Decía Lluís Permanyer, el cronista contemporáneo más influyente de Barcelona, que uno sabía que estaba en esta ciudad cuando, al entrar con desconocidos en un ascensor, en lugar de hablar del tiempo emergía un debate sobre la última controversia arquitectónica. El asunto que hoy encendería la conversación sería la ampliación del antiguo Cine Comedia para acoger el Museo Carmen Thyssen, un proyecto que ha movilizado a arquitectos, urbanistas, historiadores, entidades vecinales y a buena parte del sector cultural, y cuya transformación el cronista tildó de “catastrófica” semanas antes de morir.
El conflicto ha ganado intensidad. El Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC) ha pedido al alcalde, Jaume Collboni, suspender la tramitación urbanística actualmente en exposición pública y replantear el proyecto mediante un proceso participativo acompañado de un concurso de ideas.