La temporada de invierno es perfecta para renovar nuestros hogares. Tenemos la excusa ideal si buscamos añadir texturas, incorporar alguna pieza nueva o integrar tejidos como mantas o alfombras. Pero no solo cambian los materiales, sino también los colores. La energía del invierno nos invita a pasar más tiempo en casa y regocijarnos en tonalidades tierra, burdeos, ciruelas o tonos neutros, pero siempre cálidos. En este contexto, el salón cumple un papel fundamental, ya que es la zona más expuesta de la casa y merece un trato especial.
Conversamos con la estilista Olga Gil-Vernet para saber cómo diseña una experta su salón de invierno. «Cuando llega el frío, me gusta transformar el salón en un espacio más cálido y acogedor, sin perder la esencia natural que me identifica», nos comenta la experta.
«No se trata de grandes cambios, sino de pequeños gestos que hacen que el ambiente se vuelva más confortable y envolvente. Busco mantener la serenidad y la armonía que me acompañan todo el año, pero añadiendo texturas y matices que invitan al abrigo y al descanso«, explica. ¿Cuál es el paso a paso para diseñar un salón de invierno acogedor y con carácter? Lo descubrimos junto a la estilista Olga Gil-Vernet.

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Texturas que abrigan
El Mueble | Proyecto de Mar Marcos, Marta Tobella y Olga Gil-Vernet
En primer lugar, la experta nos anima a añadir capas y tejidos gustosos en el salón. «Incorporo mantas de lana, cojines mullidos y alfombras que aportan calidez al suelo. Me encanta combinar lino lavado, lana y terciopelo en tonos suaves y naturales«, indica.
En cuanto a materiales y tejidos, Olga se inclina por sus favoritos: «Prefiero el lino lavado, la lana y el terciopelo en colores neutros o terrosos. Me encanta combinarlos con madera natural y fibras vegetales, que aportan textura sin recargar el espacio», subraya.
Colores más cálidos
El Mueble | Proyecto de Bárbara Serra
«En esta época, mi paleta se vuelve más otoñal y cálida: beiges, tierra, ocres, verdes suaves o algún toque de burdeos o gris cálido. Estos tonos transmiten calma y bienestar», explica Olga. Y para dar protagonismo a estas tonalidades, es muy importante contar con una iluminación adecuada. «Prefiero luces indirectas, más doradas, que envuelvan sin deslumbrar», apunta.
Luz envolvente
El Mueble / Pepa Oromí / Proyecto de Olga Gil-Vernet
Siguiendo con el punto anterior, la estilista presta especial atención a las fuentes de iluminación artificial. «Apuesto por una iluminación más cálida, con lámparas de mesa, velas y faroles que crean un ambiente íntimo y relajado. La clave está en las luces indirectas y en los tonos dorados o ambarinos», recalca.
Detalles naturales
El Mueble | Proyecto de Mar Marcos y Olga Gil-Vernet
Por supuesto, no pueden faltar esos detalles que nos conectan con la naturaleza. «El eucalipto sigue siendo protagonista: fresco o seco, aporta serenidad y armonía», confiesa Olga. «También me gusta añadir ramas, piñas o cerámica artesanal, que refuerzan ese aire natural y atemporal».

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Para Olga, hay pequeños gestos o trucos que pueden cambiarlo todo, por ejemplo, «un ramo de eucalipto en un jarrón de cerámica. Aporta ese toque natural y sereno que me acompaña todo el año, pero en invierno cobra un protagonismo especial», señala.
Menos es más
El Mueble
«Para lograr un salón cálido no hace falta recargarlo», asegura Olga. «Prefiero jugar con las texturas antes que con los estampados, buscando equilibrio y coherencia en cada elemento. El invierno invita a disfrutar de casa, a detenerse y a reconectar con lo esencial. Y eso, en decoración, también se nota», agrega.
Sin embargo, algunos elementos no pueden faltar en el salón invernal de la experta: «Mantas suaves, cojines mullidos y alguna alfombra que aporte calidez al suelo. Me gusta también incluir velas, faroles y pequeñas lámparas que crean una luz envolvente, más íntima», nos cuenta.
Ahora bien, sus consejos finales son simples, pero fundamentales: «Juega con las texturas antes que con los colores o los diseños estampados. Un plaid de lana, una alfombra suave o unos cojines de lino bastan para transformar la atmósfera. Menos es más: la calidez también nace del equilibrio», concluye.