La ilusión fue efímera. Duró alrededor de 24 minutos, que fue el tiempo en el que el Baskonia se sintió con opciones de ganar … en Kaunas. Tras la canasta de Tadas Sedekerskis que colocó el 40-49, el Zalgiris activó la caldera de una de las canchas con mayor temperatura de Europa. Quedó sepultado el anhelo azulgrana de romper de una vez por todas el maleficio que le lleva a no ganar un solo partido a domicilio en la Euroliga desde el 17 de diciembre del pasado año. Fue ante el Maccabi en el exilio de Belgrado. Un 85-95 resuelto en ese ambiente desangelado de partido disputado a cancha cerrada, sin el ardor de una afición local que ponga los decibelios. Desde entonces, son ya quince enfrentamientos perdidos lejos del Buesa en la máxima competición continental. Un período de abstinencia demasiado largo.

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En la presente campaña, la derrota en casa del Asvel dejó un poso de oportunidad perdida, al igual que la sufrida ante el Maccabi hace dos semanas. En el resto de encuentros frente al París Basketball, Estrella Roja, Hapoel Tel Aviv y Zalgiris la inferioridad azulgrana ha sido manifiesta. Quedan algunos retazos de brillo y un puñado de cuartos de buen baloncesto por parte de los vitorianos, pero no una estampa completa y reconocible de visitante capaz. Faltan esa dureza extra y cierta capacidad para madurar partidos que permitan protagonizar una salida triunfal de cancha ajena en la Euroliga.

Esa nula cosecha a domicilio sitúa al equipo de Galbiati lejos del pelotón de destacados de la Euroliga. Quizás sea la posición que le corresponde por potencial y disponibilidad económica, aunque no perdamos la esperanza de que, más pronto que tarde, ese espíritu rebelde que suele ir pegado al carácter Baskonia se traduzca en alguna conquista europea lejos del hogar. La campaña estival de captación de abonados azulgrana versaba sobre la necesidad de creer, más allá de argumentos racionales o sesudos análisis baloncestísticos. En ello seguimos, aunque algunos ya con ganas de sustentar su fe en una doctrina más firme.

Ahora, llega el parón competitivo para que las selecciones nacionales luchen en esa suerte de mascarada que son las ‘ventanas FIBA’, en las que casi nunca van los mejores y que, desde la perspectiva azulgrana, solían tener el aliciente de contemplar el debut de algún jugador con un combinado nacional distante de su lugar de nacimiento. La pasada temporada por estas fechas, se contaban las horas para que llegara el parón y que Kamar Baldwin debutara con Georgia y adquiriera la licencia comunitaria.

Este año ni eso. La plantilla azulgrana cuenta con cuatro ‘extranjeros’ en nómina: Markus Howard, Trent Forrest, Markquis Nowell y Kobi Simmons, pero en esta ocasión no habrá conversiones de ciudadanos estadounidenses en mercenarios de un poder extranjero. Entre este cuarteto, puede que Forrest tuviera más oportunidades de atraer la atención de alguna selección con la que debutar y pasar a ser comunitario, pero aquella lesión que sufrió en París a primeros de octubre fue inoportuna hasta con vistas a un posible debut en las ventanas FIBA.

Ningún baskonista estrenará nueva nacionalidad durante esta semana de menús tan dispares como un Ruanda-Guinea, Polonia-Austria, Japón-China Taipei o un Chile-Brasil, cuatro partidazos correspondientes a los diferentes torneos clasificatorios para la Copa del Mundo de 2027. A la España de Chus Mateo, sin representantes de los equipos de Euroliga, le toca en suerte medirse a Dinamarca y Georgia. En este último equipo compite Tornike Shengelia, dispuesto a saltarse el descanso tras el partido de Euroliga en la cancha del Asvel para viajar de inmediato a Tiblisi y medirse a Ucrania como capitán del combinado de la antigua república soviética. Un guerrero leal a su tierra. Al menos durante esta ‘ventana’, no habrá patriotas en el Baskonia.