Las revistas ya están en los kioscos. «¡Hola!» centra su portada a la familia Verdasco Boyer. Bajo la luz dorada de Catar, donde han construido un refugio familiar alejado del ruido mediático, Ana y Fernando abren las puertas de su hogar. Rodeados de Miguel, Mateo y Martín, los tres pequeños que llenan de vida su día a día, el matrimonio comparte una noticia: la familia vuelve a crecer. Un anuncio que confirma que este 2026 será un año especialmente dulce para ellos.

Y no son los únicos. Tras semanas de especulación, se confirma que Fernando Alonso y Melissa Jiménez también esperan su primer hijo en común. La periodista, ya madre de tres hijos nacidos de su relación previa con Marc Bartra, vive esta nueva etapa con una felicidad que, según nos cuentan desde su entorno, es «imposible de ocultar».

En este nuevo número reúne además conversaciones que son, más que entrevistas, instantáneas del momento que atraviesan algunas de las figuras más seguidas de nuestro panorama social y cultural. Así, Victoria de Marichalar, que cierra 2025 como un año de madurez y aprendizaje, repasa con honestidad su evolución personal.

Tamara Falcó se detiene en su camino espiritual, una senda que la acompaña como brújula interior. Alejandra Rubio, recién celebrada la primera vuelta al sol de su hijo, confiesa que estas navidades prometen ser distintas. Óscar Casas, en un momento profesional efervescente y enamorado de la cantante Ana Mena, despide un año que le ha cambiado todas las coordenadas.

Mientras tanto, en el ecosistema mediático, todas las miradas apuntan hacia Alice Campello y Álvaro Morata. Las conversaciones con su círculo más íntimo buscan esclarecer la realidad de la supuesta crisis que ha reavivado los rumores de separación.

En la portada de Semana, Alejandra Rubio emerge como protagonista involuntaria de una trama donde la celebración familiar convive con tensiones soterradas. Su hijo, fruto de su relación con Carlo Costanzia, ha cumplido un año: doce meses que han reconfigurado prioridades, lealtades y ritmos en el universo Campos-Flores. Un aniversario señalado, casi ceremonial, en el que cada invitación enviada -y cada ausencia- ha hablado por sí sola. La fiesta del pequeño, más allá del confeti, se convierte así en un mapa emocional donde la revista ha desgranado cada detalle.

En paralelo, dos nombres propios han irrumpido con fuerza en la crónica social: Gloria Camila Ortega y Manuel Cortés. Lo que comenzó como un rumor ha ido adquiriendo cuerpo tras la publicación de unas imágenes que hablan un lenguaje propio. Aunque Gloria Camila insiste en que entre ellos solo hay amistad, la sintonía que reflejan las fotografías de Semana deja espacio para la interpretación… y para la especulación.

En esta temporada en la que las historias personales se cruzan con un ritmo casi de serie televisiva, la pregunta queda flotando: ¿estamos ante el nacimiento de una nueva complicidad o simplemente ante una amistad que la opinión pública ha decidido magnificar?

Alba Carrillo cierra el año con una seguridad luminosa, casi eléctrica. «Esta es mi mejor versión», confiesa, y la frase no suena a eslogan, sino a una conquista íntima. Feliz en televisión, reconciliada consigo misma y más dueña que nunca de su propio relato, la modelo reivindica un momento vital en el que la fortaleza convive con el disfrute, y la vulnerabilidad no resta poder, sino que lo redefine.

Porque Alba no edulcora el pasado. Su historia incluye grietas profundas, como la traición de su exmarido y el ingreso posterior en una clínica de salud mental. Y, sin embargo, es desde ahí -desde lo vivido, lo sufrido, lo aprendido- donde ha construido este presente que luce con orgullo. Un presente en el que se siente «poderosa y disfrutona»: dos palabras que, en su boca, suenan casi a declaración de principios.

Mientras tanto, otra pareja inesperada acapara titulares: Blanca Romero y Quique Sánchez Flores. La modelo y el exfutbolista fueron vistos compartiendo una velada que empezó con una cena íntima y terminó con un espectáculo de flamenco, donde la complicidad entre ambos se hacía difícil de ignorar. Gestos, miradas, una cercanía que no necesita demasiada interpretación.

¿Un encuentro puntual? ¿El inicio de algo más? La crónica social, siempre hambrienta de nuevas constelaciones sentimentales, ya ha tomado nota. Y lo cierto es que ellos, sin decir nada, dejaron entrever mucho.

En Diez Minutos, Alejandra Rubio vuelve a ocupar la portada con la naturalidad de quien se ha convertido, casi sin proponérselo, en una de las figuras más observadas del panorama mediático. Entre nuevas etapas personales, celebraciones familiares y un escrutinio constante, su nombre sigue generando titulares y conversaciones que trascienden la prensa del corazón.

Pero si hay una historia que respira aire fresco es la de Alexia Rivas. Tras poner fin a su relación anterior, que duró un año y dejó una estela de discreción y aprendizaje, la periodista vuelve a sonreír. Y lo hace acompañada de Manuel, un alto directivo del sector hostelero que, según confirman las imágenes de Diez Minutos, ya se ha convertido en algo más que una compañía ocasional.

La relación avanza con paso firme: no solo comparten escapadas -la última, una romántica visita a Galicia el pasado fin de semana-, sino que él ya ha conocido a los padres de Alexia. Un gesto que habla de compromiso, de confianza y, quizá, del inicio de una historia con vocación de permanencia.

Mientras las fotografías captan miradas cómplices y gestos que no requieren traducción, la periodista parece haber encontrado un equilibrio nuevo: ese punto de calma que llega cuando la vida, por fin, empieza a encajar.