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Hay matrimonios perfectos y divorcios estrepitosos. En el vasto universo donde la literatura y el cine se entrecruzan, pocas aventuras resultan tan fascinantes como ver cobrar vida en la pantalla a los personajes de una gran novela. Es un ejercicio de traducción creativa que puede elevar una historia a nuevas alturas o sepultarla bajo el peso de expectativas incumplidas. Obras maestras como La Colmena o Los santos inocentes encontraron una segunda vida en el séptimo arte, al igual que novelas de autores como los leoneses Jesús Fernández Santos y Julio Llamazares, que capturan la esencia rural y conflictiva de nuestra historia reciente.
Entre las adaptaciones que han trascendido el papel para convertirse en iconos culturales pocas superan a El Padrino (1972), dirigida por Francis Ford Coppola a partir de la novela de Mario Puzo. Lo que en el libro era un relato crudo sobre el crimen organizado se transformó en una epopeya visual de familia, poder y traición, con actuaciones inolvidables de Marlon Brando y Al Pacino. También El señor de los anillos, de Peter Jackson, basada en la trilogía de J.R.R. Tolkien, demostró que la fantasía épica podía ser fiel al espíritu original mientras incorporaba efectos especiales revolucionarios, ganando múltiples Oscar y el aplauso de lectores devotos.
En el terreno del terror y el suspense, El silencio de los corderos (1991), de Jonathan Demme, adapta la novela de Thomas Harris con una precisión quirúrgica. Anthony Hopkins como Hannibal Lecter no solo captura la inteligencia perversa del personaje, sino que la amplifica, haciendo de la película un clásico que supera incluso al libro en impacto emocional. Otro hito es El exorcista (1973), de William Friedkin, que toma la novela de William Peter Blatty y la convierte en una experiencia visceral, aterradora y filosófica sobre el mal.
En España, estas cimas también abundan. Los santos inocentes (1984), dirigida por Mario Camus a partir de la novela de Miguel Delibes, es un ejemplo paradigmático. La historia de una familia campesina extremeña oprimida por el caciquismo feudal se traduce en una cinta desgarradora, con interpretaciones magistrales de Paco Rabal como Azarías y Alfredo Landa como Paco el Bajo. Camus logra preservar la crítica social del libro, añadiendo un realismo poético que le valió premios en Cannes y un lugar eterno en el cine español.
El Gatopardo, la única novela del príncipe Giuseppe Tomasi di Lampedusa, fue llevada al cine por Luchino Visconti, protagonizada por Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale. Ambas obras —libro y película— son obras maestras. Narran la historia del príncipe Fabrizio Salina y su familia aristocrática en Sicilia durante la unificación de Italia en la década de 1860, enfrentándose a los cambios sociales y la decadencia de su clase. Otros éxitos fueron El hombre que pudo reinar, libro de Rudyard Kipling llevado al cine por John Huston; o Doctor Zhivago, novela de Boris Pasternak adaptada por David Lean. También Barry Lyndon, llevada a la gran pantalla por William Makepeace Thackeray. El maestro Hitchcock cambió el género de terror con Psicosis, basada en el relato de Robert Bloch. La lista es interminable, con títulos como Mystic River, de Clint Eastwood; o películas basadas en obras de Sthepen King que estuvieron a la altura del escritor, como Cadena perpetua, El resplandor, Misery, Carrie y La milla verde.
El gran Gatsby es un caso singular. Fue adaptada con éxito en 1974 por Jack Clayton y protagonizada por Robert Redford, pero tuvo una pésima versión en 2013 de la mano del realizador Baz Luhrmann con Leonardo DiCaprio en el papetl de Jay Gatsby. Hay un centenar de versiones cinematográficas de Robin Hood, aunque probablemente ninguna superó a la cinta de 1938 con Errol Flynn en el papel del héroe justiciero.
Cuando el cine traiciona al libro
Pero no todo es gloria. Muchas adaptaciones han decepcionado a lectores y críticos por simplificar tramas complejas, alterar personajes o priorizar el espectáculo sobre la sustancia. Cincuenta sombras de Grey (2015), basada en la novela de E.L. James, es un caso notorio: lo que en el libro era un romance erótico controvertido se convirtió en una cinta insípida, con diálogos torpes y una química nula entre los protagonistas, criticada por diluir el contenido explícito sin añadir profundidad. La Torre Oscura (2017), de Nikolaj Arcel, intenta condensar la vasta saga de Stephen King en una película de acción genérica, perdiendo la mitología y el tono épico y cuyo resultado es un batiburrillo incoherente.
Otro fiasco fue El hobbit, de Peter Jackson, que estira innecesariamente la novela de Tolkien en una trilogía inflada con subtramas inventadas, priorizando efectos visuales sobre la simplicidad encantadora del original. Eragon, adaptación de la fantasía juvenil de Christopher Paolini, sufre de un guion apresurado y efectos especiales mediocres, convirtiendo una historia prometedora en un cliché olvidable. Y Artemis Fowl, de Kenneth Branagh, altera drásticamente la novela de Eoin Colfer, eliminando el ingenio del protagonista.
Adaptaciones españolas
El cine patrio ha sido particularmente fecundo en adaptaciones de novelas que retratan la España rural, la posguerra y los conflictos sociales. La Colmena, de Mario Camus, adapta la obra homónima de Camilo José Cela con maestría. Ambientada en el Madrid de 1942, la película entrelaza vidas cotidianas en un mosaico de hambre y supervivencia, con un reparto coral encabezado por José Sacristán y Victoria Abril. Camus capta el realismo crudo de Cela, ganando el Oso de Oro en Berlín y convirtiéndose en un referente del cine de la Transición. Jesús Fernández Santos, novelista y cineasta, leonés de corazón, vio varias de sus obras trasladadas a la pantalla. Extramuros, adaptada en 1985 por Miguel Picazo, explora el amor prohibido entre monjas en un convento del siglo XVI, con un reparto estelar como Carmen Maura y Mercedes Sampietro. La película mantiene el tono introspectivo y crítico de la novela, abordando temas de represión y deseo con sutileza. Otra es Los jinetes del alba, que narra las tensiones de la Guerra Civil en un balneario asturiano, fusionando historia personal y colectiva en un formato televisivo que amplía el alcance de la obra original. La novela del leonés Julio Llamazares Luna de lobos fue llevada al cine en 1987 por Julio Sánchez Valdés. Sigue a un grupo de maquis en las montañas leonesas tras la Guerra Civil. Con Santiago Ramos y Antonio Resines, la película captura la soledad y la resistencia del libro.
Las adaptaciones nos recuerdan que el cine no es un mero calco del libro, sino una reinterpretación. Algunas brillan por su fidelidad; otras, por su audacia. Pero todas invitan a volver al origen: las páginas que las inspiraron.