Un lobo inquieta a los cerditos propietarios de las galerías de arte. Lleva por nombre arte digital y es visto como una rareza por unos galeristas que constantemente hacen frente a otros lobos que merodean por el bosque del mercado del arte: impuestos, aduanas, posibles recesiones económicas, tendencias del mercado. ¿Cómo aguantar los soplidos de este lobo de arte digital poco conocido? ¿Cómo integrar en estos espacios tradicionalmente destinados a la pintura y a la escultura una disciplina que a menudo se escapa del objeto estático? El mercado es muy complejo y a veces no se puede estar innovando o arriesgando mucho…

Pero si el arte digital es arte y es contemporáneo, no tiene por qué ser tratado como un lobo. De hecho, no lo es. ¿Entonces, por qué cuesta que entre en las galerías? El experto e investigador especializado en artes y medios digitales Pau Waelder es quien hace este símil de los tres cerditos y las reflexiones anteriores. Y es él también quien señala los prejuicios o malentendidos que provocan esta visión del arte digital: que tanto el galerista como el espectador –y a veces el artista– lo conciben como una disciplina siempre espectacular, siempre innovadora y a menudo efímera como una figura de arena en la playa. Y, a su parecer, eso crea anticuerpos.

Robles: “Dejemos de tratar de ser los más grandes e innovadores o un ‘hub’, eso es palabrería de Silicon Valley”

Waelder lo expresó ayer en una charla, intitulada “¿ Quién teme al lobo?”, en el Centre d’ Art Santa Mònica, en Barcelona, en el marco del programa Focus Digital del think tank para galerías Talking Galleries, que dirige el gestor cultural y experto en el mercado del arte Llucià Homs. Es la segunda edición de este programa de simposios específico sobre la confluencia entre el arte, la ciencia y la tecnología que se celebra en Barcelona. El primero fue en el 2023, en el Macba.

El programa de ayer incluyó seis conversaciones de cerca de una hora. Hablaron expertos de toda índole de los retos de la conservación y de la restauración de obras, de las posibilidades de las artes digitales más allá del sector cultural o del papel de las instituciones en estas disciplinas. Todo eso sobre la base de los dos debates iniciales de la mañana, que protagonizaron, además del mismo Llucià Homs, Ricard Robles, cofundador del Sónar, en conversación con Cristina Salvador, de la agencia de comunicación Both, y Pau Waelder.

Para consolidar la presencia del arte digital tanto en las galerías como en las colecciones, para que sea tratado como arte en mayúsculas, quizá hay que conectarlo con talentos de muchas otras disciplinas artísticas. Es un pensamiento que cabría perfectamente en lo que expusieron Robles y Salvador en este Talking Galleries.

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Robles hizo también un símil, en su caso, culinario. Opinó que en Barcelona hay talento –descubierto y por descubrir– y un buen puñado de artistas de muchos ámbitos y microescenas. “Contamos con una serie de ingredientes que están repartidos por diferentes cocinas y es un momento ideal por encontrar al Ferran Adrià, al gran chef o a los grandes chefs para cocinar toda esta creatividad y convertirla en un proyecto que vaya un poco más allá de hablar de la cultura y de la cultura digital como si fueran solo cosas bonitas”.

Así que, según Robles, para hacer la mejor de las “ paellas”, nadie del sector implicado en la cultura y en el arte debería de perder el tiempo en preocuparse por convertir Barcelona “en un hub , en un ecosistema o ser los más innovadores o los más grandes…, eso es palabrería de Silicon Valley…, sino dedicarlo a conocernos entre nosotros mucho mejor”.

Pero no es suficiente con esta intercomunicación de sectores culturales. Robles invitó a los mundos empresarial, universitario, académico y de investigación a abrir las puertas para que haya “una circulación y una porosidad” de estas microescenas y “de estos talentos que se están incubando en diferentes sitios”, porque, “quizá moviéndose de un sitio a otro, se producen intercambios y se hace magia”. “Nos tenemos que encontrar más”, insistió.

Un ‘think tank’ de alcance internacional

El gestor cultural Llucià Homs conduce Talking Galleries desde el 2011, año que lo fundó. Desde entonces, este think tank organiza actividades y simposios relacionados con el mundo del galerismo, además de actividades de formación. Ha tenido presencia en Madrid, Londres, Berlín, París, Seúl o Nueva York. En esta última ciudad fue donde se dieron las últimas dos jornadas internacionales, en el 2022 y en el 2024. La celebrada ayer, con el apoyo del Departament de Cultura, en el Centre d’Art Santa Mònica, corresponde a Focus Digital, un programa de confluencia entre arte, ciencia y tecnología. Contó con una buena diversidad de participantes. Así, además de Ricard Robles o Pau Waelder, estuvieron desde la directora general de Innovació i Cultura Digital del Departament de Cultura, Marisol López, hasta artistas como Yolanda Uriz y Albert Barqué, pasando por la comisaria de Sónar+D, Antonia Folguera, o Andreu Rodríguez, presidente de la New Art Foundation.