Rusia ha dado un giro radical: el oro, reserva estratégica e intocable durante décadas, se convierte ahora en salida de emergencia del Kremlin ante una crisis presupuestaria inédita, en medio de una guerra en Ucrania que cumpliría 4 años en febrero desde que Vladimir Putin diera la orden de invadir el país vecino. Mientras, en 2025 el déficit federal se ha disparado: 4,2 billones de rublos (unos 48.000 millones de dólares o 41.400 millones de euros al cambio actual) en los primeros diez meses, frente a apenas 0,2 billones de rublos en el mismo período del año anterior.

Este agujero fiscal coincide además con una caída abrupta de los ingresos por petróleo y gas, pilares tradicionales de su presupuesto. En octubre registraron una contracción del 27% anual, según publica Euromaidan Press. Al mismo tiempo, el fondo autorizado para sostener el estado (National Wealth Fund o NWF), se ha desplomado, pasando de 113.500 millones de dólares en 2022 (97.800 millones de euros) a apenas 51.600 millones en 2025 (44.500 millones de euros).

De acumulador a vendedor: un cambio histórico en la Reserva

Durante años, el Banco Central ruso compraba oro y lo almacenaba como escudo frente a sanciones y choques monetarios. Pero ahora ese guion ha cambiado. Por primera vez, Moscú está vendiendo oro físico en el mercado doméstico, en pleno rally alcista que invita más bien a acumular más, distribuyéndolo entre bancos nacionales, empresas estatales y fondos de inversión. 

Las cifras de este desmantelamiento son alarmantes: según estimaciones de la inteligencia ucraniana (Foreign Intelligence Service of Ukraine o SZRU), las ventas podrían alcanzar los 30.000 millones de dólares (unos 25.800 millones de euros al cambio actual), equivalente a unas 230 toneladas en 2025; para 2026 la previsión es aún más elevada: al menos 15.000 millones de dólares adicionales (115 toneladas). 

Desde febrero de 2022, el NWF ha visto reducidas sus reservas de oro a 405,7 toneladas en apenas 173,1 toneladas. 

Qué gana y qué pierde Rusia con todo esto

Vender oro permite a Moscú generar ingresos rápidos, indispensables para financiar sus gastos corrientes, incluidos los de defensa, que debido a la guerra en Ucrania ya suponen alrededor del 40% del presupuesto federal. 

Además, la inyección de capital ayuda a sostener la cotización del rublo frente a las monedas extranjeras, clave en un entorno de sanciones y congelación de activos en divisas occidentales, según publica The Moscow Times. 

Pero todo tiene su contrapartida: vender oro no es solo un parche, sino que compromete seriamente la estabilidad financiera futura. Al liquidar reservas acumuladas durante años, Rusia debilita su colchón de seguridad frente a choques externos. 

Mientras, ¿qué dicen los economistas? Pues advierten de los riesgos de dependencia creciente de ventas en activos, menor margen de maniobra en crisis futuras, y menos garantías para inversores externos. 

Sanciones, guerra y economía bajo presión

Desde la invasión de Ucrania en 2022, Occidente congeló buena parte de las reservas rusas en euros y dólares, lo que obligó al Kremlin a redefinir su estrategia financiera. El oro y el yuan emergieron como tabla de salvación y alternativas clave. 

Rusia además se puso a comprar domésticamente el oro extraído del país y evitar exportarlo, lo que elevó aún más sus reservas, hasta las 2.300 toneladas, convirtiendo al país en el quinto mayor depositario de oro del planeta, tras Estados Unidos, Alemania, Italia y Francia.

Este colchón ha servido durante años como respaldo ante la sanciones, pero la caída de ingresos por energía, sumada a los crecientes gastos militares, ha vaciado el fondo y obligado a movilizar sus reservas estratégicos, en medio además, de otro nueva y fuerte ofensiva del ejército ruso en el frente ucraniano. Necesita «combustible» para mantener y aumentar sus posiciones y ganar el mayor terreno posible ante un eventual acuerdo de paz. Su idea es de que cuanto tengan una mayor situación de superioridad, menos tendría que ceder.