Este sábado, los duques de Edimburgo han presidido la reapertura oficial del palco del hipódromo de Newbury. Se trata de un espacio muy vinculado a la historia ecuestre de la familia Windsor y que, tras su renovación, ha vuelto a acoger actos institucionales en las grandes jornadas de carreras. La cita ha tenido lugar coincidiendo con el Coral Gold Cup. Cabe apuntar que el hecho de que hayan asistido Eduardo y Sofía de Edimburgo ha devuelto ese aire tradicional que siempre acompaña a las carreras. Aunque ha sido un acto sencillo, sí ha tenido ese componente simbólico que en Reino Unido se entiende a la perfección: continuidad y tradición.
Sofía de Edimburgo ha vuelto a portar uno de esos looks invernales que tanto la caracteriza. Para la ocasión, ha optado por un abrigo-vestido verde oliva, de corte largo y estructura clásica. Además, el detalle de la lazada en la parte del cuello ha conseguido suavizar el conjunto. También ha lucido unas botas camel ideales para el asfalto mojado sin perder un ápice de elegancia. Aunque el gran protagonista ha sido el sombrero en tonos beige y fucsia. Una pieza que, como decimos, ha destacado sin romper la armonía del conjunto y que ha dado un contraste bien resuelto.
Los duques de Edimburgo en el hipódromo de Newbury. (Gtres)
Junto a ella, se ha dejado ver el duque de Edimburgo quien ha optado por un traje de gris raya diplomática, con americana cruzada y un aire marcadamente británico. Lo ha acompañado con una corbata verde estampada que ha combinado con el abrigo de su esposa. También ha portado un sombrero fedora en tono tabaco, muy habitual en él cuando asiste a este tipo de jornadas. En lo que concierne a los zapatos, una vez más ha elegido el color marrón, el mismo tono que el estuche de prismáticos con el que ha completado un estilismo clásico, correcto y el la línea de lo que se espera de los royals en estas jornadas deportivas.
¿Privilegios?
Además, esta aparición de los duques coincide con nuevas informaciones sobre su residencia de Bagshot Park. Según ‘The Times’ el príncipe Eduardo firmó, en 1998, un contrato de arrendamiento por 50 años con un alquiler simbólico de unos 6.000 euros anuales. Unos años después, tras una reforma en la que él aportó cerca de 1.6 millones de euros y la Crown Estate otros 3.5 millones, la renta se actualizó hasta los 105.000 euros anuales. Una cifra que, por aquel entonces, se presentó como ajustada al «valor de mercado de la finca».
Aunque el asunto ha vuelto a la actualidad porque en 2007 el duque decidió ampliar su arrendamiento, según el tabloide británico, a través de un pago adelantado de casi seis millones de euros. Una operación con la que garantizaba la residencia durante 150 años mediante su sociedad Eclipse Nominees Limited. Como publica ‘The Times‘, a partir de ese acuerdo, el royal estaría abonando solamente una renta mínima. Y eso ha motivado que se reabra el debate sobre los privilegios vinculados a determinadas residencias reales y las particularidades de los contratos que son gestionados por la Crown Estate.
Este sábado, los duques de Edimburgo han presidido la reapertura oficial del palco del hipódromo de Newbury. Se trata de un espacio muy vinculado a la historia ecuestre de la familia Windsor y que, tras su renovación, ha vuelto a acoger actos institucionales en las grandes jornadas de carreras. La cita ha tenido lugar coincidiendo con el Coral Gold Cup. Cabe apuntar que el hecho de que hayan asistido Eduardo y Sofía de Edimburgo ha devuelto ese aire tradicional que siempre acompaña a las carreras. Aunque ha sido un acto sencillo, sí ha tenido ese componente simbólico que en Reino Unido se entiende a la perfección: continuidad y tradición.