Yune Nogueiras vuelve al cine con Gaua, la nueva película de Paul Urkijo, un relato cargado de misterio, oscuridad y simbolismo en el que da vida a Kattalin, una mujer que debe enfrentarse a sus miedos y a un entorno donde lo real y lo sobrenatural se entrelazan. La cinta confirma la habilidad del director gasteiztarra para mezclar el folclore euskaldun con una mirada profundamente humana, y marca para la actriz de Bergara un paso adelante en una carrera que no ha dejado de crecer desde su debut en Akelarre (2020).
En Gaua, Nogueiras, que ya se confirma como una de las actrices más prometedoras de su generación, se sumerge en un papel que exige tanto entrega física como emocional, explorando la fragilidad, la pérdida y la conexión con nuestra tierra y sus mitos.
¿Cómo ha sido sumergirse en ese imaginario de las brujas vascas y qué preparación ha hecho para interpretar su papel en una historia tan arraigada en la cultura euskalduna?
-Ha sido un viaje maravilloso e intenso. He trabajado desde tres factores. El primero, el contexto histórico: tener muy presente cómo vivían las mujeres en aquella época, leyendo mucho. El segundo, con muchísima comunicación con Paul. Él es quien ha escrito a Kattalin. Yo le doy vida, pero él lo tenía muy claro, porque es muy técnico y sabe perfectamente cómo quiere contar cada historia. Para mí era muy importante crear un mismo idioma, entender desde dónde trabaja cada uno y ponerlo en común para avanzar desde ahí. Y el tercero, con mucho trabajo personal. Yo trabajo mucho desde el conflicto y los motores del personaje, y ha sido muy intenso crear a Kattalin.
¿Le dio libertad Urkijo para interpretar a Kattalin?
-Sí, me la ha dado. Es un director que escucha mucho las propuestas, y eso se agradece. Está muy abierto, confió mucho en mí y me dio total libertad, siempre teniendo presente cómo quería él a Kattalin. A partir de esas reuniones y ensayos, fui recogiendo toda esa información y construyendo el personaje desde ahí.
Vivimos bajo sistemas que empujan a pensar y actuar de una sola forma”
¿Qué elementos del rodaje le ayudaron a entrar en ese mundo nocturno que propone la película?
-El vestuario, diseñado por Nerea Torrijos, fue imprescindible. El buruko también. Solo correr con un traje así ya era un reto: pesaba muchísimo. Un día llovió y sentía que llevaba seis kilos más encima. Y Paul me decía: “Tienes que correr más”, y yo solo pensaba: “No puedo correr más”. El maquillaje también fue clave: tenía tres horas de preparación cada día. Se agradece, porque no todos los personajes requieren una transformación tan grande. Cuando interpretas a alguien actual, muchas veces vas más cercana a ti misma. En este caso, me tuve que cortar el pelo, ponerme flequillo y raparme un poco las patillas. Todo eso me ayudó mucho a meterme en el personaje.
¿Fue duro rodar en pleno invierno y de noche?
“Mantener viva la costumbre de contar leyendas me parece imprescindible”
-Sí. Además, soy muy friolera. Es verdad que eso me ayudaba mucho para el personaje, pero fue duro, porque el cuerpo no entiende que lo que vivió forma parte del rodaje. Te despiertas al día siguiente y parece que te dice: “¿Por qué me has maltratado así?”. Fue muy intenso, sí.
Ha comentado en alguna entrevista que le costó hablar en el euskera que se utiliza en la película…
-Me costó sobre todo la pronunciación, porque el personaje es del valle de Xareta. En la película se diferencia mucho el sonido de la “S” y la “Z”, y en mi euskera de Bergara no hacemos esa distinción. Fue complicado, porque quería llevarlo muy trabajado al rodaje para que no se convirtiera en un obstáculo. Quería tenerlo totalmente integrado para poder concentrarme en todo lo demás.
Personal
Lugar de nacimiento: Bergara
Edad: 23 años
Carrera profesional: estudió música, danza y canto desde muy pequeña. Tras finalizar el bachillerato, ingresó en la Escuela Superior de Arte Dramático y Danza de Euskadi para formarse como actriz. Después de participar en varios musicales, debutó en el cine con Akelarre (Pablo Agüero, 2020), película galardonada con cinco premios Goya. En 2024 dio vida a Nagore en La infiltrada (Arantxa Echevarría) y este año ha protagonizado la película Gaua (Paul Urkijo), en la que encarna el personaje de Kattalin. En televisión ha participado en la serie Intimidad (Netflix) y en El detective Touré (ETB 1 y La 1). También ha formado parte del elenco de la primera adaptación teatral de Los santos inocentes, bajo la dirección de Javier Hernández-Simón. En 2022 fue reconocida, por la Unión de Actores Vascos, con el premio Besarkada a Actriz Revelación.
Gaua reflexiona sobre la mentira institucionalizada, el miedo a lo desconocido y el poder religioso ejercido sobre las pequeñas comunidades. ¿Cómo cree que la película consigue reflejar esas dinámicas y qué impacto tiene eso en el público actual?
-Al final, las películas son una excusa para reflexionar sobre lo que ocurre hoy en día, y Gaua tiene mucho de eso. Aunque esté ambientada en el siglo XVII, seguimos teniendo muchos inquisidores a nuestro alrededor, por desgracia. Creo que el público va a hacer esa reflexión, y si sale del cine con ella, podremos sentirnos muy satisfechos de haber hecho esta película.
¿Cuál es el mensaje que transmite la película?
-Creo que la película busca precisamente eso: cambiar mentalidades. Aunque trate sobre la Inquisición, se puede trasladar perfectamente al presente. Hoy seguimos viviendo bajo sistemas que empujan a pensar y actuar de una sola forma, que buscan uniformarnos. Y lo vemos también en cosas tan terribles como lo que ocurre en Gaza: se mata a un niño porque se le considera terrorista. Es una locura. En las redes sociales pasa algo parecido. Nos moldean para vestir igual, para desear lo mismo, para que los cuerpos, sobre todo los de las mujeres, respondan a un único modelo. Y digo “único” no en el sentido de especial, sino de uniforme. Esa delgadez impuesta, esa presión constante… Me da miedo pensar hasta dónde puede llegar todo esto.
«Las películas son una excusa para reflexionar sobre lo que ocurre hoy”
¿Interpretar a Kattalin le ha hecho reflexionar sobre sus propias raíces?
-Sí, creo que de alguna forma me ha devuelto a ellas. Mientras pensaba en la película, me decía: “Qué bonito es cuando nos reunimos, nos escuchamos y compartimos las leyendas”. Para mí es vital que eso no se pierda. Reflexionaba mucho sobre cómo hoy ya no tenemos la costumbre de, si nos falta algo, llamar al vecino y pedirle un poco de sal. Ahora, nos metemos en el ascensor y casi preferimos ir solos. Qué pena que se haya perdido todo eso. Por eso, mantener viva la costumbre de contar estas leyendas, de seguir conectándonos a través de ellas, me parece imprescindible.
¿Cree que a estas alturas Paul Urkijo ya ha desarrollado un sello personal reconocible, lo que podríamos llamar un ‘estilo Urkijo’?
-Sin ninguna duda. Soy súper fan de Paul Urkijo. Cuando me llamó para hacer la película y me contó que, mientras escribía, estaba pensando en mí, fue algo muy especial. Los actores estamos acostumbrados a pasar castings, así que, que un director te tenga en mente para su siguiente proyecto, y además como protagonista, es un auténtico regalo. Creo que Paul va a ser un gran referente; de hecho, ya lo es.