En 1988, tan solo un año después de que ‘RoboCop’ llegará a los cines repleta de violencia y gore (que estuvieron a punto de valerle la calificación de película X), se estrenó su versión animada: 12 episodios que se emitieron los sábados por la mañana y que estaban destinados a los niños. Sí, los mismos que no podían ver ‘RoboCop’ en cines a no ser que fueran acompañados de un adulto. Si podían vender más merchandising y convertir una franquicia para adultos en una familiar, valía la pena intentarlo. Esto es, más o menos, lo que ha ocurrido con la nueva ‘Predator: Badlands’, tan entretenida como blanca, tan decente como afable. Tan de Disney que uno puede oler las ansias de ganar billetes a toda costa.

La «Grogufication» de una saga

Cuando ‘The Mandalorian’ inauguró una nueva etapa para ‘Star Wars’ en Disney+ (la de la sobreexplotación por encima de sus capacidades), lo hizo de la mano de un nuevo personaje que rápidamente causó una sobredosis de merchandising: es probable que el entonces conocido como «Baby Yoda» diera más dinero por sí mismo que toda la nueva trilogía. Es lógico: si a algo que ya tiene una base de fans le añades un bicho adorable que hace monerías, el resultado, por mucho que haga rabiar a los fans más gruñones, es un éxito notorio. ¿Cómo no iban a imitarlo en cuanto tuvieran ocasión?

En este caso, la damnificada ha sido ‘Predator’, que, en el afán de Dan Trachtenberg por innovar en cada nueva entrega, se ha sacado de la manga un Grogu de Hacendado en la primera película apta para menores de edad de toda la franquicia. Sí, han estirado el concepto todo lo que han podido y sigue habiendo su buena dosis de decapitaciones y violencia, pero por el camino han dejado que el nuevo rumbo de la franquicia se torne hacia un entretenimiento familiar, sano y relativamente salvo. No tiene nada de malo per se (es su saga, al fin y al cabo), pero el descaro con el que han tratado de imitar el truco de magia de ‘Star Wars’ es excesivo a todas luces.


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Obviamente ha funcionado: ‘Predator: Badlands’ lleva camino de convertirse en la película más taquillera de la franquicia (le queda muy poco para alcanzar y superar a la versión de Shane Black) y sería muy raro que en futuras películas no siguiéramos a Dek y su familia encontrada, que tienen carisma para dar y tomar. Porque, al final, por mucho maquillaje más o menos sangriento que se le ponga, esta no deja de ser una película blandita con la misma trama que ya hemos visto una y mil veces: un marginado con todas las cartas en su contra que debe aprender a salir adelante gracias a sus nuevos amigos. Y, claro, entre ellos está una cuquez para que hasta los niños que se metan por error puedan salir contentos de la proyección de, quién lo diría, una de ‘Predator’.

Ay, qué depredadorcito tan mono

Me encantaría estar en el otro bando. Ojalá haber salido tan contento de ‘Predator: Badlands’ como lo hice de ‘La presa’ y ‘Asesino de asesinos’, pero hubo algo que me lo impidió, una pureza adorable que se personifica en Bud, la pequeña criatura que acompaña a Dek y Thia en su aventura y que me parece totalmente fuera de lugar en una saga como esta. Sí, en ‘Star Wars’ tuvimos a los ewoks o a Jar Jar Binks, pero estas no dejan de ser aventuras pensadas desde un principio para chavales: lo de ‘Predator’ es como si en la nueva película de ‘Viernes 13’ Jason se encontrase con un adorable gatito que se llevara a todos los sitios y se convirtiera en su compinche. ¿Funcionaría? Por supuesto. ¿No se sentiría como una pequeña traición a la saga? Francamente, también.

Ojo: estoy muy a favor de que cada película de ‘Predator’ sea distinta a las anteriores. El clásico argumento de la saga -un grupo de marines son cazados uno a uno por una raza de asesinos espaciales- nunca dió más de sí, y es estupendo que salgan de su zona de confort y prueben cosas aquí y allá. Sin embargo, en el ADN de las películas está el ser cine adulto, violento y sin concesiones: una versión dulcificada de ‘Depredador’, por entretenida que sea, no es tan diferente de una serie infantil de ‘RoboCop’. Y, honestamente, por fácil y rentable que pueda ser, no todo tiene por qué ser «Grogu-ficable». 

No estoy diciendo que ‘Predator: Badlands’ sea una mala película. No lo es en absoluto, pero uno sí que la siente como la Coca-Cola Zero de la saga, un plato delicioso que se han olvidado de aliñar, un festival de heavy metal sin solos de guitarra ensordecedores. Entre tanto entretenimiento aventurero se ven claramente las cuerdas del marionetista: no es necesario que todas las sagas se conviertan en obras para niños y adolescentes con argumentos simplones, escenas de acción entretenidas, comedia inocente y personajes adorables por doquier. 


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Si algo ha demostrado el cine de los últimos años es que las películas para adultos pueden dar beneficios por mucho que supongan un riesgo inicial. Al fin y al cabo, ¿por qué todo en el cine mainstream actual tiene que saber exactamente a lo mismo, aunque lo disfracen con otro traje? ‘Predator: Badlands’ no es una evolución de la saga: es una involución que ha conseguido engañarnos con un truco de manos perfecto y hacernos creer que queríamos ver un festival de CGI co-protagonizado por un Grogu de Hacendado. Un nuevo tanto para la industria.

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