Madrid, 29/11/2025
Hace tres años el Museo del Prado puso en marcha la iniciativa El Prado en femenino: itinerarios anuales destinados a ofrecer visiones alternativas sobre sus colecciones haciendo protagonistas a mujeres que promocionaron, atesoraron e inspiraron parte de las obras de sus fondos.
Desde 2022, y contando con la dirección científica de Noelia García Pérez, catedrática de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, el proyecto ha adquirido un éxito notable y recibido el reconocimiento tanto de instituciones feministas como de historiadores del arte; como ha subrayado hoy Miguel Falomir, por su contenido y por su forma. También ha cosechado réplicas en otros centros de arte.
Tras capítulos dedicados a las mecenas entre los siglos XV y XVII y en el periodo barroco, esta tercera edición de El Prado en femenino se centra en Isabel de Farnesio, cuya figura fue más que decisiva en la formación de las colecciones de la pinacoteca: adquirió o encargó cerca de quinientas de las piezas que hoy salen a nuestro encuentro en, aproximadamente, la mitad de sus salas.
Desde 1714, cuando contrajo matrimonio con Felipe V (reciente viudo), a 1766, año de su muerte, desarrolló una labor de patronazgo activa, con un grado de libertad considerable y sostenida en gran medida por su propia economía, por el llamado bolsillo de la reina. Sus gustos eran muy definidos, y además sinónimo de calidad: entre sus preferidos se encontraron Murillo (desde el lustro real en Sevilla), Velázquez, Rubens, Van Dyck o David Teniers el Joven, pero además tomó la decisión última de adquirir las esculturas clásicas que pertenecieron a Cristina de Suecia, hoy en la planta 2 del edificio Villanueva, y veló por que su embalaje y traslado fuesen los adecuados.
García Pérez ha reconocido la dificultad de seleccionar las cuarenta y cinco piezas que forman parte del recorrido entre ese medio millar de posibilidades. Se ha buscado su representatividad y se articulan en tres secciones, la primera relativa a la construcción de la imagen de la reina, en nuestro país llamada la parmesana por su origen. Dada la salud frágil de Felipe V, asumió en varias ocasiones tareas de gobierno y su poder se subrayó iconográficamente; los usos y funciones vinculados a sus retratos por Jean Ranc y Van Loo podrán completarse con el estudio de los de las consortes de sus hijos e hijastros: Luisa Isabel de Orleans, Bárbara de Braganza y María Amalia de Sajonia.
Itinerario El Prado en femenino. Sala 39. Fotografía: © Museo Nacional del Prado
Louis-Michel van Loo. La reina Isabel de Farnesio, 1739. Museo Nacional del Prado
Una segunda sección repasa su colección de pinturas: atesoró más de un millar -un tercio hoy en el Prado-. Alrededor de la mitad se deben a pintores flamencos (Rubens, Teniers el Joven, Brueghel) y atendió igualmente a italianos (Correggio, Veronés, Parmigianino, Guido Reni) y españoles (los citados Murillo, Velázquez, Ribera y Carreño de Miranda o Claudio Coello). Fue menor en sus fondos la presencia de pintores franceses y alemanes. Y la tercera corresponde a las que García Pérez entiende como las piezas más elocuentes respecto a su criterio y su modo de coleccionar, el mencionado conjunto escultórico más cotizado del momento: aquellas composiciones que habían seducido a Cristina de Suecia, de taller romano o de la Escuela de Pasiteles, que podemos admirar entre las salas 71 y 74 y en la Sala de las musas.
De ellas quiso la reina elaborar el que habría de ser el primer catálogo ilustrado en una colección real, labor que se encargó al abad siciliano Ajello e Liscari. Sin embargo, Isabel de Farnesio no quedó satisfecha con el resultado y decidió que no se publicara: consciente de la importancia de sus fondos, lo fue también de que no mostrarlos de manera adecuada podía suponer un demerito (para esas obras y para su propia fama). Ese catálogo no se conserva, pero sí un conjunto de cincuenta y nueve dibujos preparatorios, también en el Prado.
Si las piezas que pertenecieron a Felipe V se marcaban con un aspa de Borgoña, las de su esposa incorporaban una flor de lis, y el mismo signo se ha sumado ahora a las cartelas de las obras que fueron de la reina, incluidas o no en este recorrido. Del mismo forma parte, recién llegado a España, el boceto de La educación de la Virgen de Murillo que fue robado en el Museo en 1897 y que ha sido hallado recientemente en Pau; por el momento, ha sido cedido temporalmente por una década a falta de la aprobación en Francia de fórmulas legales que canalicen su posible restitución.
Itinerario El Prado en femenino. Sala 17. Fotografía: © Museo Nacional del Prado
En el repaso a estas composiciones con el sello del interés Farnese merece la pena detenerse en el rico aparato escénico de los retratos familiares de los reyes y sus hijos por Ranc y Van Loo; en los lazos azules, alusivos a los Borbones, y las miniaturas con los rostros de sus maridos que portan algunas de las consortes de los hijos de Felipe V; en la conjunción en Murillo de teología y ternura -se han recuperado para la ocasión, de los almacenes, una Inmaculada Concepción, un Ecce Homo y una Dolorosa; o en la muy distinta elegancia grácil de Watteau en Capitulaciones de boda y baile campestre.
De esta ruta también forma parte el San Juan Bautista de Solimena, vigoroso y sumido en un expresivo claroscuro; la Sibila de Velázquez (gracias al inventario de la reina sabemos que se trata de su esposa, Juana Pacheco); el apostolado de Rubens (de algunas composiciones de este autor encargó copias, entonces no devaluadas); o el Sueño de Jacob de Ribera, comprado en su momento como obra de Murillo.
Rubens. San Pablo, 1610-1612. Museo Nacional del Prado
Guido Reni. San Sebastián, 1619. Museo Nacional del Prado
Se hizo igualmente con el recientemente restaurado San Sebastián de Guido Reni, con bodegones de Clara Peeters (una señal de su reconocimiento); la piadosa Santa Bárbara de Parmigianino o El triunfo de la muerte y El paisaje nevado con patinadores y trampa para pájaros de Brueghel, aterrador el primero y sólo aparentemente armónico el segundo.
En cuanto a las esculturas que fueron de Cristina de Suecia, contó en su adquisición con el apoyo de numerosos intermediarios (cardenales, artistas, nobles) y con el estímulo de la educación que había recibido en su infancia y del deseo de elevar los horizontes de la colección real española.
Pieter Brueghel el Viejo. El triunfo de la muerte, 1562-1563. Museo Nacional del Prado
Escuela de Pasiteles. Orestes y Pílades o Grupo de San Ildefonso, hacia 10 a.C. Museo Nacional del Prado
OTRAS NOTICIAS EN MASDEARTE: