Los últimos datos confirman una tendencia que se podía intuir durante los últimos meses: China, uno de los mayores importadores del mundo, está comprando menos gas natural licuado (GNL). Los envíos marítimos en grandes buques metaneros siguen cayendo mes tras mes y los expertos del mercado energético buscan juntar las piezas del rompecabezas en medio del gran cambio de registro que sigue acometiendo Pekín para convertirse en el ‘electroestado’ por excelencia a lomos de una descomunal -qué otra palabra cabe usar cuando se habla de China- apuesta por las energías renovables.

A falta de que se cierren los datos, los envíos marítimos de gas natural licuado a China en noviembre cayeron por decimotercer mes consecutivo en términos anuales, prolongando la caída de las compras. Se espera que las entregas alcancen alrededor de 5,81 millones de toneladas, según Kpler, una empresa de análisis que realiza un seguimiento de los datos de transporte marítimo para elaborar previsiones. Esto supone un descenso de aproximadamente el 5,5% con respecto al mismo mes del año pasado, según los datos de las aduanas chinas. Según otros datos de la autoridad aduanera china, las importaciones acumuladas de GNL desde principios de año son aproximadamente un 16% inferiores en comparación con el mismo periodo del año pasado.

China fue el principal importador mundial de este combustible el año pasado, y la escasa demanda está suscitando preocupación por un exceso de oferta a nivel mundial a finales de la década, a medida que se ponen en marcha nuevos proyectos en varios países. Incluso si los precios más bajos atraen a los importadores chinos, es poco probable que el país absorba todo el nuevo GNL y el exceso de oferta persistirá en los próximos años, según los analistas de Goldman Sachs.

Los analistas aducen varios factores. Algunos destacan que este descenso se debe en parte a factores económicos y en parte a la importante expansión de las fuentes de energía renovables. También señalan que China ha importado más gas a través de gasoductos desde Rusia y que el país ha mantenido la fortaleza de la producción nacional. Del mismo modo, apuntan otros, es probable que China no tenga una necesidad urgente de recurrir al mercado al contado, incluso con la llegada del invierno. Las primeras previsiones apuntan a temperaturas normales o suaves en todo el país, que ya ha asegurado el combustible para calefacción que necesitará durante los próximos meses mediante contratos a largo plazo. Todos estos factores han contribuido a que los compradores hayan evitado los costosos cargamentos marítimos de combustible superenfriado.

Aunque de momento es una tendencia que puede cambiar y que puede tener un componente cíclico, lo cierto es que China no deja de dar pasos a su gran objetivo energético. «Si bien la abundancia de combustibles fósiles en EEUU reduce los incentivos para explorar fuentes de energía alternativas, China se enfrenta a la imperiosa necesidad de electrificar su economía y reducir su dependencia comercial. Actualmente, China es el mayor importador mundial de petróleo y gas, lo que representaría una importante vulnerabilidad si las tensiones comerciales derivaran en un conflicto militar. La electricidad ofrece una salida estratégica», explica Edoardo Campanella, analista de UniCredit Research, en un informe en el que contrapone el ascenso de China como ‘electroestado’ frente al de EEUU como ‘petroestado’, especialmente con la vuelta de Donald Trump.

Como subraya Campanella, China se está convirtiendo cada vez más en un estado eléctrico, desarrollando capacidad industrial para tecnologías de energía limpia a través del liderazgo en energías renovables, almacenamiento en baterías, vehículos eléctricos y modernización de la red eléctrica. Una de las políticas emblemáticas del presidente Xi Jinping ha sido apoyar las «tres nuevas» industrias: vehículos eléctricos, baterías y células solares. Hoy en día, China representa más del 60% de la capacidad mundial de fabricación de tecnologías solares, eólicas y de baterías.

En solo dos décadas, ha construido la red ferroviaria de alta velocidad más grande del mundo. Mientras que la cuota de la electricidad en el consumo total de energía se ha estabilizado en torno al 20% en las principales economías occidentales, China ha impulsado la electrificación hasta alcanzar aproximadamente el 30%, lo que constituye una clara prueba de la transformación sistémica, sustituyendo los procesos y tecnologías que dependen de los combustibles fósiles por alternativas eléctricas. Los vehículos eléctricos representan ahora aproximadamente el 50% de las ventas de automóviles nuevos en China, frente al 20% en Europa y menos del 10% en EEUU.

Hoy en día, más del 50% de la electricidad de China proviene del carbón, el resto proviene principalmente de energías renovables y una pequeña parte de la energía nuclear. «Dado que la mayor parte del carbón de China se produce localmente, acelerar la electrificación, especialmente en el transporte, reducirá significativamente su dependencia de los combustibles fósiles importados. China representa el 80% de todas las centrales eléctricas de carbón en construcción a nivel mundial, con nuevas instalaciones concentradas cerca de centros de población y centros industriales», explican desde Unicredit.

Desde esta perspectiva, continúa Campanella, dado el alto impacto ambiental del carbón, «el principal impulsor de la transición verde de China parece geopolítico, más que un compromiso genuino con la lucha contra el cambio climático». Por sí sola, la electrificación de una economía no basta para reducir el riesgo del calentamiento global si la generación de electricidad no proviene de fuentes de energía limpia. Si bien China está expandiendo rápidamente su capacidad de energías renovables y está construyendo 34 nuevos reactores nucleares, sigue siendo el mayor emisor de carbono del mundo, y no se prevé que las emisiones de CO2 se estabilicen hasta al menos 2030″, agrega el experto.

El peliagudo asunto del carbón (dos tercios de la demanda mundial del mismo corresponden ahora mismo a la generación de electricidad) lo abordan también los analistas de materias primas de Commerzbank, poniendo finalmente el foco en China: «Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), incluso en un escenario conservador basado en las medidas políticas ya decididas, el aumento del uso de energías renovables y energía nuclear provocará un descenso significativo de la demanda mundial de carbón antes de que termine la década, a diferencia de otros combustibles fósiles como el petróleo y el gas. La AIE ha rebajado sus expectativas sobre la velocidad de expansión de las energías renovables, principalmente debido a las correcciones en EEUU, pero también en cierta medida debido a China. No obstante, es probable que la cuota de las energías renovables en la generación de electricidad aumente en más de 10 puntos porcentuales y alcance el 43% en 2030. Esta tendencia es especialmente pronunciada en el mayor importador de carbón del mundo. Aunque las centrales térmicas de carbón de China se están modernizando cada vez más para responder con flexibilidad a las fuertes fluctuaciones de las energías renovables, esto sigue significando que se utilizarán con menos frecuencia».

El mayor ‘electroestado’ del mundo… con diferencia

China, como el primer estado eléctrico del mundo, se va a convertir en un proveedor crucial y un modelo a seguir para el mundo en tecnologías limpias, según explican los expertos de Allianz en un informe dedicado específicamente a la irrupción de este país como el mayor ‘electroestado’ del mundo. «China se ha consolidado como líder mundial en la industria de las tecnologías limpias, canalizando la mayor parte de sus inversiones récord hacia las energías renovables. Las proyecciones indican que China podría duplicar su generación de energía a partir de renovables en los próximos cinco años, desplazando a los combustibles fósiles en el suministro eléctrico».

Las inversiones masivas también han posicionado a China como líder mundial en productos industriales relacionados con las energías limpias. A pesar de las preocupaciones sobre el exceso de capacidad, los avances de China en energías limpias han contribuido a reducir los precios de tecnologías climáticas clave (por ejemplo, un -80% en módulos solares fotovoltaicos en la última década), lo que ha permitido a las economías en desarrollo (como las del sur y sudeste asiático y África Oriental) dar el salto directo a las energías renovables.

Aunque persisten algunos retos, el liderazgo de China en tecnologías limpias demuestra que la transición energética puede ser ambiciosa y alcanzable cuando se respalda con políticas coordinadas, innovación y colaboración internacional. «Pero mientras China prepara su próximo plan quinquenal (2026-2030), su modelo económico se enfrenta a múltiples amenazas, desde la fragmentación del orden global hasta la amenaza (o realidad) interna de la japonización. Tras el 4.º Pleno en Pekín, del 20 al 23 de octubre, se ha publicado una propuesta para el 15.º plan quinquenal (2026-2030), que destaca principalmente la continuidad de las políticas, priorizando la autosuficiencia científica y tecnológica y con cierto enfoque en la construcción de un mercado interno sólido. Sin embargo, lo que funcionó en el pasado podría no ser suficiente para abordar las dificultades que se ciernen sobre las perspectivas económicas de China en los próximos años», apuntan desde Allianz.

Por ahora, lo que parece seguro es que China se ha convertido en la mayor potencia eléctrica del mundo y va camino de ser la mayor potencia energética también. Wood Mackenzie advierte que, bajo su escenario base, «el liderazgo de EEUU empezará a erosionarse en la década de 2030, cuando la producción (especialmente de petróleo) entre en declive», según revelaba hace unos meses un completo informe de Wood Mackenzie. Y si los precios caen hacia los 50 dólares, ese declive llegará antes de lo esperado y será más brusco. Las implicaciones serían profundas: menor acceso a capital, desinversión internacional y clientes energéticos que podrían dar un paso atrás en sus compromisos con EEUU, buscando alternativas más fiables o sostenibles.

Además, Wood Mackenzie pronostica que, entre 2035 y 2040, la producción estadounidense de petróleo y gas disminuirá en aproximadamente 1,7 millones de barriles equivalentes de petróleo por día (bep/d). Durante el mismo período, «esperamos que su producción de energía baja en carbono aumente aproximadamente en la misma cantidad en términos de energía equivalente. Sin embargo, a escala global, el crecimiento estadounidense en tecnologías bajas en carbono está siendo significativamente superado por el de China«, advierten estos expertos.

«Con su rápido progreso en vehículos eléctricos (VE), almacenamiento en baterías, energías renovables y energía nuclear, China ha demostrado que es posible construir un ecosistema energético alternativo, aunque aún dependa en gran medida del carbón. La preocupación por el cambio climático puede haber quedado relegada a un segundo plano en la agenda política de muchos países, pero a medida que vuelve a cobrar protagonismo, el potencial de descarbonización en este ecosistema alternativo podría otorgar a China una ventaja competitiva», explican estos expertos. En términos de energía nuclear, Pekín ha levantado en 10 años la misma capacidad nuclear que a EEUU le llevó 40.

«Mientras que EEUU es un ‘petroestado’, China es un ‘electroestado'», aseguran estos expertos. En términos de participación de mercado, su dominio de las cadenas de suministro para tecnologías como baterías de iones de litio, vehículos eléctricos y células solares es mucho mayor que el de Estados Unidos en el sector del petróleo y el gas. La planificación estratégica y el apoyo gubernamental han ayudado a China a acelerar la electrificación del transporte por carretera y el desarrollo de energías renovables y nuclear, con miras a reducir la dependencia de la energía importada y frenar la contaminación atmosférica local.

En 2025, se espera que China represente el 20% de las exportaciones mundiales de vehículos eléctricos y el 30% del mercado global de baterías para almacenamiento y automoción. «China no solo electrifica su sistema energético, sino que está creando una industria exportadora que ya moldea los mercados internacionales«, señala el informe. Esta ventaja estructural en tecnologías limpias puede terminar desplazando a los combustibles fósiles de EEUU como pilar energético mundial.

Con todo, China parece estar abandonando rápidamente el petróleo y el gas natural licuado en favor de la energía producida por fuentes como las renovables o la nuclear. China parece anticiparse una vez más al futuro. Justo cuando más se necesita la electricidad en el mundo, ahí está China produciendo cantidades ingentes y con proyectos que van a multiplicar su producción en los próximos años.

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