Seis meses. Ese es el tiempo que resta para que comience una nueva edición del Giro de Italia, que será del 9 al 31 de mayo con un comienzo nunca visto hasta la fecha a lo largo de su historia. Tal como confirmaron hace semanas diferentes autoridades del país, Bulgaria será el escenario escogido para la Grande Partenza, marco en el que se celebrarán las tres primeras etapas de la próxima Corsa Rosa y que incluirían al menos una por la capital, Sofía. Será la tercera salida desde un país extranjero en los últimos cinco años, después de partir desde Hungría (Budapest, 2022) y Albania (Tirana, 2025).

A pesar de las incógnitas tas que todavía sobrevuelan sobre este inicio, ya que quedan flecos por resolver que están postergando una presentación del recorrido que difícilmente tendrá lugar en noviembre como estaba previsto, la composición de la próxima ronda italiana está bastante definida. Tal como ha podido confirmar AS, la primera toma de contacto de los ciclistas con la montaña será en la región de los Abruzzos, algo que tendrá lugar en la primera semana de carrera. Aunque todavía no hay confirmación oficial, todo apunta a que el Blockhaus será el primer test serio para los favoritos, una durísima ascensión que hizo su última aparición en 2022, jornada en la que se impuso Hindley (a la postre campeón) por delante de Bardet, Carapaz y Landa.

Una vez superado el ecuador de la carrera, que incluirá la tradicional etapa por Nápoles de los últimos años, llegará una jornada de suma importancia, ya que puede marcar el destino de los favoritos. Se trata de una contrarreloj individual de alrededor de 40 km, muy similar a la que tuvo lugar en 2024 (40,6 km) entre Foligno y Perugia. Como antesala de la traca final, llegará una de las innovaciones de este Giro, última de las innumerables aportaciones de un Mauro Vegni que en 2026 cumplirá su último año como director de la Corsa Rosa. Y es que el Giro, tal como adelantó Corriere delle Alpi, contará con una cima nunca antes vista en su historia: el Piani di Pezzè. Se trata de una ascensión corta pero sumamente exigente (5 km al 9,8% y rampas del 15%), cuya única aparición en competición data de 1992, cuando Marco Pantani se proclamó campeón del Giro Sub-23.

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El norte del país, protagonista como siempre de los desenlaces del Giro, será el escenario de batalla final, con unos Dolomitas que dictarán sentencia definitiva. El próximo campeón de la ronda italiana saldrá de una dura penúltima etapa que contará con la particularidad del doble ascenso a Piancavallo (14,3 al 8%), que hasta la fecha ha sido tres veces final de etapa en la carrera, siendo el último precedente el triunfo de Tao Geoghegan Hart en 2020. No obstante, no será final en alto, ya que los corredores deberán completar su descenso una segunda vez para llegar a la meta, ubicada en Friuli. El cierre, a pesar de que Milán ha sonado fuerte para regresar a una Corsa Rosa de la que no forma parte desde 2021, apunta a Roma por cuarto año consecutivo. El próximo Giro coge color.

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