Sebastià Martí (Barcelona, 1971) no sale a la calle sin sus bolígrafos negros, blancos y rojos. Si lo hiciera, se sentiría demasiado ligero y algo desnudo. La carencia se haría más evidente cuando, al acomodarse en un bar o restaurante, advirtiera la imposibilidad de plasmar su arte en los manteles de papel del establecimiento, una de sus grandes diversiones desde hace más de una década.
Terminar exponiendo estos dibujos no estaba en sus planes, pero la idea se le fue apareciendo con mayor claridad según se iban acumulando en el fondo de un cajón. “Cuando tuve unos cuantos, me propuse dar con un lugar especial donde mostrarlos”, cuenta este ilustrador y pintor nacido en Horta. Y lo encontró paseando por la calle Tordera del barrio de Gràcia.
Allí, en el número 58, se topó con la Fonda Pepa, de los amigos y cocineros Pedro Baño y Paco Benítez. Sus antiguas paredes y las vigas de madera del techo se alzaron como el expositor perfecto para sus artísticos manteles. Aunque seguramente también influyeron en su decisión los deliciosos aromas del recetario tradicional catalán combinado con otras gastronomías del mundo que emanan de la cocina abierta del local…
Una flecha o un círculo aclara de qué son las salpicaduras de comida que forman parte de los dibujos de la muestra
Sea como fuere, quien estos días se pase por la casa de comidas mencionada podrá admirar una veintena de las creaciones de Martí, fruto de las gentes y las gustosas elaboraciones que lo acompañaban en el momento de concebirlas. En ellas, aparecen en repetidas ocasiones sus dos hijas, Heura y Clea, que el visitante puede ver crecer a través del papel. También está allí plasmada su mujer, como algunas personas anónimas que disfrutaban de su comida en las mesas circundantes. “Todas las he terminado en el tiempo que dura una comida. Todas excepto una”, revela. Esta última es fácil de diferenciar del resto de propuestas que reúne la muestra, que se podrá visitar hasta el 15 de marzo. La realizó en una terraza de la concurrida plaza de la Corredera, en Córdoba.
En el mantel que usa como lienzo, manchurrones de aceite delatan los platillos que devoró ese día. “No lo recuerdo con exactitud, pero algo de pescaíto frito”, recuerda Martí. Aquí la suciedad no molesta, es parte de la obra. El artista aprovecha las marcas para pintar formas y colores a su alrededor, como en el resto de sus trabajos. Este dibujo tuvo que terminarlo a posteriori por su extremado detallismo: decenas de personas colman las mesas de la plaza andaluza un día soleado, cosa que se percibe por todas las miradas que se esconden tras unas gafas de sol.

Uno de los dibujos del artista barcelonés, realizado en una terraza de Córdoba
Joan Mateu Parra / Shooting
Esta y el resto de ilustraciones son crónicas que según su autor “retratan placeres sencillos y sin pretensiones”. En algunas, una flecha o un círculo aclara de qué son las salpicaduras que las integran. “¿Ves? Aquí escribí que la mancha era de sopa”, explica Martí señalando un dibujo donde aparece su familia. En otro colgado justo encima, sus hijas han sido bautizadas con tinta negra como “Zampaaa pizzas”.
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El Hostal Parada, en Panadella; El Grevol Vimbodi, en Tarragona; el Gravat, en Vic; el Asador Avenida, en Boltaña, e incluso uno de los locales de la cadena Udon participan en la exposición a través de sus tapetes desechables, en los que el ilustrador ha inmortalizado distintas escenas con mucho arte. Los dibujos han sido apodados con el nombre de los mismos establecimientos, porque poner título a un mantel de papel “me parecía presuntuoso”, opina el artista.

Pedro Baño y Paco Benítez, al frente de la Fonda Pepa, conversan con Sebastià Martí en una de las mesas del restaurante
Joan Mateu Parra / Shooting
La idea es seguir ampliando la colección para, quizás, organizar exposiciones en otros restaurantes en un futuro. Así que, estimados lectores y lectoras, mantengan la compostura cuando decidan ir a comer fuera. Solo por si Martí se encuentra en la mesa de al lado y los está retratando…