En 1975, Akira Kurosawa estrenaba Dersu Uzala, una película singular en su filmografía, la única rodada fuera de Japón, en formato de 70 mm y en idioma ruso. Basada en las memorias del explorador Vladimir Arseniev, la cinta narra la amistad entre un capitán del ejército zarista y un cazador nómada de la taiga siberiana, Dersu, cuya sabiduría y conexión con la naturaleza marcaron profundamente al director japonés.

El film, producido por los estudios Mosfilm, supuso el renacer artístico de Kurosawa tras una etapa oscura en la que incluso intentó suicidarse. La historia, impregnada de humanismo, muestra a Dersu como un hombre humilde, intuitivo y filosófico, capaz de leer las huellas en la nieve y de enseñar a respetar la naturaleza como si fuera un ser vivo. «El fuego es gente fuerte», dice en una de las escenas, revelando una cosmovisión que trasciende culturas.

La película fue un éxito internacional, ganó el Óscar a la mejor película extranjera y consolidó la admiración de cineastas de todo el mundo. Entre ellos, George Lucas, quien ha confesado en varias ocasiones que el personaje de Dersu inspiró la personalidad de Yoda, el maestro Jedi de Star Wars. Como Dersu, Yoda es pequeño, aparentemente frágil, pero dotado de una sabiduría ancestral y una visión espiritual que guía a los héroes en su camino.

La influencia no es casual, Lucas era un gran admirador de Kurosawa y ya había tomado referencias del cine japonés para construir la estructura narrativa de su saga galáctica. En Yoda resuenan las enseñanzas del cazador siberiano: la humildad frente a la naturaleza, la fuerza interior por encima del poder físico y la idea de que la verdadera grandeza reside en la armonía con el mundo.

Cincuenta años después, Dersu Uzala sigue siendo una obra maestra que no solo salvó la carrera de Kurosawa, sino que dejó una huella inesperada en la cultura pop. Sin aquel cazador de la taiga, quizá nunca habríamos escuchado a Yoda decir: «Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes».