Alberto Peral es el ganador de la III edición del Premio de Escultura Fundación Bosch Aymerich. El galardón fue otorgado por la intervención Splashing Mies, obra realizada en el Pabellón Alemán construido por Mies van der Rohe y Lilly Reich, para la Exposición Internacional de Barcelona en 1929. THE OBJECTIVE se reúne con el escultor vasco en su taller de Barcelona. Además de su labor como artista, también dirige el proyecto Halfhouse, un lugar de encuentro y trabajo de arte multidisciplinar. «Desde siempre he considerado que lo artístico no solo es una práctica individual, sino una interrelación entre personas y referentes, lo cual permite que mi lenguaje se enriquezca», nos cuenta.
PREGUNTA.- En Halfhouse cumple la labor de gestor cultural. ¿Cómo surgió el proyecto?
RESPUESTA.- Hace años, estuve en la residencia de Capacete en Río de Janeiro, un programa anual dedicado a la investigación, la práctica en artes y pensamiento crítico y me gustó mucho su espíritu. Era un lugar de encuentro, muy ágil y a su vez cercano, casero. Al regresar a casa, me di cuenta de que faltaba algo así, y nació Halfhouse. A partir de 2016 colabora con nosotros Eremuak, del Gobierno Vasco, para ofrecer una beca para artistas o residentes en la Comunidad Autónoma Vasca, con objeto de apoyar en el contexto de las artes visuales. La residencia tiene lugar entre agosto y octubre en Barcelona y acaba con la exposición del trabajo realizado durante ese periodo e inaugurado en el espacio. Este año nos acompañó la escultora Susana Solano, con la intervención Lo que supe y olvido, y actualmente se está preparando la obra de la artista Iona Leache.
P.- Usted ha desarrollado casi toda su obra en Barcelona…
R.- Estudié escultura en el País Vasco, pero llegué hace 30 años a Cataluña. Recibí la Beca de la Academia de Roma en 1993 y ese año, viviendo allá, me hizo tener claro que quería regresar, pero a Barcelona. Desde siempre he trabajado con escultura, o más bien dicho, todo mi trabajo parte de esta, la fotografía, los videos o demás medios.
«Creo que mis piezas suelen completarse al ser recorridas»
P.- En 2023 presentó la exposición Dar la vuelta en el Museo Patio Herreriano de Valladolid. El proyecto revisaba cualidades arquitectónicas, perceptivas o históricas en la emblemática Capilla de los Condes de Fuensaldaña y en la Sala Gil de Hontañón…
R.- La muestra fue también un ejercicio especulativo en torno a la materia, la piedra de Campaspero, con la que fue construido el antiguo Monasterio de San Benito el Real. También tuvo que ver con cómo trabajar elementos sencillos o básicos, sobre el espacio, y hacer el trayecto, porque creo que mis piezas suelen completarse, al ser recorridas. En la Capilla, estaba el gran muro construido con sillares de piedra que se yergue en el centro del espacio. Es un elemento exento, lo que nos sitúa ante una arquitectura dentro de otra arquitectura.
P.- Dar la vuelta era una muestra pensada específicamente para un lugar icónico, al igual que Splashing Mies, en la cual ha trabajado con el arquitecto David Mesa como comisario y lo ha hecho ganador del Premio de Escultura Fundación Bosch Aymerich.
R.- Había trabajado anteriormente con David, porque le doy mucha importancia a los espacios y a la arquitectura. Los elementos escultóricos con los que trabajo, muchas veces los busco activar y en la búsqueda de esta disposición, habíamos colaborado varias veces en temas técnicos, dándome una mirada diferente. Para el concurso de Mies él me convocó, es también un gran investigador. El pabellón se interviene cada cierto tiempo por distintos artistas. El Premio de Escultura Fundación Bosch Aymerich, valora el diálogo conceptual y formal entre la escultura y la arquitectura y ha sido un gran honor recibirlo.
P.- ¿Y cómo se planteó este diálogo frente a una construcción tan paradigmática como lo es el Pabellón alemán? Teniendo en cuenta además los elementos históricos…
R.- El pabellón de Mies es una especie de Las señoritas de Avignon para la historia de la arquitectura, si ves Montjuic y el MNAC, es increíble darte cuenta de que es de la misma época. El pabellón es una cosa aislada, de una arquitectura de absoluta vanguardia. Pero también se dio porque en 1929 con la Exposición, había un espíritu en Barcelona de modernidad y de bonanza económica, pero aun así Mies y Reich, arriesgaron muchísimo. Lo paradigmático, también, es que pese a ser un manifiesto de la modernidad, luego se destruye. La reconstrucción llegó mucho tiempo después, en los años ochenta.
P.- La emblemática escultura Down del pabellón del artista Georg Kolbe, también es un contraste importante en el espacio y un punto focal en el patio del estanque…
R.- Su elección ha debido tener que ver con el momento histórico, es el tipo de escultura que se hacía en la época, en cierto sentido es moderna, por el lenguaje del cuerpo, pero también tiene algo de expresionismo alemán. Creo que busca contraponer esa especie de pureza arquitectónica con la representación humana en la escultura. Es una pieza que tiene que pensarse desde su época, aunque se vea antigua en contraste con el edificio. Es casi como un residuo de lo no moderno y también un interés de introducir arte en el espacio.
«Tenía ganas de hacer algo disruptivo, pero con mucha lógica para poder jugar con el propio lenguaje de la arquitectura»
P.- ¿Hacia qué elementos formales del espacio enfocó la intervención?
R.- Hay dos fuentes y dos planos de agua, que Mies coloca como elemento físico, es decir, como si fuera un muro y utiliza el agua de esa manera a nivel horizontal. Todos los cristales, que además para la época eran absolutamente novedosos y sus muros no sostienen nada, no son de carga. Al plano de agua le quise dar movimiento y circularidad, para romper con ese elemento estático, y a su vez darle sonoridad. Al mismo tiempo, la fuente deja varias preguntas abiertas, como el origen del agua. Lo que me gusta de esta intervención es que, con piezas muy sutiles, intento colocar varias capas. Desde el movimiento, aprovecho la línea de agua y le doy la capacidad a su vez, que tiene de reflejo. Así, pude jugar con la imagen sobre la superficie y lo físico.
P.- El comisario David Mesa, señala que la intervención: «Apunta a sus elementos constitutivos más etéreos: los reflejos presentes en las piedras, vidrios, metales y superficies de agua que diluyen la solidez de sus parámetros…».
R.- Al llegar a un lugar con tanta importancia arquitectónica, en este caso un punto de partida de la modernidad, me pregunté cuál podía ser mi aporte. Era fundamental lograr ensamblar un espíritu de respeto, pero a su vez, vencer mis propios miedos. Tenía ganas de hacer algo disruptivo, pero con mucha lógica para poder jugar con el propio lenguaje de la arquitectura. El diálogo no es literal ni evidente.