Su filmografía, en realidad, es lo menos importante del director Rob Spence. Él mismo es su propia película, una historia viva de transformación y superación. A los 12 años, mientras jugaba con una escopeta, el arma se le disparó accidentalmente y el culatazo lo privó de la visión en su ojo derecho. La mirada del niño que soñaba con ser director de cine quedó, de esta manera, limitada hasta el extremo de que le resultaba difícil trasladarse sin tropezar y caer al suelo. Lejos parecía quedar, entonces, el sueño de ponerse tras una cámara y capturar el mundo.                            

Con el paso de los años, su ceguera se agravó progresivamente y el ojo afectado comenzó a infectarse de manera recurrente. Para entonces, Rob Spence ya tenía clara su vocación por el cine y, cuando los médicos le recomendaron que se pusiera un ojo de cristal para resolver el problema, él planteó una alternativa audaz: ¿Y si en su lugar fuera una cámara? 

Los cyborgs ya no eran, en ese momento, criaturas exclusivas de la ficción: personas como Neil Harbisson, nacido con una ceguera para los colores que le hacía percibir el mundo en blanco y negro y que había solventado el problema implantando una antena en su cráneo, habían sido reconocidas por el gobierno como ciborgs oficiales. ¿Por qué no podía ser Rob Spence, entonces, el primer cyborg cinematográfico?

La historia de Eyeborg

En 2008, salió de la fábrica el ojo de Rob Spence: un mecanismo diminuto y sofisticado equipado con un microtransmisor de radio frecuencia. De uso analógico, la cámara no está conectada directamente a su nervio óptico, por lo que Spence no puede ver a través de ella en absoluto; pero sí puede grabar con precisión. Además, tiene la capacidad de prescindir de su estrafalario ojo a voluntad, quitándoselo cuando lo desee. Cuando decide que es el momento de ponerlo en REC, la prótesis comienza a captar imágenes en tiempo real que van a parar directamente a un monitor inalámbrico.

Su ópera prima fue, precisamente, un documental de corta duración que incluía testimonios impactantes de cyborgs reales, que ponen de manifiesto la realidad de un mundo en el que las fronteras entre el ser humano y la máquina van, progresivamente, difuminándose. Rob Spence es la apoteosis del célebre y revolucionario largometraje de Dziga Vertov: The man with a movie camera.