‘Jueves negro’ para el PSOE y el Gobierno. Doble impacto. Sin mayoría en el Congreso de los Diputados –donde naufragó la senda de déficit– y con quien fuera mano derecha de Pedro Sánchez entrando en prisión. El segundo secretario de Organización socialista … que acaba en Soto del Real en menos de seis meses. La situación en Moncloa y en Ferraz es dramática. En primer término, porque ver a José Luis Ábalos en la cárcel es un torpedo a la causa fundacional de un Ejecutivo que llegó al poder a lomos de una moción de censura a la corrupción de la ‘Gürtel’, en la que –para más oprobio– intervino el propio dirigente socialista en tribuna dando lecciones de limpieza democrática a Mariano Rajoy.
En segundo plano, porque, al contrario de lo que sostienen oficialmente fuentes gubernamentales, el caso no está ni mucho menos «amortizado». Con la entrada en prisión de Ábalos no se cierra nada, empieza todo. O eso creen en el partido. «Esto solo es susceptible de ir a peor», señalan fuentes socialistas, que miran con preocupación los últimos acontecimientos y los que pueden estar por venir.
La sensación que invadió ayer el PSOE fue de profunda incertidumbre y desolación a las puertas de un nuevo ciclo electoral. «Territorio inexplorado», resumía un cargo autonómico, que recela de que el que fuera todopoderoso hombre del ‘sanchismo’ pueda asumir una estrategia similar a la de Víctor de Aldama para tratar de mejorar su situación procesal a costa de sembrar de minas lo que queda de legislatura. Las primeras, con una detonación programada y de explosión inmediata si el juez decidía enviarle a prisión. Hasta ahora, Ábalos se había negado a colaborar con la Justicia, pero en su nueva situación, varios cargos consultados no se atreven a hacer pronósticos. «Es impredecible», señalan.
De hecho, este desconcierto comenzó a tomar forma ya el miércoles cuando el que fuera ministro de Transportes utilizó su cuenta en X para lanzar varias andanadas contra el Gobierno. La primera –y más significativa– un ataque directo a Pedro Sánchez sobre un tema aparentemente intrascendente como una reunión, desmentida oficialmente, con Arnaldo Otegi en 2018. La segunda, contra la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. Tal como publicó ayer ABC las fuentes gubernamentales consultadas no acertaron a comprender qué buscaba con este movimiento, porque su ascendencia –como ha quedado demostrado– para evitar que Ábalos entrara en prisión era muy limitada, por no decir nula. «No hay nada que hacer por él», resolvían. Tampoco parece que el magistrado Leopoldo Puente haya decodificado las señales en forma de tuits que envió para dejarle en libertad.
La incapacidad para mejorar su situación y cómo esto pueda acabar afectando al partido es lo que provoca cierta sensación de abatimiento. En el PSOE se malician de que pueda adoptar una actitud de desestabilización del Ejecutivo, que acabe pasando factura, más allá de la plasticidad de la imagen de ver entrar a quien lo fuera todo en el partido y en el Gobierno en Soto del Real por delitos de corrupción.
La preocupación también se concentra en la capacidad de Ábalos de marcar la agenda y llevar la iniciativa, obligando a Ferraz y a Moncloa a reaccionar constantemente a sus movimientos. En este punto, algunos advierten de que «no es inteligente» ir al ataque contra el exministro, con reacciones airadas como calificarle de «trastornado», que emanaron directamente de miembros del Gobierno. Esto, unido a la precariedad parlamentaria del Ejecutivo y su incapacidad para aprobar nada en el Congreso sitúa la legislatura en una situación de colapso.
Page pide «muchísima cautela»
Pocos son los cargos que hablan abiertamente en público de los riesgos a los que se enfrenta el partido. No es el caso de Emiliano García-Page que ayer recomendó a Sánchez tener «muchísima cautela» ante la eventualidad de que Ábalos tire de la manta. «Hay multitud de espadas de Damocles sobre la escena política nacional» y a la hora de temer represalias, hay que tener en cuenta que «la mayoría de las pruebas son autopruebas, son grabaciones de los propios imputados, particularmente de Koldo», señaló, para sentenciar: «Yo tendría la mosca detrás de la oreja permanentemente». El presidente de Castilla-La Mancha lidera la corriente interna que pide que las generales se celebren antes de las municipales y autonómicas para que los cargos territoriales no paguen las consecuencias de la gestión nacional.