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"Si esta asfixia sigue no habrá marcha atrás en el deterioro"
TTitulares

Si esta asfixia sigue no habrá marcha atrás en el deterioro

  • 29/11/2025

Desde que Rommy Arce, bibliotecaria de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y miembro de la junta del PTGAS (Personal Técnico, de Gestión y de Administración y Servicios), accedió a su puesto de trabajo hace 17 años “solo ha conocido la crisis”, cuenta. En el último curso, debido al recorte del 35% en los gastos su universidad, ahogada en un déficit de 140 millones de euros, no han podido renovar adecuadamente el fondo bibliográfico. No se han podido satisfacer las demandas de investigación, de estudio o de formación, explica. Y eso es un problema serio, tercia Ana Martínez Rus, profesora de Historia Contemporánea en el centro.

La Comunidad de Madrid quiere fijar por ley que no aportará más del 70% del presupuesto de las universidades

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Arce lleva 17 años en el mismo puesto –con una pausa de cuatro años en 2015 cuando entró como concejal en el Ayuntamiento de Madrid–, pero nunca ha experimentado un aumento de sueldo, pese a que ahora tiene mucha más carga de trabajo, menos prestaciones internas, y enormes dificultades para solicitar licencias, coger vacaciones, o pedir una baja médica. “Cada vez somos menos y no hay reposición. Se jubilaron el año pasado tres personas y no hemos visto que llegue personal nuevo. Además, nuestras retribuciones no han aumentado en paralelo a la inflación y al coste de la vida”, profundiza.

Las universidades públicas madrileñas se están viniendo abajo desde la crisis de 2008, también en el sentido literal: “El año pasado impactó un trozo de techo sobre una bancada de trabajo del edificio de Biología y afortunadamente no había nadie, pero podría haber ocurrido un accidente. En cuanto a densidad de personas somos como una ciudad. No podemos tener edificios que no sabemos cuándo y dónde se van a caer”, cuenta Nagore García, Profesora Contratada Doctora de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

La situación está tan cronificada que, para los estudiantes de nuevo ingreso, cuenta Rubén, alumno de Estudios Hispánicos de la Universidad de Alcalá (UAH), la disfuncionalidad de la universidad es algo ya “normalizado”. Pero es ahora cuando se está produciendo un inexorable y decidido punto de inflexión, impulsado por la infrafinanciación estructural de los centros, que amenaza con cronificarse con medidas como que la Comunidad de Madrid pretende fijar por ley su aporte económico a las universidades públicas en un máximo del 70% del presupuesto de los presupuestos, un modelo que provocaría que todas ellas entrasen en números rojos.

Material inflamable o estudiantes con abrigos en las aulas

Madrid es la comunidad autónoma que peor financia a su universidad pública, cuestión que se materializa en conversaciones como las que tiene Alfonso Casani, profesor de Ciencia Política de la UCM, con compañeros de la facultad de Ciencias Físicas: “Me explicaban que el material —inflamable— que se estaba utilizando en algunas prácticas en los laboratorios no estaba pudiendo ser renovado por la falta de inversión”.

Hay clases enteras de alumnos con abrigos

Rubén
— Alumno de la UAH

O en que “una sala de trabajo en grupo que los estudiantes necesitan para desarrollar sus actividades” ha permanecido cerrada por obras medio año, como detalla Rommy. O en que a Emma, estudiante de Bellas Artes de la UCM, se le craquelan las piezas de barro porque el material lleva años sin cambiarse.

“En los baños de Filosofía y Letras hay un agujero del techo del que baja agua”, cuenta Rubén (UAH). “En los grados de Ciencias, sobre todo, falta material de laboratorio. Muchas veces tienen que estar compartiendo material hasta el punto de que no pueden trabajar adecuadamente”, prosigue.

“En algunas facultades del Campus Externo no tienen calefacción. Hay clases enteras de alumnos con abrigos”, dice, y no es el único que lo afirma. García (UAM) cuenta que los sistemas de climatización se estropean frecuentemente, lo que provoca que haga frío en los despachos, que en clase la gente esté “con sus guantecitos” o que en verano, debido al calor, haya quien se llegue a marear mientras presenta su TFG. “No es una cuestión puntual, sino generalizada”, apunta.

Contener con el cuerpo un modelo disfuncional

Pero lo indecible radica, sobre todo, en el agotamiento de los cuerpos y de las mentes de los docentes y del personal de la universidad, un cansancio que ya no se puede disimular: “Hay profesores que están cubriendo asignaturas que no les corresponden. Notamos lo cansados que están todos”, expresa Emma.

“Tengo varias compañeras que tienen una optativa sin profesor, directamente”, cuenta Rubén. Esto tampoco es un caso aislado: “Las jubilaciones no se reponen o cuando se reponen se hace con los puestos más precarios, más bajos. Se jubila un catedrático y te dan dos sustitutos que en nada equivalen a ese catedrático que se está perdiendo”, explica Casani (UCM).

Estamos en un límite que yo creo que si seguimos profundizando en esta asfixia, no hay marcha atrás

Nagore García
— Profesora Contratada Doctora de la UAM

“Se están haciendo unos sacrificios enormes para que la universidad siga siendo lo que nosotros hemos conocido, pero estamos en un límite que yo creo que si seguimos profundizando en esta asfixia, no hay marcha atrás. Ahora todavía podemos recuperarnos. Estamos a tiempo, pero ya estamos al límite”, denuncia García.

“Cada vez sucede más que tenemos unos horarios extenuantes. Entonces, es que cometemos errores. Al final te pasan cosas como que pones una clase en un horario en el que ya tienen otra clase sin darte cuenta. Hay momentos en los que pasas por los departamentos y hay un clima de tensión, de estrés. Cuando alguien se pone de baja o si alguien decide irse nos miramos como diciendo: ‘Buf, ¿Y qué hacemos ahora…?’ Y son situaciones que no deberían darse”, abunda.

Menos oportunidades para la investigación y peores prácticas

“Nosotros no solo somos profesores, sino también personal investigador. Pues los grupos de investigación no han recibido financiación este año”, señala Casani. “Una universidad debería tener recursos suficientes para tener autonomía para decidir en qué se invierte en cuanto a investigación. Es el acervo de conocimiento del país”, añade la profesora de la UAM.

Hay profesores a los que se les debe dinero de viajes de investigación: “En muchos de los casos tenemos que adelantar el dinero de esos viajes y se nos devuelve tarde y mal. Estamos hablando, a veces, de miles de euros, y no es razonable. Parte del profesorado tiene salarios muy bajos, como aquellos que acaban de entrar a la universidad, cuyo sueldo ronda los 1.300 euros durante, a veces, siete años”.

Antes se hacía una salida al mes en trabajos de campo y ahora se realizan dos al año

Alfonso Casani
— Profesor de Ciencia Política de la UCM

Otro aspecto llamativo en el que se aprecia la infrafinanciación es en que “hay algunos proveedores que han dejado de proveer a la universidad porque no reciben los pagos en tiempo y forma”, afirma García.

Casani cuenta que la oferta y la calidad de las prácticas que recibe el alumnado también se ha resentido enormemente. “Antes se hacía una salida al mes en trabajos de campo y ahora se realizan dos al año. Hay profesores tratando de financiar con parte de su presupuesto las salidas porque son indispensables para la correcta formación de los estudiantes”, resume.

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“Es importante entender la incertidumbre que existe en la universidad y el peso que eso supone sobre los trabajadores y en el alumnado. Los procesos de reducción de gastos, de negociación, la futura ley universitaria (LESUC), que no ha acabado de publicarse, se están realizando de manera muy poco transparente y esto se traduce en constantes rumores. La carga se nota en la vida laboral, pero también en nuestra vida personal. Estamos viendo, en definitiva, cómo se está cuestionando la propia capacidad de supervivencia de las universidades”, cierra el docente.

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