La casa moderna (con la terraza más bonita de Florencia) de una pareja florentina que elige la tranquilidad

«Cuando llegamos por primera vez a esta casa», dicen los diseñadores del estudio Eutropia Architettura, “nos dimos cuenta enseguida de que era uno de esos lugares que no se rinden al paso del tiempo. De hecho, su historia era fuerte, casi obstinada, pero estaba asfixiada por años de transformaciones: tabiques improvisados, espacios estrechos, viejos rieles de luz de los años 70 que colgaban de los techos e impedían su respiración natural. Nuestra primera tarea, por tanto, fue la de liberarla, hacer circular de nuevo la luz, devolver el ritmo a las estancias”. Hoy, esta casa señorial de 1923, se ha convertido en el refugio de una pareja florentina con hijos adultos que han decidio abandonar el centro de la ciudad y redescubrir un tiempo más lento, casi suspendido. «Buscaban un lugar donde reconectar», prosiguen los arquitectos, «y para nosotros era fundamental que la casa contara las dos historias: la de quienes la habían habitado hace un siglo y la de quienes la habitarían a partir de ahora». Un delicado diálogo, que guio cada decisión del proyecto. «Los nuevos propietarios nos dijeron: queremos que la casa respire como entonces, pero que también hable de nosotros. A partir de este equilibrio, todo fue tomando forma».

Detalle de librería con arte y butaca mostaza

Librería a medida realizada por la carpintería Margheri, sillón vintage heredado por los propietarios y tapizado con tela ocre de Dedar, en Mawi Firenze, y una obra de Andrea Monastero.

© Francesca DattiloSalón con techo gris y muebles blancos

Las mesitas plisadas de Midj, diseñadas por Paola Navone, dialogan con el sofá Superonda de Poltronova, situado frente a un sofá de piel de Alivar: dos piezas diferentes en su lenguaje, pero perfectamente complementarias.

© Francesca DattiloSalón azul con gran librería y sof blanco

Diseñado en 1967 por el grupo radical florentino Archizoom, el Superonda de Poltronova es un icono del diseño antidisciplinario: el primer sofá sin estructura, compuesto por dos elementos ondulados obtenidos a partir de un único bloque de poliuretano cortado en una línea sinuosa.

© Francesca DattiloArte pop y colores atrevidos

La intervención se basó en un principio preciso: mantener el aura de principios del siglo XX pero reinterpretándola con un lenguaje contemporáneo, ligero, a veces hasta pop. El salón, con un techo altísimo, generaba desorientación. «Por eso decidimos no ocultar esa verticalidad, sino enfatizarla», explican en el estudio. Así nació el «sombrero» arquitectónico: un gris paloma que enmarca el techo y se convierte en seña de identidad. El mismo tono vuelve a aparecer en el pasillo, esta vez en la parte inferior, donde armarios y puertas enrasadas quedan perfectamente camuflados. Durante la intervención, también descubrieron una antigua decoración en el arquitrabe, geométrica y de colores suaves. «Un precioso hallazgo», dicen los arquitectos, «que decidimos conservar porque representaba uno de los pocos vestigios que quedaban del pasado original». El lenguaje del proyecto, sin embargo, mira hacia el futuro: el azul domina las estancias, decidido, pero sin cargar el espacio, mientras que la paleta de grises actúa como hilo conductor entre habitaciones y pasillos. El espíritu pop se materializa en piezas como la mesa de Paola Navone con base azul y tapa de mármol, el icónico Superonda de Poltronova, las sillas de Carl Hansen CH24, la lámpara Marseille de Nemo, la Malamata de Luceplan, los detalles rojos y los gatos-escultura de Vitra. «Queríamos que se percibiera la historia, pero que el presente tuviera una voz igual de fuerte», explican.