara New Images from Spain, la primera retrospectiva de artistas contemporáneos españoles vivos que se realizaba en décadas. Con Sergi Aguilar, Mikel Navarro, Teresa Gancedo, Antoni Muntadas (junto a Serrán Pagán), Guillermo Pérez Villalta, Jorge Teixidor y Zush, entre ellos. Fue a partir de ese momento cuando Warhol y Vijande empezaron a trabajar en el proyecto de la exposición en Madrid. Aunque se habían conocido en los años 60, estrecharon su relación durante el mes y medio que, con motivo de la retrospectiva, el galerista vivió en Nueva York.
Todo esto lo cuenta Warhol-Vijande: Más que Pistolas, Cuchillos y Cruces, un documental plagado de entrevistas a diferentes personalidades del entorno del artista y el galerista que ha realizado la propia Alaska, testigo directo de la visita de Warhol a España a sus 19 años y amiga de Vijande. Entre los testimonios recogidos en su viaje a Nueva York, están los de las tres únicas personas vivas que saben cómo se gestó la vista del rey del Pop Art a Madrid: Bob Colacello, director de Interview y amigo personal de Warhol; Christopher Makos, fotógrafo personal, amigo y acompañante del artista en su visita a España; y Vincent Freemont, entonces director de la Factory y actual vicepresidente de Andy Warhol Enterprises.
Los cuchillos de Chris Stein
El equipo también viajó a Pittsburgh (Pensilvania), la ciudad natal del artista, a The Andy Warhol Museum, donde asistimos, por primera vez, a la contemplación de los elementos que formaron parte del proceso creativo de las obras de Warhol que viajaron a España: las cruces de plástico que compró para ser fotografiadas; los cuchillos que le prestó su amigo Chris Stein, miembro del grupo musical Blondie; y las centenares de polaroids que disparó antes de convertir las imágenes en cuadros. Elementos que han permanecido escondidos en cápsulas del tiempo, esas cajas en las que Warhol guardaba todo lo que tenía que ver con un momento concreto de su vida.
“Los primeros años ochenta fueron críticos para Andy. En el circuito artístico de Estados Unidos se le daba por acabado. Tenía que reinventarse”, explica Patrick Moore, director de The Andy Warhol Museum. “España aún era un mercado por explorar y eso a Andy le pareció interesante y le dio la oportunidad a Fernando Vijande de organizar la exposición”, apunta en la cinta Vincent Freemont, entonces director de la Factory.
Por la parte de Vijande, también dan su testimonio otras personalidades como Manuel Segade, director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; el artista multidisciplinar Filip Custic y otros consagrados como Miquel Navarro y Antoni Muntadas. La cinta aglutina, además, mucho archivo visual, sonoro y fotográfico.
“Este documental ha sido una labor casi antropológica, a través de buscar y, en ocasiones, rebuscar fotos, recortes de periódicos, documentos, videos de la época y entrevistas, hemos conocido cómo eran Warhol y Vijande en las distancias cortas; cómo pensaban en privado frente a cómo actuaban públicamente”, cuenta Sebastián Galán, el director de Warhol-Vijande: Más que Pistolas, Cuchillos y Cruces.
El puente Madrid-Nueva York
La película demuestra el paralelismo que existió entre el espíritu de The Factory, Nueva York, en los años sesenta y setenta, y La Movida madrileña en los ochenta. Ambas ciudades y sus circuitos culturales no eran tan distintos. “No me sorprendería que, a Andy, Madrid le recordara el Nueva York de los años 60 y 70 cuando todo estaba cambiando. Nosotros no tuvimos un dictador, pero si éramos un país conservador. Apostaría a que existía la misma agitación y excitación en los 80 en Madrid. Entonces, dónde sino querría ir Andy Warhol: a Madrid”, señala Patrick Moore en el documental. “Vijande entendió rápidamente que Nueva York y Madrid eran dos ciudades con mucho más en común de lo que la mayoría de las personas podía apreciar y que estaban conectadas tanto social como artísticamente, pero en décadas distintas”, aporta Sebastián Galán.
El documental es un proyecto de la Colección Suñol Soler, cuyos orígenes se deben a la fructífera colaboración entre Fernando Vijande y José Suñol Soler.
La prematura muerte de Fernando Vijande en 1986, a los 55 años, no solo truncó su meteórica carrera como galerista, también cortó el puente entre Madrid y Nueva York que había tendido con su entramado de relaciones artísticas, amistades de la alta sociedad y conocidos del mundo más underground de la ciudad. Pero su figura continúa siendo esencial para entender los devenires del arte español de finales de los setenta y principios de los años ochenta. Fue el gran precursor de esa revolución que necesitaba el sector de la cultura.