Pocas películas han viajado con tanta ligereza por generaciones distintas como El mago de Oz, ese clásico de 1939 que vuelve a estar de moda gracias al fenómeno Wicked. La cinta protagonizada por Judy Garland no solo forma parte del ADN de Hollywood: también es el motor de muchas de las reinvenciones que hoy llenan cines, teatros y plataformas. Y sí, está disponible en HBO Max para quien quiera descubrir —o revisitar— una de las obras más influyentes del séptimo arte.

Nacida en un Hollywood sin CGI, sin efectos digitales y sin más ayuda que la pura inventiva de sus creadores, la película que llevó al cine la novela de L. Frank Baum no fue, precisamente, un camino de rosas. Su rodaje estuvo marcado por pruebas técnicas, ambición artística y algún que otro susto que todavía hoy se recuerda. Entre ellos, el accidente sufrido por Margaret Hamilton, la inolvidable Bruja Mala del Oeste, que llegó a sufrir quemaduras graves por culpa de un efecto especial con fuego real. La tecnología de la época obligaba a soluciones tan rudimentarias como peligrosas.

Casualidad o no, ese espíritu artesanal convirtió a la película en una pieza única. Sus tonos imposibles de Technicolor, las canciones que han sobrevivido ochenta años y un imaginario visual que sigue generando homenajes han resistido mejor que muchos títulos “intocables” del cine clásico. De hecho, es difícil no ver en Wicked —la producción que ha vuelto a colocar Oz en el centro del mapa cultural— un reflejo de aquella primera gran explosión de fantasía.

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Marina Velasco

por Judy Garland no solo forma parte del ADN de Hollywood: también es el motor de muchas de las reinvenciones que hoy llenan cines, teatros y plataformas. Y sí, está disponible en HBO Max para quien quiera descubrir —o revisitar— una de las obras más influyentes del séptimo arte.

Nacida en un Hollywood sin CGI, sin efectos digitales y sin más ayuda que la pura inventiva de sus creadores, la película que llevó al cine la novela de L. Frank Baum no fue, precisamente, un camino de rosas. Su rodaje estuvo marcado por pruebas técnicas, ambición artística y algún que otro susto que todavía hoy se recuerda. Entre ellos, el accidente sufrido por Margaret Hamilton, la inolvidable Bruja Mala del Oeste, que llegó a sufrir quemaduras graves por culpa de un efecto especial con fuego real. La tecnología de la época obligaba a soluciones tan rudimentarias como peligrosas.

Casualidad o no, ese espíritu artesanal convirtió a la película en una pieza única. Sus tonos imposibles de Technicolor, las canciones que han sobrevivido ochenta años y un imaginario visual que sigue generando homenajes han resistido mejor que muchos títulos “intocables” del cine clásico. De hecho, es difícil no ver en Wicked —la producción que ha vuelto a colocar Oz en el centro del mapa cultural— un reflejo de aquella primera gran explosión de fantasía.

Ha sembrado precedente para muchas películas

Y es que el universo de Oz no ha dejado de reinterpretarse desde que apareció en pantalla por primera vez en 1910, cuando el cine apenas estaba aprendiendo a contar historias. A lo largo del siglo XX desfiló por cortometrajes, series de animación, secuelas tardías, teleñecos, versiones con Michael Jackson e incluso adaptaciones turcas imposibles de catalogar. Pero fue la película de 1939 la que logró algo que aún hoy ninguna otra ha replicado: convertirse en un mito compartido.

Con Wicked arrasando en taquilla y preparando el terreno para su esperada segunda parte, resulta inevitable volver al origen. La película de Victor Fleming —convertida en obra de culto y protegida por la UNESCO— demuestra que hay clásicos que no caducan, que continúan inspirando nuevos relatos y que siguen brillando cada vez que alguien decide recorrer, por primera vez o por nostalgia, el camino de baldosas amarillas.

HBO Max ofrece ahora esa oportunidad, perfecta para quienes se han dejado llevar por la magia del musical o para quienes quieren entender por qué esta cinta, con tantos años a cuestas, mantiene aún intacta su condición de joya del cine del siglo XX.

Pocas películas han viajado con tanta ligereza por generaciones distintas como El mago de Oz, ese clásico de 1939 que vuelve a estar de moda gracias al fenómeno Wicked. La cinta protagonizada por Judy Garland no solo forma parte del ADN de Hollywood: también es el motor de muchas de las reinvenciones que hoy llenan cines, teatros y plataformas. Y sí, está disponible en HBO Max para quien quiera descubrir —o revisitar— una de las obras más influyentes del séptimo arte.