El nombre de Rafael Cobos está asociado, desde hace mucho tiempo, al de Alberto Rodríguez en calidad de guionista. Han trabajado codo con codo para levantar producciones como Grupo 7, La isla mínima, El hombre de las mil caras, Modelo 77 o Los Tigres, todas ellas bien interesantes, además de grandes crónicas inspiradas en la realidad. En Golpes no abandona esa búsqueda de historias arraigadas a la tierra ni renuncia a su pasión por la escritura aunque sí la comparte con Fernando Navarro (Tierra de nadie) y asume además, por primera vez, el rol de director de un largometraje, tras testar su talento en la serie El hijo zurdo.
Estamos ante un thriller que linda con el llamado «cine quinqui», un subgénero de moda en los turbulentos años 70 y 80 en los que la delincuencia juvenil se veía retratada, si bien pronto cobra fuerza el drama familiar, que es el eje principal alrededor del que se articula la acción.
Hermanos a su pesar
Nos desplazamos a la Sevilla de 1982 que sirve de telón de fondo para mostrar cómo un hombre sale de prisión. Migueli quiere conseguir mucho dinero en poco tiempo para saldar cuentas con su pasado y eso solo sabe hacerlo de una manera: robando.
De esta forma, lo primero que hace es reconstituir su banda para dar golpes en bancos, joyerías e incluso un casino. Sin embargo, sus planes chocan de frente con los de Sabino, su hermano. Él trabaja como policía soñando con retirarse al fin para establecerse con su esposa en Portugal pero su jefe supedita su jubilación a atrapar a los ladrones que están poniendo la ciudad patas arriba.
Su relación, de por sí conflictiva por haber crecido separados, está en una encrucijada que se debate entre la traición y la lealtad poniendo a prueba el afecto que les une y sus distintas visiones de su infancia tras el asesinato de su padre por parte de la Guardia Civil y su inhumación clandestina en un terreno que Migueli quiere adquirir para darle descanso y cerrar así una de las heridas con las que carga.
En Golpes hay una baza ganadora que salta a la vista desde el primer instante: el reparto, con Jesús Carroza y Luis Tosar al frente aunque bien rodeados de otros intérpretes menos conocidos como Teresa Garzón, Cristina Alcázar, Carlos Bernardino, Cristalino, Mafo o Antonio Estrada.
La película trata de trascender más allá del conflicto fraternal para hablar de temas más resonantes a nivel colectivo: de la España de la Transición que ya entonces quería reivindicar la memoria y ordenar su pasado, pasando por una etapa contradictoria a veces, controvertida casi siempre en la que lo importante no es el «qué» sino el «por qué».
Lógicamente, con estos mimbres, la ambientación es esencial para desplazarnos en el tiempo y conseguir que nos metamos en la película. En este sentido hay un esfuerzo enorme por parte del equipo de producción a la hora de recrear espacios, vestimentas, peinados y atrezzo de todo tipo que hacen la experiencia de visionado bastante inmersiva.
El único reproche que se le puede hacer a Golpes es que en los momentos de acción pierde algo de verosimilitud solo por el hecho de que resulta demasiado espectacular y también está algo contaminada de los clichés del género impuestos por la industria adiovisual estadounidense. Los atracos solían ser bastante más cutres y toscos.
Por lo demás sabe sacarle el jugo a los personajes para contar una historia trágica que se te queda pegada en la piel, así que bienvenido sea Cobos a la dirección y que no abandone ya ni la pluma ni la cámara porque queda bien claro que tiene mucho que ofrecer.
Valoración
Nota 70
Barnizada en tristeza, Golpes es un thriller dramático que funciona gracias al magnetismo de sus personajes principales y secundarios. Está escrita con elegancia.
Lo mejor
El diseño de los personajes, las interpretaciones y la ambientación.
Lo peor
Pierde algo de verosimilitud en las escenas de acción, que se antojan un pelín fantasiosas para le época.