Sa Llonja, el majestuoso e icónico edificio de Sagrera, testigo de infinidad de relatos que articulan la historia de Ciutat, se convirtió anoche en el escenario de un acontecimiento cultural «sin procedentes» en Palma, como bien indicó la presidenta Marga Prohens: la inauguración de La força inicial, una exhibición de esculturas de Joan Miró que lo tiene todo: arte, historia, emoción y mucho, mucho bronce. Esculturas enormes, como Oiseau lunaire o Maternité, custodian todos y cada uno de los rincones de esta sala gótica civil como si siempre hubieran estado ahí. Entre luces suaves, copas de vino y muchas miradas curiosas, la sensación general era clara: este es un proyecto expositivo en mayúsculas. A lo grande. Porque esta muestra no es una exposición más, sino uno de los platos fuertes de Paysage Miró, ese proyecto que está repartiendo las creaciones del genio catalán por toda la ciudad, todo un ‘confeti’ de alto nivel artístico.

Y hablando de nivel… se notó el esfuerzo. Por parte de todo el mundo: instituciones, museos y centros implicados, comisarios, personal de montaje… Una de esas raras veces en las que se alinean los planetas (y también los presupuestos) para que todo salga redondo. Sa Llonja lucía radiante. Y aunque fue un acto institucional, tuvo un aire bastante festivo. Gente saludándose, cámaras captando momentos, y esa sensación de que estamos viviendo algo importante… como la ya mítica inauguración del año 1978 en el mismo lugar, con la presencia de unos flamantes Reyes de España, antaño Juan Carlos I y doña Sofía, arropados por el propio Miró, su esposa Pilar Juncosa y por Pere A. Serra, la persona detrás de aquel hito que todavía hoy se recuerda.

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Joan Punyet Miró, Maria Cruz Rivera, Marga Prohens, Carmen Planas y Miquel Serra. Fotos: M.À.C.

¿Y qué decir de la atmósfera? Pues que estaba todo el mundo encantado, con esa mezcla de orgull mallorquí y admiración por el genio de Miró. Y eso que solo es una parte del todo: quedan tres sedes más por explorar [se desvelan hoy en Es Baluard y el Casal Solleric]. Pero esta, la de las esculturas, tiene algo especial. Quizá porque es más física, más directa, más imponente. O porque ver a esos imponentes bronces dialogando con las paredes centenarias de sa Llonja es un espectáculo en sí mismo. Los asistentes pisaron el suelo de sa Llonja con la mirada puesta en todas partes, rostros de la sociedad balear, de la cultura, del mundo empresarial, nadie quiso perderse ese momento. No faltaron artistas, coleccionistas, galeristas y comisarios como Joan Oliver ‘Maneu’, Magdalena Aguiló, Neus Cortés, Rafa Forteza, Teresa Matas, Frederic Pinya, Pep Llabrés, Amador Magraner, Robert Ferrer, Ñaco Fabré, Joan Guaita, y Mayte Spinola; la actriz Agnès Llobet; escritores como Carme Riera y Agustín Fernández Mallo; la presidenta de Quirónsalud Balears, Rosa María Regi y Fernando Rotger; Carmen Serra y Miquel Serra, presidenta y consejero editorial del Grup Serra, respectivamente; los empresarios como Carmen Planas, presidenta de la CAEB, y Rafael Roig; Maria Cruz Rivera, directora territorial de CaixaBank; el responsable de Adema, Diego González; la gerente de la Orquestra Simfònica, Cristina Martínez; Michel Magnier, cónsul francés en las Islas, y rostros de la política de antes y de ahora como Maria Salom, Paco Frau, Maria Antònia Munar o Dolça Mulet. Y así una lista de hasta cuatrocientos invitados.

Por cierto, en los mentideros se comenta que sus Majestades Felipe VI y doña Letizia, que andan por la Isla estos días, podrían dejarse caer por allí en algún momento. Y no sería para menos, la ocasión lo merece. La ciudad brilla con Paysage Miró, está en todas partes y, sinceramente, cuesta imaginar un plan mejor que este para una escapada cultural de verano. Así que ya lo saben: déjense embriagar por los monstruos de Miró, por el que fue su sueño, ahora por fin una realidad. Paseen entre esculturas, dejen que Miró les lleve de viaje y, sobre todo, ‘sigan su intuición’, como aconsejó el propio Miró a sus nietos.