Es complicado no tener sensación de cinismo ante las franquicias cinematográficas, porque la mayoría se acaban estirando más que lo que puede aspirar a conseguir. Incluso las promesas de un final se ven con bastante suspicacia porque, cuando de repente ese final arrasa, acaba encontrándose una manera de progresar.
En un mundo de secuelas que llegan treinta o cuarenta años después de originales que parecían intocables, nada se termina para siempre. No mientras haya todavía un fenómeno a explotar por parte de Hollywood. Por eso todos teníamos claro antes de entrar a ver ‘Expediente Warren: El último rito’ que este no iba a ser su último viaje.
El ritual que nunca acaba
Ya no tan sólo porque el Warrenverso se ha extendido más allá de los personajes de Vera Farmiga y Patrick Wilson, sino porque han puesto tanto énfasis en la importancia de estos personajes que ahora no puede dejarse de lado su atractivo. Michael Chaves ofrece una aventura más en la saga que arrasó en taquilla este año y que ya se puede ver en streaming a través de HBO Max.
Ed y Lorraine Warren se toman un descanso en la investigación de casos paranormales tras el susto cardiaco que asoló al patriarca de la familia en su último encargo. Centrados en la enseñanza académica y en garantizar un buen futuro para su hija, la familia tendrá que volver al ruedo cuando una nueva amenaza sobrenatural llama su atención.
La artesanía para el susto de James Wan ya se echó en falta en una tercera película menor pero estimable que fue con la que Chaves tomó el relevo, sacando fortaleza a través de establecer a los Warren como una especie de ‘Expediente X’ de los fenómenos espirituales. Cualquier atisbo de profesionalidad del horror de aquella película desaparece en esta continuación.
‘Expediente Warren: El último rito’: papel mojado

Sus problemas empiezan estructuralmente, porque las películas principales de los Warren suelen funcionar en cómo sus conflictos personales van enmarañándose con los casos que investigan. Aquí pasa casi una hora y media de metraje donde los personajes no están ni cerca de la familia afectada, que reciben una serie de sustos que parecen colocados para no aburrir al espectador.
Pero aburren esos sustos y aburren un drama doméstico muy perezoso que además está alargado innecesariamente. Todo para ir colocando la supuesta conclusión épica de sus viajes, al mismo tiempo que se plantan semillas para un posible spin-off. Que haya ya anunciada una quinta película, incluso con sus cambios, muestra una vez más que este ‘Último rito’ era papel mojado y que todo vale con el Warrenverso.
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