Alba Torrens Salom (Binissalem, 1989) ha dejado una huella profesional y humana que va más allá de su ámbito de acción. Lo ha ganado casi todo en el mundo del baloncesto, pero también se ha hecho con el cariño de quienes han tenido la oportunidad de conocer a una deportista cuya madurez le ha permitido ver la importancia de los valores dentro y fuera de las pistas, los mismos que le han valido el Siurell de Plata 2025. Campeona de Europa, plata olímpica, triple medallista mundial, seis veces ganadora de la Euroliga… Y muchos más méritos que sitúan a Torrens en la cúspide del deporte español.

Recibir un premio, y más en Mallorca, siempre ha dicho que es especial…
—Así es. Lo hace más emotivo si cabe, y más un premio así, que es un reconocimiento que va más allá de la pista. Si has podido aportar algo más allá, haciendo camino e intentando ser cada día mejor y transmitir valores, es una satisfacción. Estoy muy agradecida al Grup Serra, al jurado y en especial a Ultima Hora, porque desde el primer día ha estado a mi lado. Siempre me he sentido acompañada, valorada y querida, dando visibilidad al deporte femenino desde aquella primera entrevista, que hice con 14 años, y que se publicó en el diario.

¿Cómo le gustaría ser recordada dentro del mundo del deporte y fuera de él, en la sociedad por su aportación?
—En la parte deportiva, como una persona que ha intentado ser profesional y exigente en lo suyo. Ese ha sido el granito de arena que he intentado aportar al crecimiento del deporte femenino y del baloncesto en concreto. Personalmente, he intentado no olvidarme nunca de que no somos lo que hacemos, sino lo que somos y de dónde venimos. Siempre he estado abierta a aprender, escuchar y hacerlo lo mejor posible, siempre pensando en las personas que están en tu entorno e intentando hacer sentir cómodos a quienes te rodean. Lo que me gustaría es haber dejado una huella o aportación que haya sumado.

Cuando era una niña e hizo las maletas para irse al Segle XXI, ¿imaginaba conseguir todo lo que ha logrado?
—He tenido la gran suerte de una persona que ha hecho una cosa que le ha gustado. Y tener el apoyo incondicional para conseguir un sueño. No me imaginaba cuando tenía 14 años llegar aquí, no me imaginaba lo que podía pasar, pero también hay que tener un toque de suerte para tener todos estos ingredientes y las posibilidades para conseguir lo que soñaba. Al final, ha sido y es mi profesión y sólo puedo estar agradecida a todos los que me han acompañado en este camino. Me siento una afortunada y estoy agradecida de hacer lo que me gustaba. Al final, el baloncesto ha sido una forma de expresarme, de crecer. Ha sido un estilo de vida. Me he sentido muy acompañada.

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Alba Torrens, en un momento de la entrevista. Foto: Pilar Pellicer

¿Le ha quedado alguna cuenta pendiente? ¿Tal vez la experiencia de la WNBA?
—La verdad es que no. Porque he tenido la suerte de poder elegir, incluso opciones como la WNBA. Fue una elección a conciencia. Dí prioridad a otras cosas, no porque no me hiciera ilusión. En ocasiones tienes que escoger y fue una elección mía, personal. Prioricé descansar tras las selecciones en verano. He intentado ser honesta conmigo mismo y hacer mi camino. Sólo te diría que me falta una cosa, que llegará cuando tenga que ser porque voy día a día, que es, de la misma manera que lo he vivido con fuerza, pasión y amor, dejarlo de la misma forma, en paz conmigo misma. Eso sería uno de los mayores triunfos.

¿Qué planes de futuro tiene más allá del baloncesto?
—No sé cuándo llegará ese momento, pero sí que te lo preguntas. El deporte me ha ayudado en el autoconocimiento, a crecer como persona. Todo ese aprendizaje me gustaría compartirlo y aportar, más desde fuera de la pista, ayudar o acompañar. No sé de qué manera, pero sí me gustaría estar cerca del baloncesto, de una manera diferente pero con la mentalidad de seguir e intentando ayudar, aportar a mi deporte desde un ámbito en el que me sienta capacitada.

¿Supone un orgullo formar parte de la ‘generación de oro’ del baloncesto balear?
—Si en tu ámbito cercano tienes referentes, ves que es posible llegar. Quiero destacar que, aunque esté muy lejos, siempre me he sentido querida. Y eso es un impulso extra. Volvía a Binissalem, a mi casa, y cogía fuerza.

¿Qué momento recuerda con más intensidad de su carrera?
—Podía haber soñado muchas cosas, pero el momento más especial es la medalla olímpica de Río. Por el equipo, lo que se creó y significó. Lo recuerdo como un momento de vivir entre la realidad y la ficción.

¿Cuál es su libro de ruta esta temporada?
—Cuando acabó el Eurobasket tenía claro que quería seguir jugando. Me preparo física y mentalmente hasta volver a competir, para estar lista y al 100% cuando llegue el momento y dar el máximo de mí.

¿Cómo ve el proyecto del Azulmarino? Llegó a sonar usted…
—Es ilusionante y destaca por cómo han apostado por el baloncesto femenino. El inicio de temporada está siendo espectacular y, la verdad, es un proyecto al que dejo la puerta abierta si se diera la ocasión en algún momento.