Si hay una ciudad y afición que lleve hasta el extremo el nivel de intensidad de fidelidad y de pasión por su equipo, esa es Belgrado y la afición del Partizan. Las últimas horas han sido convulsas y calientes en el mítico equipo serbio, y es que tras la abultada derrota ante Panathinaikos (91-69) el pasado martes, su técnico, el mítico Zeljko Obradovic presentó su dimisión irrevocable. 

Un día después la directiva contestó a esa decisión con un comunicado en el que rechazaban su propuesta, «El Comité Ejecutivo decidió por unanimidad, a propuesta del presidente del club Ostoja Mijailović, no aceptar la dimisión y ofrecerle apoyo incondicional, expresando su deseo de que siga siendo el entrenador del KK Partizan Mozzart Bet y tome las medidas necesarias para mejorar los resultados del equipo. Nos hemos puesto en contacto con él para que reconsidere su dimisión, la retire y continúe su trabajo con el equipo». 

Obradovic, que nunca antes había sido cesado como técnico de club, se quedó en Atenas, una noticia que trascendió a parte de la afición que no dudó en movilizarse en el aeropuerto varias horas antes de que regresase con la intención de convencerle de que diera un paso atrás en su decisión protagonizando una imagen insólita propia de una afición fiel, intensa y comprometida con su entrenador más que con el propio club.