La de Irieix es una de las propuestas más marcianas y estimulantes que ha dado el pop catalán en los últimos años. Irieix no se parece a nada. O, mejor, se parece a muchas cosas que a ningún músico con ambición de tener una carrera exitosa se le ocurriría juntar: Sisa, Pop X, Juan Gabriel, Power Burkas, Guillermina Motta, Chimbala, La Ludwig Band, John Paul Young, Luis Aguilé, Juan Wauters, Kanye West, Esperit!, El Chuape, Remei Margarit… Todas esas (y muchas más) son las referencias que alimentan el discurso artístico de este cantautor galáctico que ha sido el encargado de componer, junto a Esteban Navarro (Venga Monjas), el villancico ‘Un cor que batega’, que, interpretado por una coral de 40 voces, pone banda sonora a la campaña navideña del Ayuntamiento de Barcelona. «Era un encargo tan absurdo que valía la pena hacerlo», afirma.

Irieix es, en la vida civil, Lluís Margarit Vallcorba, un entusiasta de la procrastinación nacido en Granollers en 1994 que se gana la vida como sonidista de cine y televisión. «Irieix era el nombre que me quería poner mi madre, porque una prima suya tenía un hijo que se llamaba así -relata-. Pero en el último momento, mi abuela dijo que no, que era muy difícil, y que me llamaran Lluís. Yo tenía esa espina clavada y me la he quitado adoptando Irieix como nombre artístico».

Desde el principio, Margarit tuvo claro que su proyecto musical iba a estar basado en el juego y la experimentación. Llegó a grabar un primer disco solo con una guitarra y las notas de voz del iPhone y lo colgó en Spotify, pero lo borró al cabo de dos meses porque le daba vergüenza. Le faltaba aún esa distancia autoparódica que ha caracterizado toda su producción posterior. «Irieix convive todo el rato con el ‘cringe’, con la vergüenza ajena -señala-. Hay mucha gente haciendo música y tomándoselo todo muy en serio y a mí eso es una cosa que me parece un poco ridícula. Me da miedo caer en eso».

Un carnaval iconoclasta

Después de publicar algunas canciones sueltas «a medio producir» y de protagonizar caóticas pero inspiradoras actuaciones en salas de tamaño XS, Irieix fue reclutado por el sello Primavera Labels, que, como no podía ser de otra manera, acabó instándole a grabar un disco largo en condiciones. «Es algo que había ido posponiendo, por pereza sobre todo, pero cuando entró el Primavera ya vi que había llegado el momento». El resultado es ‘Irieix I, el Geperut’, un carnaval iconoclasta en el que se mezclan el entoldado de fiesta mayor, los bombos electrónicos, el teatro vanguardista, los teclados MIDI, la poesía trovadoresca, los ritmos latinos, el punk-rock y el ‘autotune’.

Es, también, lo que antes se llamaba un ‘álbum concepto’, una colección de canciones cosidas por un tenue hilo argumental centrado en el personaje que da título al disco, una «persona desubicada» con una triste vida sentimental que recurre al humor para evitar el conflicto y al que, de tanto echarse los problemas a la espalda, le acaba creciendo una joroba monstruosa. «Creo que lo de la joroba es una metáfora que funciona muy bien -apunta el artista-. Es el lugar en el que Irieix va escondiendo los problemas emocionales y también las tareas pendientes, pero, claro, cuantas más cosas guarda, más grande se hace y más pesa».

Lluís Margarit, caracterizado como Irieix I, el Geperut

Lluís Margarit, caracterizado como Irieix I, el Geperut / Mateo Sanz Román

Una de las particularidades de Irieix es que canta tanto en catalán como en un castellano de acento latinoamericano -«uruguayo», puntualiza- que resulta gracioso y provoca incomodidad al mismo tiempo. «Empecé a escuchar mucha música latinoamericana y me dio por imitar a los cantantes, y vi que poniendo esa voz me era más fácil decir cosas que me quedaban muy lejanas -explica-. Inevitablemente, cuando canto en catalán me sale una cosa más personal, aunque lo intente evitar, pero en ese castellano latinoamericano me siento más cómodo diciendo chorradas. Y también me sirve para darle a todo un aire más teatral».

Cantautores y guasa

Lo del aire teatral es importante para Irieix, porque nada parece provocarle más rechazo que esos artistas que alardean de haber hecho su «disco más personal». «Veo que en Catalunya la industria ‘mainstream’ se aferra a esa idea de que los cantautores han de tener una narrativa íntima, que han de explicarnos su vida. Esa figura me da una pereza terrible. Es verdad que la música es algo que sale de dentro, pero está bien meterle un poco de guasa y de teatro. Si explicas un drama, puedes exagerar el sentimiento y llevarlo a un terreno más paródico. A mí ese es el punto que me gusta».

Irieix es consciente de que esa propuesta tan singular y tan alejada del pop en catalán que hoy llena estadios y encabeza festivales puede tener una recepción limitada, pero eso no parece importarle ni mucho ni poco. «Siento que a nivel cultural se está haciendo un poco siempre lo mismo, usando una y otra vez las mismas herramientas, y yo quiero salir de eso. Y a quien le guste, bien. Prefiero tener un grupo de fans, aunque sea reducido, que enloquezcan con el proyecto y conecten y lo hagan suyo que llenar un Sant Jordi de gente a la que le guste un poco pero al día siguiente ya esté con otra cosa. Creo que si un día tuviera mucho público, eso me generaría muchas inseguridades y empezaría a preguntarme si de verdad estoy haciendo lo que quería hacer».

Quizá ese salto no esté tan lejos como él mismo piensa, a juzgar por la acogida que está teniendo ‘Un cor que batega’. «Sí, lo de la canción de Navidad del Ayuntamiento era como un regalo envenenado -asegura-. Yo tenía muchas dudas, pero fue muy divertido hacerla y ahora veo que ha tenido muy buena recepción y le gusta a la gente mayor y a los niños. Nunca hubiera pensado que una canción de Irieix pudiera generar eso, y mi primera reacción es pensar: ‘Igual hemos tocado teclas que no deberíamos haber tocado’ [risas]. Pero estoy muy contento, de verdad”.

Irieix presentará su primer álbum en directo el 12 de diciembre en la sala Laut de Barcelona, el 9 de enero en el Cafè del Teatre de Lleida y el 30 de enero en la sala Yeah de Girona.

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