En Francia vuelve a sonar un nombre que despierta nostalgias de grandeza: Paul Seixas, apenas 19 años, ya convertido por algunos en la promesa que devolverá al ciclismo francés la épica de los ochenta.
El chaval ha ganado el Tour del Porvenir 2025 y se ha colado tercero en el Europeo, solo por detrás de dos tótems como Pogačar y Evenepoel.
Y con eso bastó para alimentar un fuego mediático que, para muchos, arde demasiado fuerte y demasiado pronto.
Entre quienes piden calma aparece una voz autorizada: Romain Bardet.
El ya retirado corredor de Picnic conoce bien ese vértigo.
Él también cargó, hace casi una década, con la etiqueta de “nuevo grande” tras sus podios en el Tour y en Dauphiné.
Y quizá por eso sus palabras destilan una mezcla de protección y experiencia: “Me inquieta un poco todo este ruido. Las expectativas son altísimas, y eso pesa en los jóvenes”.
Bardet no se refiere solo al ruido externo.
Habla del deporte tal y como es hoy: un ciclismo donde el profesionalismo empieza cada vez más pronto, donde el margen para equivocarse es mínimo y donde la presión se acumula como fatiga invisible.
“Para ser profesional ya se les exige muchísimo desde muy jóvenes. El nivel es enorme y las demandas mentales, aún mayores”.
Por eso insiste en algo que parece obvio pero que cuesta mantener: el disfrute, la ligereza, la capacidad de seguir pedaleando con la sonrisa interior intacta.
En su reflexión aparece inevitablemente el caso de Pogačar y aquella tercera semana del Tour 2025 en la que el esloveno pareció apagarse antes de que se supiera lo de su rodilla.
Una muestra —dice Bardet— de que incluso los talentos más luminosos necesitan respirar, reencontrar ese “flujo interior” capaz de sostener la excelencia con el paso de los años.
Y ahí es donde vuelve Seixas.
El mensaje no es frenar su progresión, sino protegerla: evitar que lo quemen a base de calendarios interminables o expectativas desorbitadas.
Bardet recuerda que un profesional puede disputar más de diez veces las mismas carreras, sin apenas renovación, y que eso puede erosionar la motivación.
Mejor introducir al joven francés en el WorldTour con cuentagotas, permitiéndole descubrir territorios nuevos, manteniendo viva la llama de la curiosidad.
“Hay que conservar el asombro. Si se hace bien, dentro de dos o tres años Paul seguirá teniendo ganas de descubrir carreras que aún no conoce”, concluye Bardet. Un recordatorio simple y, quizá por eso, tan necesario: antes que futuro Hinault, Seixas es un chico que acaba de empezar.
Conviene dejarle pedalear al ritmo de su propia historia.
Imagen: A.S.O./ Tony Esnault


